Erick Flores

Los votos y el futuro de la libertad

Solo cambiando las conciencias se puede hacer una sociedad liberal

Los votos y el futuro de la libertad
Erick Flores
12 de junio del 2018

 

Convencidos de que la libertad es el valor sobre el que se fundan las sociedades prósperas, la gran discusión que resta por librar tiene que ver con los medios para alcanzar dicha sociedad. En este sentido, creo que podemos encontrar dos tipos de defensores de la libertad: están aquellos que creen que la libertad puede asentarse en la sociedad a través de la política, con partidos, estructura y ganando una elección a través del sistema democrático que hoy prevalece en la mayoría de países del mundo; y están aquellos que no apuestan por la política y prefieren buscar otras formas para conseguir el ideal de una sociedad libre y abierta.

Se trata de dos procesos diferentes que buscan un mismo fin. Pero como aquí lo que importa son los resultados y no las intenciones, resulta imperativo reconocer que existe una suerte de incompatibilidad práctica entre los medios y los fines cuando hablamos de la lucha que se desarrolla en el terreno político. Materializar el ideal de la libertad a través de la política, implica que exista alguna hipotética opción liberal a la cual se pueda votar en unas elecciones. Si bien es cierto esto no es imposible, el problema está en que una alternativa liberal tiene tantas probabilidades de conseguir los votos necesarios y ganar una elección como las tiene una persona de sobrevivir en un desierto sin agua y sin comida.

¿Alguien votaría por la eliminación gradual del salario mínimo? ¿Alguien votaría por suprimir los programas sociales? ¿Alguien votaría por eliminar la “gratuidad” de los servicios en educación y salud? Son algunas preguntas que valdría la pena hacerse cuando el ímpetu por lograr un cambio para nuestra sociedad desplace a la razón y nos lleve a emprender una lucha política que —viendo la situación de nuestras sociedades— ha muerto antes de nacer. Hayek decía que la única posibilidad de que la democracia y la lucha política puedan asegurar una sociedad libre, en algún futuro alterno, es que todos y cada uno de los individuos de la sociedad sean genuinamente liberales. Esto equivale a tratar de crear al hombre nuevo, como trataron de hacer los socialistas hace bastante tiempo. Y creo que conocemos los resultados, así que habría que pensarlo dos veces antes de siquiera contemplar esta opción.

¿Y qué es lo que tiene que hacer un político —asumiendo que se trate de una opción liberal— para conseguir los votos que necesita para llevar adelante un programa que asegure el asentamiento de una sociedad libre? Pues decir todo lo que la gente estaría dispuesta a votar, que es todo lo contrario a lo que el liberalismo —al menos como alternativa política— puede ofrecer. Esta es la incompatibilidad práctica que encontramos entre los medios (la lucha política) y los fines (una sociedad libre). Y por si esto no fuera poco, ¿existe alguna garantía de que esta “alternativa política liberal”, en el supuesto negado de que se haga con el poder en algún momento, no degenere y se convierta en algo indeseable? Desde la fundación de los Estados Unidos hasta hoy, parece que el proceso de degeneración es inevitable porque los Estados que nacieron mínimos no han parado de crecer.

Pero si la política no nos lleva a ningún lado, ¿cuál es el rol de los defensores de la libertad? Pues gran parte de las cosas que tenemos que hacer ya fueron descritas por Antonio Gramsci, el padre de lo que hoy conocemos como marxismo cultural, quien decía que para todo cambio siempre hay un orden de prioridad. Siendo testigo del fracaso de la revolución en Europa, Gramsci dijo que el socialismo no llegaría a la sociedad de la mano de las revoluciones, sino de la cultura. Solo a través del cambio de la consciencia de las personas es que se puede pensar en sociedades ideales. La infiltración de ideas en la esfera cultural es mucho más importante que los partidos políticos. Si hoy vivimos en medio de una sociedad que jamás votaría una alternativa liberal es precisamente porque Gramsci tenía razón: para una sociedad liberal no se necesitan líderes liberales que construyan partidos políticos liberales, que luego nos traigan el liberalismo desde el poder político, se necesita una especie de conciencia liberal. Solo necesitamos personas que, sin saber quién fue John Locke, estén convencidas de que la libertad funciona. Esto es lo fundamental, el resto vendrá por añadidura.

 

Erick Flores
12 de junio del 2018

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