Manuel Gago
Fortaleza moral contra el cálculo político
Las crisis son oportunidades para crecer
El cambio inesperado del presidente de la República causó desazón en amplios sectores de la población. Por su terca fortaleza moral, ¿Rafael López Aliaga caerá en intención de voto? De ser así, ¿cómo queda el supuesto ánimo mayoritario contra todo tipo de corrupción? ¿Somos un país irremediablemente condescendiente con los delitos y las malas conductas?
Al contrario que el candidato de Renovación Popular, Keiko Fujimori es política. Entiende que con fuego no se juega, que no se puede cambiar presidentes a la loca, que a los comunistas no se les otorga ni un milímetro de ventaja.
No obstante, a lo hecho pecho y acudir pronto al control de daños, a la práctica empresarial y política para superar las crisis. En las escuelas de negocios enseñan que las crisis ofrecen oportunidades para crecer, agudizar el ingenio y demostrar la naturaleza de los gerentes. Después del daño ocasionado –por cualquier razón– un ejecutivo competente activa soluciones destinadas a superar el mal momento. Recoger los pasos y enmendar errores es reingeniería, corrección y superación. En el caso de López Aliaga el pan no puede quemarse en la puerta del horno. Perú no puede seguir experimentando fracasos.
Recordemos: en 1990 el escritor Mario Vargas Llosa era el candidato presidencial favorito. Hasta entonces, Perú no había experimentado grandes transformaciones sociales y económicas. Todo era estatismo e ideales socialistas. La dictadura de Juan Velasco dejó profundas huellas. Vargas Llosa defendía frontalmente el libre mercado, la propiedad privada y las libertades individuales, políticas y económicas. Todos los vientos soplaban a su favor. Sus propuestas alinearon a los medios. El intelectual más valioso no merecía menos, hasta que llegó el final de la campaña electoral.
El Fredemo, la derecha unida contra el aprismo y el marxismo, conformado por Libertad –el grupo del escritor–, Acción Popular y el Partido Popular Cristiano causó conmoción por la excesiva publicidad. Demasiada exhibición para nada. El ingeniero Alberto Fujimori, exrector de una universidad nacional, venció al escritor. La imagen del outsider conduciendo un tractor contrastaba con las imágenes derechistas. Hoy, me escarapela el cuerpo al pensar que siendo presidente Vargas Llosa no hubiera resuelto la crisis económica y el avance del terrorismo.
Hoy también distingo a las personas que ofrecen resultados; tan distintos a los populistas y personajes aplicados, pero inútiles. Después de la dictadura velasquista, Fernando Belaunde y Alan García no desmontaron el aparato socialista heredado. La inacción condujo a lo peor: crisis moral. Continuaron la escasez, la mala calidad de los productos y la ausencia de servicios públicos, responsabilidad del Estado. El elector perdió firmeza política y se volvió voluble, permisible e indeciso.
La transformación llegó con Fujimori. La mesa servida pudo ser mayor; interrumpida por los posteriores gobiernos controlados por la izquierda. Por conformismo faltan las reformas de segunda generación, y seguimos estancados en el “ingreso medio”. Si los US$ 60,000 millones de inversiones mineras detenidas estuvieran operando, el crecimiento económico sería de dos dígitos y la pobreza reducida a un dígito. Con más esfuerzo el per cápita nacional sería del primer mundo.
Vargas Llosa no entendió y perdió. Decían que Ricardo Belmont tuvo el atrevimiento de intentar corregir el último discurso del laureado escritor, según el conductor de televisión, para hacerlo asequible a la población. ¿Las novelas apartaron al escritor de la realidad? ¿Lo volvieron un dios decidiendo sobre una ficción?
En un contexto actual de incertidumbre provocada, ¿el voto equivocado reflejará un Perú desconcertante y de gentes confundidas?
















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