Carlos Adrianzén
¿Sabrán en lo que se han metido?
Necesitamos drásticas reformas de mercado, políticas y económicas
Estamos a pocas horas de que el Jurado Electoral peruano seleccione a quien ocupará el sillón de José de la Riva Agüero. Nótese aquí, antes de seguir adelante, que quien etiquete el sitial presidencial de la República del Perú como el sillón de Pizarro, sería solo un ignorante suscribiendo otro pasaje falso de nuestra patética historiografía oficial.
Por todo ello, es crucial hablar directamente. El optimismo y el realismo resultan claves aquí. Conviene usarlos de manera complementaria y reflexionar con cuidado sobre lo que significan. El optimismo es una disposición mental —sea cognitiva o un rasgo de personalidad— que nos lleva a ver las cosas bajo su aspecto más favorable. Sin embargo, por sí solo puede quedarse en una idea bonita pero difusa. El realismo, en cambio, siguiendo la línea política de Maquiavelo, nos obliga a mirar el mundo tal como es, aislado de otros criterios. Un optimismo irreal puede resultar la receta más corta hacia el fracaso. Y un Realismo que no identifica una salida efectiva y creíble, alimenta la desesperación y esta, nos lleva también hacia el fracaso.
Ceteris paribus, para detentar hoy un optimismo desbordado acerca del futuro social del país no existen claros fundamentos. Las pésimas gestiones económicas de los últimos ocho presidentes de izquierda -desde Humala hasta Balcázar- asesinaron la senda del alto crecimiento de la primera década del milenio. La presidencia que asuma el próximo 28 de julio, encontrará una tarea elefantiásica.
Cambiar el rumbo político, diametral y completamente. Y en un ambiente donde las gentes repiten que estarían bien… pero que, en los hechos, atraviesa una fase de abierto declive macroeconómico (estancamiento con tendencia al subdesarrollo relativo); de prostitución institucional sostenida (que en si misma es una traba formidable); y donde ya se registra un cuadro de gradual desvanecimiento demográfico. Ergo, de un rápido envejecimiento de la fuerza laboral, combinado con una tasa de fecundidad incluso menor a la de reemplazo. En español sencillo: una plaza que desaparece mientras sus técnicos sostienen que todo estaría bien.
Merece subrayarse que las dos alternativas fueron seleccionadas por un Jurado Electoral visiblemente manchado en la primera vuelta. Y que los candidatos –y los otros electos– no parecen tener una idea completa de la responsabilidad que aspiran asumir. De esta duda proviene el título de estas líneas.
El génesis del Perú actual
Con mayor o menor entusiasmo, luego del auge parcial de la segunda gestión aprista, los últimos ocho gobiernos -consecutivamente- aplicaron múltiples anti-reformas. Cada una más contraproducente que la otra y todas de abierto corte socialista-mercantilista
Con ello deprimieron persistentemente la inversión privada; y aunque la autoridad monetaria mantuvo el respeto por la estabilidad nominal mientras los precios externos -de exportación y de importación- nos favorecieron simultáneamente, todo se acabó. El crecimiento económico por persona se estancó (ver Figura A).

Nótese, el estancamiento se fue generando discretamente desde la gestión de Ollanta Humala. Aunque aún existen cándidos que nos hablan del Modelo Económico Peruano. El aludido fin de fiesta no fue solo producido por la caída y rebote asociado a la gestión de la pandemia (y a las correrías de la burocracia caviar y los mercaderes locales).
Fueron las anti-reformas y la peregrina idea, coreada por todas las voces de la izquierda limeña, que en el Perú se mantenía un modelo económico más agujereado que un queso gruyere. En ese lapso, el Perú regresó al mayor subdesarrollo. Se hundió severamente respecto a plazas desarrolladas (ver Figura B).

El llamado milagro económico peruano fue borrado. Esto, mientras las anti-reformas institucionales de izquierda mercantilista eyectaron el deterioro continuo de la gobernanza estatal. Los scores respectivos publicados por el Banco Mundial contrastan, año tras año, que el Perú nunca ha sido tan burocráticamente corrupto, ni tan incumplidor de la ley, ni ha tenido una burocracia tan ineficaz en casi todos los planos de su gobernanza.
Aunque queramos pecar de optimismo, hoy no es ningún secreto la rampante corrupción, incumplimiento legal e ineficacia del accionar del gobierno peruano en planos como la seguridad ciudadana o la gestión electoral (ver Gráfico C). Incluyendo planos legislativos o relacionados a la Judicatura y algunas prácticas de gobernanza corporativa.

Y sí pues, los escores recientes del Banco Mundial nos enseñan que, si Fujimori o el candidato del preso Castillo, no enfrentasen frontalmente las anti-reformas de sus predecesores, cualquier optimismo respecto a sus gestiones, puede ser flagrantemente infundado.
Despierte estimado lector. Ya somos hoy tan corruptos como los mexicanos de AMLO o Sheinbaum.
La traición del piloto automático
El llamado piloto automático –esa peregrina idea de que las líneas matrices de las reformas noventeras se habían respetado– ya no existía. Resulte seleccionada la puntera de las encuestas, la señora Fujimori, o su contendor, resulta clave ser realista. Gráficamente realista. El último gráfico de estas líneas (ver Figura D) nos contrasta pues que llueve sobre mojado.

No solamente el ritmo de crecimiento de nuestra población evoluciona hacia niveles europeos (cercanos al 0%), ni que la proporción de trabajadores mayores de 65 años ya bordea el 15% de nuestra fuerza laboral (estándar para catalogarnos como nación con población envejecida), sino que la tasa de fecundidad de nuestra población femenina ya abraza nuestra desaparición. No alcanza nuestra tasa de reemplazo (2.6%).
Duro de matar
Nada garantiza un futuro rosa para el Perú actual. La cosa es sencilla. Pero me temo que los socios políticos de Sánchez ni lo sospechan. Hoy, resulta claro que nuestro futuro, con un optimismo realista, implica alejarnos del declive institucional y macroeconómico en el cual ya estamos inmersos. Y hacer esto implicaría justamente hacer lo que ellos detestan. Necesitamos drásticas reformas de mercado; políticas y económicas. Nada a medias. De otro modo no resulta verosímil alcanzar tasas de inversión privada y extranjera que alimenten crecer en términos reales a ritmos superiores al 7% anual por habitante.
A pesar de la accidentada configuración del Congreso y los gobiernos locales y regionales, las perspectivas resultan claras. Aun asumiendo que ninguno la ve, las propuestas y equipos conocidos para Keiko Fujimori, turbulencias fuera, sugieren expectativas favorables. En cambio, las propuestas y patrones del candidato Sánchez -incluyendo sus jales y planes de último minuto- sugieren expectativas negativamente inquietantes. Y su escenario de gobierno… predecible.
Y es que el Perú, recuérdelo bien, resulta muy duro de matar.
















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