Darío Enríquez
La conquista del Perú por los peruanos
Más allá de debates intelectuales e ideológicos
El título de La Conquista del Perú por los peruanos (1959), obra central de Fernando Belaúnde Terry, provoca deliberadamente: no alude a la violenta fractura colonial del siglo XVI, sino a un desafío contemporáneo. Lejos de mirar al pasado hispánico, propone una conquista técnica del territorio nacional desde dentro, mediante infraestructura, ingeniería y trabajo mancomunado. Sin embargo, aquella visión modernizadora terminó fragmentada y asfixiada por rencillas partidarias, rivalidades políticas y polarización, enturbiando su ejecución práctica. A ello se sumaron las propias limitaciones de Belaúnde para asumir decisiones audaces y firmes ejerciendo el poder. Pese a ello, el núcleo de su propuesta conserva una vigencia asombrosa y merece ser rescatado críticamente.
El pragmatismo técnico frente a las ideologías
En la visión original belaundista, el Estado ocupaba el sitial indiscutible de protagonista planificador. Era el aparato público, con tecnocracia y grandes obras de infraestructura, el llamado a guiar el poblamiento articulando los espacios vacíos. Al no materializarse de forma integral, quedó reducido a iniciativas parciales, inconexas y frenadas por la burocracia. El vacío fue ocupado por otra fuerza colosal: la espontaneidad creadora de los ciudadanos.
Contraste con ideas imperantes en el siglo XX
Esta propuesta técnica y ejecutiva, menos doctrinaria y más pragmática, contrastaba con los marcos intelectuales del siglo XX. Víctor Raúl Haya de la Torre defendía un Estado burocrático funcional con participación social; José Carlos Mariátegui elaboró un relato ideológico sobre la raíz agraria e indígena del problema nacional, más literario que empírico y con fuerte sesgo de confirmación; y Víctor Andrés Belaúnde promovía la unidad cultural desde un humanismo católico, crítico tanto del materialismo histórico como del burocratismo aprista.
Del ideario al pragmatismo reactivo
Con el tiempo, el debate ideológico cedió paso al pragmatismo reactivo. Alan García intentó renovar el aprismo en El futuro diferente (1982), pero su gobierno terminó en crisis inflacionaria y pérdida de credibilidad. Alberto Fujimori gobernó sin doctrina, reaccionando al colapso económico y la violencia con un modelo autoritario y tecnocrático. Alejandro Toledo y otros redujeron sus gestiones a estabilidad macroeconómica y negociaciones coyunturales. Así, lo intelectual se fue perdiendo, desplazado por la urgencia y por los fracasos de políticos tradicionales que llevaron el país a su peor crisis.
La conquista desde la sociedad civil
Lo que los políticos fueron incapaces de realizar, nuestra gente lo hizo. Ante la ausencia o la lentitud del poder central, fueron los emprendedores, los migrantes, los comerciantes y las asociaciones locales quienes, a pulso, han controlado y desarrollado el territorio nacional. Como se advierte examinando las diversas dinámicas territoriales plasmadas en artículos nuestros difundidos en El Montonero, este proceso se manifiesta a través de realidades muy concretas:
- Desborde comercial y mercados populares: las ciudades se estructuran por dinámicas de abastecimiento y plataformas autogestionadas que articulan campo y ciudad.
- Corredores logísticos y cadenas agroproductivas descentralizadas: desde la producción bananera hasta los circuitos lecheros y la ganadería regional, la conectividad responde a imperativos de mercado impulsados por cooperativas, asociaciones y transportistas independientes.
- Informalidad como mecanismo adaptativo: no es una patología, sino que se consolida como vía de apropiación espacial, autoconstrucción y adaptación socioeconómica frente al Estado ineficaz.
- Conurbaciones emergentes y sistemas policéntricos: redefinen procesos urbanos más allá de divisiones político-administrativas.
Se muestra entonces cómo la sociedad civil rediseñó el mapa económico del país desde la espontaneidad, la precariedad y la resiliencia. La lección histórica es clara: el Estado ya no puede seguir ignorando estas expresiones de vitalidad económica.
Lecciones actuales: institucionalidad y sostenibilidad
El reto actual es que el Estado asuma un rol facilitador, acompañando lo que la sociedad ya puso en marcha. Cuando el emprendimiento popular se cruza con una intervención estatal inteligente, el impacto se multiplica. La conquista del Perú por los peruanos ya no es directiva estatal, sino realidad construida desde la base social, que requiere institucionalidad y sostenibilidad para consolidarse.
















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