Una de las mayores victorias ideológicas del progresismo, a niv...
A una semana de las elecciones las tendencias electorales registradas en las encuestas señalan la posibilidad de que se desarrolle una segunda vuelta entre dos centroderechas. Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga y Carlos Álvarez aparecen nítidamente en las fotos publicadas antes de la veda que prohíbe publicar sondeos.
La emergencia de Carlos Álvarez genera algunas dudas porque no se conoce a todos los integrantes de su movimiento; sin embargo, si uno recuerda que la campaña de Álvarez se focalizó en retirar al Perú de la competencia de Corte IDH, en sus latigazos al progresismo caviar en Derechos Humanos y sus expresiones públicas a favor de reeditar los programas de Bukele en contra de la criminalidad, entonces estaríamos ante una versión de bukelismo derechista.
Cualquiera sea el escenario la tendencia registrada en las encuestas parecen confirmar una tesis que se desarrolló solamente en este portal, desde el inicio de la campaña electoral, acerca de que el margen de maniobra de las izquierdas se había reducido significativamente luego del fracaso del gobierno de Pedro Castillo, el intento de perpetrar un golpe de Estado y la posterior violencia insurreccional que causó la muerte lamentable de 60 peruanos.
Más allá de que la involución económica y social empezara con el gobierno de Ollanta Humala, en dos tercios de la sociedad existe la impresión de que el declive empezó con Castillo, un declive del que no podemos salir hasta hoy. Cualquier narrativa –ya sea que las derechas gobernaron desde el Congreso (el famoso “pacto” que los leninistas repiten como un estribillo) y el fracaso y la desaprobación de la transición con Dina Boluarte– si bien convocaron el rechazo de la mayoría ciudadana, no ha logrado desplazar el trauma que Castillo provocó en la sociedad.
En ese sentido, incluso, lo más probable es que el antivoto y el outsider provengan desde las canteras de la centro derecha, tal como se ha venido registrando en las encuestas. Es evidente que no se puede descartar un escenario diferente, sin embargo, las mayores probabilidades están por el lado de la centro derecha.
¿Por qué una segunda vuelta entre dos centro derechas representaría una extraordinaria noticia para el Perú? En el Perú, en las elecciones del 2006, del 2011 y el 2021, a la segunda vuelta llegaron dos propuestas encontradas, irreconciliables que, de una u otra manera, presagiaban los funerales de cualquier democracia. Una alternativa que ratificaba el Estado de derecho, la defensa de la Constitución y la legalidad y otra que cuestionaba la Carta Política y proponía una asamblea constituyente.
En otras palabras, un sector del país en la segunda ronda se identificaba con una fórmula que cuestionaba el documento fundacional de la República. ¿Acaso no se entiende que la destrucción del principio de autoridad que atraviesa la sociedad no proviene de ese hecho? ¿Acaso la existencia de ocho jefes de Estado en un periodo en que, según la Constitución, solo debió haber dos, no proviene de ese desacuerdo fundamental? ¿Cómo puede haber Estado de derecho si un sector del país cuestiona el documento fundamental que lo sustenta? La asamblea constituyente, pues, ha sido la principal enemiga del país.
El Perú necesita superar este momento particular de su historia republicana, en el que la anarquía institucional y política amenaza devorarlo todo, incluso el debilitado modelo económico que multiplicó el PBI y redujo pobreza del 60% de la población a solo 20% antes de la pandemia y del terrible gobierno de Castillo. Y el único camino para alcanzar este objetivo pasa porque la mayoría de la sociedad vote con sentido común y sancione una segunda vuelta entre dos centro derechas y evite la llegada de la izquierda antisistema, tal como sucede desde más de una década atrás.
















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