Guillermo Vidalón
La crisis de Oriente y las elecciones de abril
Ante el desafío internacional, los peruanos deben ver dónde están las oportunidades
La confrontación de dos superpotencias, EE.UU. y China, registra un impacto global en los mercados bursátiles por las eventuales dificultades para las operaciones, transporte y comercialización del crudo por el estrecho de Ormuz, ruta por donde se traslada el 20 por ciento de la producción global.
La respuesta de los mercados se ha reflejado en el alza del petróleo y el oro, este último como metal refugio. El impacto también alcanza al Perú por ser un importador de crudo, en virtud de que su volumen de producción es insuficiente para abastecer la demanda nacional.
En el ámbito local, la demanda interna recibirá el impacto del desabastecimiento de gas natural por un incidente que está en investigación, además del incremento en la tarifa de los combustibles. En consecuencia, se registrará una contracción de la demanda a través del incremento de la inflación. Lamentablemente todo ello sucede en plena campaña electoral, cuando las propuestas populistas podrán desbordarse con tal de conseguir el mayor número de votos posibles, más allá de si contarán con recursos suficientes una vez que asuman la administración del poder ejecutivo.
Como toda crisis, estas en sí mismas deberían representar una oportunidad de aprendizaje ciudadano. Si el Perú quiere depender menos de hidrocarburos producidos en el exterior, la única opción es implementar una política agresiva de atracción de inversiones destinadas a la exploración en este sector. Tengamos presente que los países compiten entre sí para atraer inversiones y lo hacen como una estrategia que les permita hacerse cada vez más competitivos.
En el caso de la minería, el Perú es un país polimetálico, con proyectos que en conjunto representan aproximadamente US$ 64,000 millones, la mayor parte de ese monto está destinado al desarrollo de proyectos de cobre que llevan décadas intentando ponerse en producción. Si el país hubiese puesto en valor la riqueza natural que dispone solo en cobre –el principal producto de exportación– hoy dispondríamos de una balanza comercial todavía más superavitaria, la moneda nacional se habría fortalecido y los ingresos fiscales serían inclusive mayores, y podrían destinarse a la construcción de la infraestructura socioproductiva tan necesaria.
En adición, el Perú cuenta con recursos auríferos relevantes que, en circunstancias como la que está enfrentando el mundo, le significaría una compensación en sus ingresos. Si el mundo entra en pánico, recurre al oro, que eleva su cotización, y los países productores son los que se benefician.
Ahora que el país está en un ciclo electoral, la ciudadanía debe analizar el desafío internacional y ver con claridad dónde están las oportunidades, si en quienes repiten una y otra vez que rechazan la inversión o en quienes promueven la inversión para generar empleo y reducir la pobreza. Más allá de los matices, esta será la gran definición de abril próximo.
















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