Dardo López-Dolz
Implicancias para el Perú del reciente discurso de Trump
El presidente de Estados Unidos reflexionó sobre los fraudes electorales
El discurso de Trump no se quedó en Washington. Llegó al Perú en menos de 48 horas, citado por columnistas y cuentas de derecha que vienen reciclando la misma sospecha de fraude desde el 2016, por lo menos, con indicios y acusaciones contra el sistema de conteo que nunca se profundizaron ni probaron. Cada ciclo la denuncia pierde fuerza un poco más rápido, porque cada vez hay menos evidencia nueva que ofrecer. Esta semana apareció algo que no existía en 2016 ni en 2011: un jefe de Estado extranjero diciendo, con documentos sólidos de por medio, que los sistemas electorales "en general" son vulnerables. No importa que esos documentos describan fallas técnicas conocidas desde hace años en Estados Unidos. Lo que importa es el efecto en el Perú: un reclamo reiteradamente ignorado acaba de recibir un respaldo internacional que nunca tuvo.
Eso cambia el cálculo político. Hasta ahora, quienes hablaban de fraude en el Perú lo hacían sin acceder a respaldo técnico y sin eco fuera del país, y por eso cada ciclo la denuncia terminaba agotándose sola. Eso ya no es cierto. Ahora es posible citar a Trump como prueba de que "hasta Estados Unidos lo reconoce". Van a exigir auditorías, observadores, revisiones de padrones, con el mismo lenguaje que usó él: sistemas "expuestos", "vulnerables", "manipulables". Justo cuando el país entra a un Gobierno nuevo, el 28 de julio, en el momento de mayor fragilidad institucional del ciclo.
El JNE y la ONPE tienen dos caminos. El primero es el que han tomado siempre: silencio técnico, notas de prensa genéricas, confiar en que la controversia se apague sola, apoyados por la prensa. Esos recursos ya no alcanzan. Funcionaron cuando la desconfianza electoral era un problema doméstico sin caja de resonancia externa. Ya no lo es.
El segundo camino es tomar la iniciativa antes de que alguien más la tome por ellos. Eso significa una auditoría técnica independiente y pública de los sistemas de conteo y transmisión de resultados, no una nota de prensa asegurando que "todo está en orden"como suelen hacer Reniec, ONPE y los cuestionables “observadores”. Significa que Reniec explique, en términos concretos, qué protecciones existen sobre el padrón biométrico frente a intrusión o infiltración externa, porque esa es exactamente la amenaza que citó Trump para Estados Unidos, y el Perú no tiene una respuesta pública a esa pregunta.
Además significa crear, desde el primer día del nuevo Gobierno, una autoridad responsable de las amenazas híbridas a la infraestructura electoral, ciberseguridad, injerencia extranjera, manipulación narrativa, porque hoy esa responsabilidad no existe en ningún lado. No es del JNE, que administra la justicia electoral. No es de la ONPE, que organiza los procesos. No es de un ministerio, porque ningún ministerio tiene ese mandato. Sin esa autoridad, cada nueva denuncia de fraude va a seguir cayendo en el mismo vacío: nadie con mandato claro para responder con hechos antes de que la sospecha se instale.
La tentación va a ser tratar esto como ruido pasajero, un episodio más de la política estadounidense que se disuelve en un par de semanas. Es un error. Los reclamos de fraude no necesitan que Trump tenga razón. Necesitan que exista, en algún lugar del mundo, alguien con poder que los haya dicho en voz alta. Y ya lo dijo.
El Perú tiene una ventana de pocas semanas, coincidiendo con la instalación del nuevo Gobierno, para decidir si responde con hechos verificables o si deja que la respuesta se la construyan otros. Si las instituciones electorales esperan a que la desconfianza se instale para reaccionar, van a estar siempre un paso detrás, en un país que no puede permitirse otro ciclo electoral bajo sospecha.
La pregunta no es si el discurso de Trump tiene razón sobre Estados Unidos, es si el Perú va a usar esta ventana para blindar los procesos electorales frente a las vulnerabilidades enunciadas, proveyendo una mayor credibilidad al sistema electoral. Y eso es necesario, tras una primera vuelta plagada de irregularidades y una demora irritante en la segunda vuelta.
















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