Berit Knudsen
Debate presidencial de segunda vuelta 2026
Keiko Fujimori (Fuerza Popular) versus Roberto Sánchez (Juntos por el Perú)
Propuestas, equipos y riesgo real
El miedo al enfrentamiento sistema-antisistema tiene fundamento histórico en América Latina. Bolivia, Ecuador, Venezuela y Argentina mostraron un patrón consistente: gobiernos refundacionales con logros sociales en su fase inicial, financiados por bonanzas de materias primas, que derivaron en crisis fiscal, erosión institucional y reversión de sus propios avances cuando el ciclo externo se cerró. El elemento común no fue la ideología sino la arquitectura del riesgo: transformaciones aceleradas en Estados con capacidad institucional débil, financiadas con recursos que no controlan.
El plan de JPP comparte esa arquitectura, y el debate lo confirmó
Sánchez citó el crecimiento del 13% del PBI durante la gestión de Pedro Franke como credencial de su equipo económico. Es un dato que requiere corrección: el crecimiento fue el efecto rebote estadístico post-pandemia, fenómeno que ocurrió en toda América Latina independientemente del modelo aplicado. El Perú cayó más que nadie en 2020 y por eso rebotó más en 2021. La realidad de ese periodo fue otra: fuga de capitales documentada desde el día de la elección de Castillo, inversión privada cayendo 18% en 2022, tipo de cambio en máximos históricos por prima de riesgo político, y la presencia de Guido Bellido como primer ministro —con vínculos investigados con Movadef— profundizando la desconfianza antes de que pudiera implementarse política económica alguna. Franke fue un ministro de contención, no de transformación, y su mérito real fue evitar que la crisis política derivara en colapso fiscal, lo cual es muy distinto a ser el arquitecto de un crecimiento que en realidad fue estadístico y regional. Usar esa gestión como credencial para ejecutar una transformación estructural del modelo peruano es una extrapolación que los datos no sostienen.
El plan de FP no tiene ese riesgo de ruptura
A diferencia de ciclos anteriores, incorpora propuestas concretas para atacar los problemas estructurales que el crecimiento sostenido de las dos décadas previas no resolvió: el shock desregulatorio y la tributación cero para MYPES apuntan directamente al 70% de informalidad; la reactivación de Foncodes con núcleos ejecutores locales, las carreteras de penetración hacia sierra y selva, y los sistemas de agua diferenciados por región atacan la brecha entre Lima y el resto del país con instrumentos que tienen precedentes de funcionamiento en el propio Perú. La pregunta válida es si la escala de ejecución prometida es realista con el Estado que existe: algunos compromisos de infraestructura podrían exceder la capacidad operativa histórica del sector público peruano, y la brecha entre la dirección correcta y la magnitud prometida es el riesgo específico del plan, no su orientación.
Sobre los equipos, que es donde el riesgo abstracto se vuelve concreto
FP presenta nombres con historial verificable. Luis Carranza gestionó la economía peruana durante la crisis de 2008-2009 con resultados sólidos y medibles. Neuhaus tiene trayectoria real en infraestructura. Son personas cuya actuación pasada puede auditarse con independencia del contexto político. JPP anuncia el mantenimiento de Julio Velarde en el BCRP, pero la promesa de transformación estructural que el plan propone requiere no solo un buen presidente del banco central sino una coalición política estable para implementarla, y esa coalición claramente no existe en el mapa parlamentario actual.
Para el elector que teme la ruptura
Tres preguntas concretas son más útiles que comparar planes en abstracto:
¿Qué ocurre si el precio del cobre cae a la mitad en el año tres del gobierno? FP tiene respuesta institucional; JPP depende de esa renta para sostener compromisos de gasto que ya son insostenibles en escenario optimista.
¿El proceso constituyente tiene mecanismos claros de límite temporal y pluralismo garantizado? El plan no los especifica, y sin ellos la incertidumbre jurídica puede paralizar la inversión durante años.
¿El equipo que ejecutará el plan tiene experiencia en gestión del Estado peruano real? Aquí FP tiene ventaja objetiva; el equipo de JPP tiene perfiles heterogéneos cuya principal credencial económica no resiste el escrutinio del contexto en que operó.
Conclusión
La conclusión para este elector parte de una distinción concreta: FP presenta un equipo con credenciales verificables y una orientación económica que ha demostrado funcionar en el Perú, con propuestas específicas para los problemas que ese modelo no resolvió en ciclos anteriores. JPP presenta una agenda de transformación con diagnósticos estructurales válidos pero con un equipo cuya principal credencial económica —la gestión Franke— no resiste el escrutinio: el crecimiento citado fue un rebote estadístico regional, no un logro de gestión, obtenido además en un contexto de fuga de capitales, inestabilidad política severa y desconfianza inversora que el propio entorno del gobierno generó.
Para el elector que teme la ruptura, esa diferencia es que: gobernar el Perú real, con el Congreso real y las resistencias reales que cualquier transformación enfrenta, requiere un equipo cuya capacidad de ejecución esté demostrada en condiciones adversas, no en un rebote que habría ocurrido con cualquier ministro de economía en cualquier país de la región.
















COMENTARIOS