Erick Flores

¿Sagasti 2.0? Jerí y la estrategia marxista

Marchas como estrategia para desestabilizar la democracia y forzar cambios fuera de las urnas

¿Sagasti 2.0? Jerí y la estrategia marxista
Erick Flores
23 de enero del 2026

 

En medio de un escenario político bastante agitado por el reciente escándalo del Presidente Jerí por el famoso “chifagate”, la tristemente célebre Generación Z, ha convocado una nueva movilización para este miércoles 28 de Enero. La famosa “marcha de sacrificio”, buscaba recibir a las delegaciones que llegan del sur para seguir su lucha por los muertos que dejó la asonada terrorista que tuvo lugar luego de que Dina Boluarte tomara el poder en Diciembre del 2022. Y ahora que la torpeza del mandatario le ha dado nuevas fuerzas a este tipo de movilizaciones, es imperativo dejar algunas cosas claras.

Al margen de la legitimidad de la protesta, algo que no podemos perder de vista, es la naturaleza y objetivos de estas movilizaciones. Para quienes llevamos algún tiempo viendo el accionar de estos grupos y tenemos cierta formación en filosofía política, es relativamente sencillo advertir que ninguna protesta ha sido sólo coyuntural. No lo fue la protesta en contra de Conga, Tía María y demás proyectos mineros; no lo fue la protesta de los productores de papa en Junín, Huánuco, Huancavelica y Ayacucho; no lo fue la protesta en contra de la famosa “ley pulpín”; no lo fue la protesta en contra de Dina Boluarte y que buscaba la reposición de Pedro Castillo; y se podrían enumerar muchas otras movilizaciones que parecían tener agendas puntuales pero ninguna ha sido sólo reacción ante algún hecho concreto.

Una nueva Constitución, el cierre del Congreso, instaurar una asamblea constituyente; estas son algunas de las consignas que siempre están acompañando a cualquier movilización desde que la vida democrática del país nos permitió alejarnos del ideario radical que la izquierda siempre tiene planeado para el país. Ollanta Humala y Pedro Castillo, si bien es cierto que fueron elegidos a través de partidos políticos de izquierda y con programas iniciales bastante agresivos, afortunadamente no pudieron implementar lo que la izquierda les había encomendado. Gracias a los pesos y contrapesos que tiene nuestro sistema, la izquierda siempre se ve obligada a buscar otras formas de romper este orden.

Movilizaciones, huelgas, protestas, vigilias; todas son parte de la estrategia clásica de la izquierda ortodoxa para desestabilizar gobiernos contrarios, o gobiernos que simplemente no les son funcionales a sus intereses. Agudizar las contradicciones es parte de esa lógica insana que divide a la sociedad en bandos opuestos que tienen intereses contrarios y que son irreconciliables. Esa es la dialéctica de la que nacen los conflictos y luego escalan a través de la polarización en la que ellos son expertos. Y esta no es una práctica aislada porque desde la teoría marxista, la consecución de sus objetivos jamás debe de medirse en términos morales. Y esto es lo que la izquierda peruana viene aplicando con una fidelidad admirable. Ellos no calculan en base al valor de una vida sino en función de cuánto sirve esa vida para su causa, es por esto que el éxito de las movilizaciones son directamente proporcionales a la cantidad de heridos y muertos que tienen.

Cuando Manuel Merino asumió la presidencia luego de la vacancia de Martín Vizcarra, la izquierda movilizó a la población de inmediato y tras algunos días de intensas protestas en su contra, el 15 de Noviembre del 2020, Merino comunicaba su renuncia irrevocable a la Presidencia del Perú. Con dos muertos y más de un centenar de heridos producto de los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes, la izquierda consiguió lo que quería en ese entonces, que era quitar del camino a Merino para poner a alguien que fuera fácil de manipular, y de esta forma es que Francisco Sagasti llegó al poder y allanó el camino para que -tiempo más tarde- Pedro Castillo fuera elegido como nuevo Presidente de la República, ganándole la disputa en una cuestionadísima elección a Keiko Jujimori.

Estamos a puertas de un proceso electoral y parece que el Perú seguirá la tendencia saludable de tirar al tacho el ideario de izquierda que tanto daño le ha hecho a la región. Y aquí es donde tenemos que ser más incisivos, más inteligentes, debemos tener la capacidad de anticipar cuál será el próximo paso de la izquierda para no perder el poco poder que le queda. Lo que ha pasado con Jerí claro que merece una investigación pero no pequemos de ingenuos, la izquierda no sólo quiere su censura sino que antes de perderlo todo en unas elecciones donde ni siquiera aparecen como opción con posibilidades, van a querer su Sagasti 2.0. Advertidos estamos.

Erick Flores
23 de enero del 2026

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