Carlos Adrianzén

Faltan pocas horas

Para la elección presidencial y congresal

Faltan pocas horas
Carlos Adrianzén
18 de marzo del 2026

 

Restan pocas horas para que usted tenga que —y tal vez desee— ir a votar. En algunos casos el traslado será largo y costoso; en otros, más sencillo. Pero en todos los casos conviene recordar algo. Durante años se ha instalado la idea de que los procesos electorales peruanos son inútiles o desesperanzadores. En estas líneas quisiera plantear lo contrario.

Al mismo tiempo, en el momento de votar cada ciudadano posee una fracción pequeña pero real del poder político nacional. En una elección con aproximadamente veinte millones de votantes, cada voto representa cerca de 5×10⁻⁸ del poder político efectivo. Puede parecer insignificante, pero el resultado final no es otra cosa que la suma de millones de decisiones individuales.

 

Un gráfico para no olvidarlo

Como en otros artículos míos, les presento una figura. Esta vez no funciona como complemento, sino como punto de partida para la discusión.

Este gráfico resume una realidad incómoda: no es cierto que el país crezca a un ritmo destacable ni disponga hoy de abundantes recursos fiscales. Tengámoslo muy claro, la economía peruana crece anualmente alrededor del 3%. (cerca del 1,5% por persona). Su promedio quinquenal bordea apenas el 1% anual per cápita. 

Con una tasa de ese orden, el espacio fiscal resulta claramente estrecho. Necesariamente limitado. No sorprende entonces que el déficit fiscal y la deuda pública hayan comenzado a incrementarse nuevamente. Cualquier exceso populista complicaría rápida y seriamente el manejo macroeconómico del país. 

En ese contexto, sostener que existen recursos suficientes para expandir ampliamente el gasto público es, cuando menos, un error. Propuestas como ampliar significativamente los costos de contratación pública o multiplicar beneficios laborales estatales solo pueden financiarse de tres maneras: recortando otros servicios públicos, aumentando deuda o incrementando impuestos.

Por eso el trasfondo macroeconómico importa. Si el país quiere reducir pobreza y ampliar su base tributaria de manera sostenida, necesita elevar drásticamente sus tasas de inversión privada (de 20% a 40%) y extranjera directa (de 1.5% a 15%) en aras recuperar tasas de crecimiento y de reducción de pobreza a ritmos significativamente mayores.

Aquí no caben ilusiones. Un crecimiento cercano al 3 % del PBI real por habitante difícilmente permitirá cumplir la enorme lista de promesas que hoy escuchamos en campaña. En consecuencia, cuando un candidato afirma que existen recursos abundantes para financiar todo tipo de propuestas o lo está engañando con desenfado; o hace gala de ignorancia técnica. 

Conviene examinar con cuidado si esa afirmación descansa en datos o simplemente en optimismo político.

 

La materia

Dentro de pocas noches volverá a repetirse el ritual democrático del voto. Y, como tantas veces en nuestra historia, el resultado dependerá tanto de las decisiones activas como de la apatía ciudadana. La experiencia peruana muestra que muchas de las políticas económicas más dañinas no surgieron solo de decisiones políticas, sino también de la indiferencia de amplios sectores de la población.

Las malas políticas económicas rara vez aparecen aisladas. Suelen venir acompañadas de pésima gobernanza burocrática, burocracias sobredimensionadas, promesas fiscales inviables y una tolerancia creciente hacia la ineficiencia estatal. Por eso conviene tener a mano algunas preguntas simples.

¿Por qué tantos candidatos ofrecen propuestas populares cuyo sustento técnico resulta difícil de identificar? ¿Por qué se repite que el país vive una etapa de abundancia fiscal cuando los indicadores macroeconómicos sugieren restricciones claras? ¿Y por qué la discusión pública suele concentrarse en repartir recursos antes que en discutir cómo generarlos? Las respuestas a estas preguntas no siempre son cómodas. Pero ignorarlas tampoco mejora el diagnóstico.

 

Confesión del autor

Tal vez todo esto resulte irrelevante para algunos lectores. Sin embargo, las decisiones políticas rara vez afectan solo a quienes las toman. Los costos de los errores económicos suelen recaer con mayor fuerza sobre quienes tienen menos capacidad de protegerse frente a ellos. 

Usted, estimado lector, es responsable de lo que pase. Por eso vale la pena insistir: pregunte, discuta, compare propuestas y desconfíe de las soluciones demasiado fáciles. Faltan pocas horas para votar.

Y aunque cada voto representa apenas una fracción diminuta del poder político nacional, es precisamente la suma de esas fracciones lo que termina definiendo el rumbo de un país. Ni la corrupción burocrática ni los desaciertos de las políticas de los gobiernos de Humala, Garcia I o la Izquierda Unida fueron eventos ajenos a las decisiones de los electores peruanos en cada oportunidad.

Carlos Adrianzén
18 de marzo del 2026

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