Berit Knudsen
Irán responde ante la superioridad militar
Con una estrategia horizontal basada en la dispersión de frentes
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán comenzó golpeando el núcleo político del régimen iraní. La operación “Epic Fury” fue concebida como estrategia de decapitación. Doscientas aeronaves ejecutaron quinientos bombardeos contra bases militares, centros de mando y estructuras del aparato de seguridad. El objetivo principal fue el complejo presidencial en Teherán, donde murió el líder supremo Ali Khamenei y 48 altos mandos del sistema político y militar. El propósito era paralizar la estructura de mando y demostrar superioridad militar.
La respuesta iraní, lejos de competir con la aviación de Estados Unidos o Israel, recurrió a su principal instrumento militar: el arsenal de misiles y drones. Ante el dominio del espacio aéreo por parte de las fuerzas adversarias, Irán aplicó una estrategia combinada de saturación y dispersión geográfica.
Durante los primeros días del conflicto, Irán lanzó cerca de 300 misiles y 1,500 drones contra una amplia red de objetivos. Los ataques, además de Israel, alcanzaron las veintisiete bases militares estadounidenses en la región e infraestructura estratégica. Aeropuertos, refinerías, centros de información, radares, embajadas, plantas desalinizadoras, hoteles y edificios civiles fueron incluidos en la escalada regional.
Las operaciones se extendieron por múltiples frentes: Israel, Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Qatar, Kuwait, Bahréin, Jordania, Siria e Iraq, alcanzando además espacios como Chipre, Azerbaiyán y Turquía, sumando doce escenarios simultáneos.
Esta dispersión responde a una estrategia de escalada horizontal, que extiende la guerra a múltiples espacios geográficos. Cada nuevo frente obliga al adversario a dividir recursos, aumentando la presión sobre sus defensas.
El mecanismo central de esta estrategia es la saturación. Las defensas antimisiles funcionan como una cadena que comienza con sensores o radares de alerta temprana, continúa con centros de comando que procesan la información y termina con interceptores capaces de destruir proyectiles en vuelo. Ante decenas o centenares de drones y misiles llegando desde diferentes direcciones, el sistema debe responder simultáneamente a múltiples amenazas. Incluso si las intercepciones tienen éxito, el proceso consume enormes recursos.
Aquí aparece otra dimensión de la estrategia: el costo. Los drones y misiles utilizados por Irán tienen precios relativamente bajos, entre US$ 20,000 y cerca de un millón por unidad. Los interceptores usados para destruirlos pueden costar millones. En términos simples, derribar un dron de veinte mil dólares puede costar millones. La saturación no busca solo causar daño físico, sino también generar desgaste económico.
Algunos ataques incluyeron misiles con ojivas de racimo. Estas cargas liberan múltiples submuniciones que se dispersan sobre amplias áreas en lugar de impactar en un solo punto. Este armamento complica el cálculo defensivo porque, incluso si el misil es interceptado, los fragmentos o submuniciones afectan extensas zonas.
El conflicto se extiende al espacio marítimo del Golfo Pérsico. El estrecho de Ormuz es el corredor energético más sensible del mundo, por donde transita más del veinte por ciento del petróleo global. Los ataques contra buques petroleros mediante drones navales o la presencia de minas interrumpen el tráfico marítimo, afectando los mercados energéticos y el comercio iraní, poniendo en riesgo su propia supervivencia.
Estados Unidos es la mayor potencia militar del mundo e Israel la principal potencia militar regional. Ante esa superioridad, el escenario muestra una guerra sin enfrentamientos convencionales directos. Frente al desequilibrio de fuerzas, Irán recurre a una estrategia horizontal basada en la dispersión de frentes, saturación de defensas y presión económica. La expansión del conflicto hacia múltiples escenarios y la amenaza constante sobre infraestructura y rutas energéticas constituye el modo en que Irán sostiene su resistencia frente a adversarios con capacidades militares superiores.















COMENTARIOS