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Si el Perú no tuviera minería ni agroexportaciones para abreviar su camino al desarrollo, entonces tendría el turismo como una industria poderosa. O para decirlo de manera constructiva: el país tiene a la minería, las agroexportaciones y el turismo como caminos directos al desarrollo.
Vale señalar que países como Francia, España, Estados Unidos, México, Japón y Costa Rica, entre otros, han desarrollado la industria del turismo como una palanca clave de su desarrollo. Para alcanzar estos objetivos, obviamente, se necesitó un Estado de derecho consolidado, el desarrollo de infraestructuras eficientes y un patrimonio cultural de valor.
El Perú tiene un extraordinario patrimonio cultural. Es el espacio en que se desarrolló una cultura prehispánica milenaria como Caral, hoy considerada la más antigua de América. Igualmente es la cuna de las culturas Chimú, Moche, Nazca y el imperio de los Incas. En nuestro territorio se emplazan monumentos arqueológicos sin igual como las Líneas de Nazca, las ruinas de Chan Chan y Machu Picchu.
Asimismo, el Perú tiene ciudades y paisajes en la costa, la sierra y la Amazonía que hacen palidecer a cualquier país del planeta y, si a esto le sumamos, la calidad, sofisticación y variedad de nuestra oferta gastronómica, entonces, el Perú debería ser uno de los paraísos que visite cualquier turista del planeta.
Sin embargo, el Perú apenas convoca algo más de cuatro millones de turistas al año; en tanto que Francia, la primera potencia turística del planeta, tiene más de 100 millones al año. En España se logran más de 90 millones de turistas anualmente, en Estados Unidos 76 millones y en México 46 millones. ¿Cómo entender esta absurda situación para nuestro país?
Una de las primeras características de estas potencias turísticas mundiales es que tienen estados de derecho consolidados y se trata de sociedades en donde, problemas más, problemas menos, se impone la ley y el orden. En el Perú, no hay un Estado de derecho consolidado a la luz de la ola criminal que afecta a la sociedad y a los turistas que se convierten en víctimas, destruyendo ilusiones y proyectos que se forjan en años de ahorro. La falta de Estado de derecho incluso se extiende al manejo de los boletos de Machu Picchu en donde la burocracia y la corrupción pusieron en peligro la condición de este monumento arqueológico como patrimonio cultural de la humanidad.
Otro de los grandes problemas que explica nuestro subdesarrollo en el turismo es la ausencia de una infraestructura mínima en aeropuertos, carreteras, trenes, una red hotelera y de servicios adecuadas para captar un flujo de millones de visitantes. En este escenario el nuevo Aeropuerto Jorge Chávez se convierte en una isla de eficiencia en medio de la ausencia de infraestructuras en la sociedad y las provincias.
El turismo hoy apenas representa el 3% del PBI y genera más de 1.3 millones de empleos entre directos e indirectos. Todas esas cifras podrían multiplicarse varias veces y contribuir a convertir al Perú en una sociedad con mayoría de clases medias. ¿Por qué seguimos permitiendo que el país mantenga toda su riqueza turística dormida, sobre todo cuando esta industria está vinculada a las poblaciones más pobres del área rural?
En cualquier caso, los candidatos presidenciales tienen la palabra. El turismo es una de las industrias, uno de los proyectos del futuro del país.
















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