Carlos Adrianzén

El trasfondo de Balcázar

El presidente está en un marco institucional profundamente debilitado

El trasfondo de Balcázar
Carlos Adrianzén
25 de febrero del 2026

 

Este es un artículo breve, pero la evidencia que expone es incómoda. Sin mediar magnicidios o guerras, el Perú acumula ocho presidentes consecutivos en pocos años. Muchos de ellos más cercanos a la caricatura que a la estatura de estadista. Al mismo tiempo, el país ha ascendido de manera alarmante en los rankings internacionales de corrupción burocrática. Cuarenta y siete escaños desde el 2012.

La reacción pública ante ambos eventos es de indignación. Pero esa indignación tiene algo de pose, de farisea. Porque quienes hoy se rasgan las vestiduras son, en buena medida, los mismos que diseñaron o defendieron los marcos institucionales que permiten elecciones turbias, vacancias exprés y el deterioro de la prensa, la judicatura y la burocracia electoral. Sin embargo, el problema es más profundo que el espectáculo político.

 

Corrupción y pobreza: una relación lógica

La economía tiene regularidades difíciles de ignorar. La inflación es un fenómeno monetario. El consumo depende de la riqueza. Y desde que existen mediciones serias, los países más pobres tienden a presentar mayores niveles de corrupción burocrática. El Perú no escapa a esa regla.

Los dos subgrafos de la Figura A muestran que en el Perú la aludida línea divisoria resulta también ajustada. Lo cual lo invita a reconocer lo obvio. Las regiones más pobres del Perú son también las más burocráticamente corruptas.

No resultan casuales los accidentados antecedentes de muchos líderes burocráticos provincianos; ni su pobreza en comparación al Callao, Ica o Moquegua; ni la turbiedad usual de sus procesos electorales. Todo esto, como en Lima. En un claro proceso de retroalimentación.

Los datos disponibles sugieren que las regiones más pobres serían también las más corruptas institucionalmente. No es casualidad. Es un círculo vicioso:

Instituciones débiles → menos inversión → menos crecimiento → más pobreza → más corrupción. 

Un proceso de retroalimentación.

 

El verdadero trasfondo

En ese marco debe leerse la elección congresal de un nuevo presidente por accidente. No es un episodio aislado. Es el resultado lógico de una década de debilitamiento institucional. El país no solo ha retrocedido en los rankings de percepción de corrupción. Ha experimentado un deterioro general de su gobernanza estatal. Y ese proceso no ha sido ingenuo. Ha sido el resultado de decisiones políticas que debilitaron reglas, controles y responsabilidad pública.

Este, insisto, resulta el verdadero trasfondo de la elección congresal del nuevo presidente por accidente. La debilidad institucional peruana tejida en la última década. Los subgrafos de la Figura B contrastan que el cuadro implica mucho más que el escandaloso avance de cuarenta y siete escaños globales en los rankings de percepción de corrupción. Es clave reconocer que la corrupción burocrática peruana, desde inicios de la década pasada, implica un cuadro generalizado de deterioro de la Gobernanza Estatal Peruana. Un proceso político consciente. Adrede, la Aplicación gradual de pócimas chavistas o cubanoides, para ser más precisos.

Así las cosas, es racional anticipar que este marco lógicamente elija a un personaje –de apellido Balcázar– con un prontuario que lo hace vacable o censurable ex ante. Además, que sugiera las evidentes intenciones de sus mentores privados o congresales. Si el sistema se erosiona, el sistema produce figuras turbias y frágiles. Si las reglas se degradan, emergen perfiles vacables desde el primer día.

 

La piñata

El presidente por accidente no concentra todo el poder. El poder real se distribuye en redes: prensa, burocracia, Congreso y ciertas oenegés. Se configura así una estructura donde algunos privados inescrupulosos gobiernan e influyen sin asumir el costo político directo de las decisiones.

Mientras tanto, la figura presidencial opera dentro de un marco institucional profundamente debilitado. El problema –y las desgracias que este pueda generar– no es solo achacable a Balcázar. Implica el sistema cubanoide que lo fabrica y los traficantes políticos que medran de él.

Carlos Adrianzén
25 de febrero del 2026

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