Dardo López-Dolz
La campaña permanente
El enemigo nunca duerme
Quien quiera prevalecer en política debe entender que el mundo siempre cambia. Desde los tiempos de Obama hay un consenso en los profesionales del marketing político: la campaña política necesita ser permanente, independientemente de quién gane una elección. Simpatizantes y opositores a Donald Trump debieran coincidir que su accionar político es una muestra clara de la eficacia de dicha herramienta.
Pero el concepto no es solo aplicable a los candidatos y gobernantes. Toda acción política necesita entender el carácter imprescindible de la campaña permanente en nuestros días, o se perderá todo lo que se pueda haber ganado, tal como sucedió en el Perú tras los avances en prosperidad, desarrollo, seguridad y calidad de vida conseguidos por los peruanos con mucho
sacrificio durante el gobierno de Alberto Fujimori. Hoy 36 años después, la mayor parte de las exitosas reformas sociales y económicas han sido desmontadas.
Cuando digo toda acción política eso incluye al esfuerzo de investigación, análisis y difusión realizados por los think tanks y a la labor formativa en valores a en la docencia y la academia. Todo esto requiere un fondeo suficiente y permanente, pues, “la libertad está siempre a una generación de perderse“ (Ronald Reagan).
Todo ser anhela tranquilidad, a veces eso lleva erróneamente a dar por sentadas las cosas y cometer el error de pensar que las victorias son permanentes y se sostienen solas. Así, cuando se alcanza una victoria política en el campo electoral o en un cambio en la legislación, se suele abandonar el esfuerzo por defenderla, incluido el financiamiento del mismo, pensando que la victoria es irreversible. Craso error. La acción política de think tanks y el esfuerzo por influir positivamente en la docencia y la academia deben ser permanentes y eso requiere continuidad en el respaldo financiero de los donantes.
Es importante recalcar que para que el dinero de los donantes sea una inversión con resultados medibles, no un gasto, no solo es necesario la retroalimentación permanente del donatario hacia el donante, sino que, como en la medicina, es imprescindible entender que solo priorizando el
diagnóstico permanente podremos determinar y ajustar de modo racional las soluciones adecuadas y sustentar su diseño, dirección y ejecución en el tiempo. De lo contrario simplemente se tirará dinero a la basura para tranquilizar ineficazmente la propia conciencia.
















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