Alicia Barco

La crisis de la credibilidad y la erosión de los valores en el Estado

Se hace evidente una profunda quiebra en el tejido social del país

La crisis de la credibilidad y la erosión de los valores en el Estado
Alicia Barco
24 de septiembre del 2026

 

El Perú atraviesa por un periodo de profunda fragilidad institucional, en el que las decisiones políticas y la degradación social avanzan al mismo ritmo. La ciudadanía asiste hoy, entre la perplejidad y el desencanto, a una cadena de acontecimientos en el aparato estatal y en la sociedad que revelan la pérdida progresiva del sentido de autoridad, la impunidad y el resquebrajamiento ético de nuestras instituciones.

Lo ocurrido recientemente en el colegio Liceo Naval Almirante Guise, marcado por graves episodios de violencia e indolencia, no es un hecho aislado: es el síntoma de una sociedad que ha dejado de formar en valores desde el hogar y la escuela. Los principios no se aprenden en discursos ni en manuales, sino con el ejemplo de vida. Cuando la violencia se normaliza entre los jóvenes y las familias justifican lo injustificable, se evidencia una profunda quiebra en el tejido social que el Estado tampoco ha sabido contener ni prevenir.

A esta crisis formativa se suma la evolución del escenario político y mediático. En los últimos días la atención pública ha quedado capturada por escándalos que involucran desde la esfera política, como el caso mediático en torno al asesinato de la llamada "China Polo", hasta decisiones de alto calibre e incomprensibles en la cúpula de la Policía Nacional del Perú.

El punto más neurálgico de este escenario se evidencia en los cambios en las jefaturas de inteligencia e investigación criminal. El relevo en la dirección de la Dirincri y la reubicación de altos mandos policiales —algunos cuestionados por sus antecedentes o por el desempeño demostrado en episodios críticos de violencia e inestabilidad, como lo ocurrido en Trujillo y La Libertad— generan interrogantes inevitables. ¿Con qué credibilidad se pretende liderar la lucha contra el crimen organizado, la extorsión y la delincuencia cuando los ascensos y relevos parecen responder a presiones políticas más que a criterios estrictos de mérito, eficacia y transparencia?

La investigación criminal y la seguridad nacional no son espacios para el ensayo y error ni para el cálculo político. Cuando la ciudadanía percibe que las jefaturas clave del orden interno se mueven en función de conveniencias de turno, la confianza en las fuerzas del orden se debilita irremediablemente. Sin confianza no hay legitimidad, y sin legitimidad el Estado pierde su capacidad primordial de proteger a la sociedad.

Lo que está pasando en el país no es únicamente una crisis de gestión; es una crisis de gobernanza, de moral pública y de educación en valores. El Perú necesita con urgencia recuperar la institucionalidad, la meritocracia en la función pública y una pedagogía cívica que ponga en el centro la integridad y la responsabilidad. La seguridad ciudadana y el futuro de nuestras familias no pueden seguir siendo moneda de cambio en el juego político.

Alicia Barco
24 de septiembre del 2026

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