LA COLUMNA DEL DIRECTOR >
¡El sueño presidencial de Nieto no puede esperar!
Sobre cómo el marxismo engaña con el cuento del centro
Por Víctor Andrés Ponce
A Jorge Nieto se le acaba el tiempo en política. En el 2031 pasará los 80 años, y el tiempo es uno de los peores enemigos para los políticos con una soberbia desbordada. El hombre se cree un Napoleón, una especie de Trotsky que combina el intelectual con el activista y, bajo esos presupuestos, siempre creyó que era más grande en política que Alan García y los demás líderes de izquierda. Javier Diez Canseco para él siempre fue un activista mediano. De allí que luego de alcanzar una cuota de poder parlamentario en las elecciones pasadas decidió, según su febril razonamiento, desatar una crisis de gobernabilidad y formar mayoría con el radicalismo comunista.
Al margen de los resultados de las elecciones en las directivas en las cámaras vale preguntarse si Fuerza Popular, por ejemplo, pudo haber organizado un escenario alternativo al momento previo de las votaciones en que el Partido del Buen Gobierno se convirtió en la balanza para definir una mayoría radical y extremista en el Legislativo. El suscrito preguntó de aquí para allá y la respuesta, efectivamente, fue que no era posible, porque Jorge Nieto nunca pretendió que el Buen Gobierno jugara ese papel.
Desde el comienzo de las negociaciones Nieto señaló que Fuerza Popular no debería liderar ninguna de las cámaras. Era una manera de evitar cualquier acercamiento, mientras amenazaba constantemente al extremismo radical con jugar un partido aparte si es que no le daban la presidencia de Diputados. Y lo consiguió.
Luego de este periplo de Nieto ha emergido el Nieto desnudo con todas sus dobleces y grosuras. El Nieto de PPK, el Nieto que se ofrecía a Dina Boluarte para ser presidente del Consejo de Ministros, el Nieto que conspiraba con el vizcarrismo para bloquear el indulto de Alan García, el Nieto que solicita el indulto de Pedro Castillo luego de oponerse al de Alberto Fujimori; el Nieto que puede irse con Dios y con el Diablo. Allí está al primer golpe de vista.
¿Qué dirán los tontos y dignos de los distritos medios que lo votaron y engordaron la representación parlamentaria de este movimiento? En cualquier caso, el ciudadano promedio no tiene por qué conocer las artes y estrategias del leninismo. Nieto en este proceso electoral ha demostrado que era el mejor instrumento de la estrategia del radicalismo, y ahora, sin rubores, pretende quitarle el sombrero del radicalismo a Roberto Sánchez.
Es incuestionable que pretende ser el líder de todas las izquierdas, de las progresistas, antauristas y senderistas, colocándose el sombrero. Por eso solicita el indulto de Pedro Castillo y luego decide formar mayoría con el extremismo en las elecciones de las cámaras. Sueña que una mayoría de las izquierdas en las cámaras desate una nueva vacancia, resucitando la guerra civil sin balas entre antifujimoristas y fujimoristas.
La izquierda se equivoca de principio a fin. El sistema bicameral de la actualidad y la conformación de las bancadas legislativas evita cualquier posibilidad de vacancia. Es más, si la izquierda pretende bloquear la gobernabilidad el único bloqueado será el Congreso, se tornará en una entidad incapaz de aprobar leyes, de desarrollar reformas y de nombrar representantes de los organismos constitucionales.
Mientras esto sucede el Ejecutivo ratificará que el Perú es un país presidencialista y avanzará a todo vapor enfrentando los desastres del fenómeno de El Niño, conteniendo la ola criminal y, sobre todo, desarrollando una alianza entre pobres y ricos que posibilitará convertir la riqueza que producen las mineras, las agroexportadoras y el sector privado en agua potable y desagüe para los millones de peruanos que carecen de este servicio.
En este contexto, Nieto será una enorme imagen borrosa del pasado. Pero el hombre ya escribió una de las páginas más interesantes de la política. Como marxista con escuela se presentó como un hombre de centro para formar mayoría con el extremismo comunista. Salvando distancias, lo mismo hicieron Lenin, Fidel Castro y Hugo Chávez.
Ahora Nieto debe ser consecuente y pelear el liderazgo del espacio del Movadef.
















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