Silvana Pareja

La deuda pendiente con las mujeres en el Perú

Más allá de la igualdad formal

La deuda pendiente con las mujeres en el Perú
Silvana Pareja
06 de marzo del 2026

 

Cada 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer. Más que una fecha simbólica, es una oportunidad para reflexionar sobre cuánto hemos avanzado, y cuánto falta aún, para alcanzar una sociedad verdaderamente justa. En el Perú, esta reflexión adquiere un significado especial cuando recordamos que el 28 de julio de 1821 se proclamó la independencia del país bajo el principio de igualdad entre los individuos. Sin embargo, esa noción de “individuo” no incluía realmente a las mujeres. Aquella promesa de igualdad fue concebida dentro de un mundo dominado por hombres, donde los derechos políticos, civiles y sociales estaban reservados casi exclusivamente para ellos.

Durante gran parte de la historia republicana las mujeres quedaron relegadas a un rol secundario en la vida pública. No fue sino hasta 1955 que las peruanas obtuvieron el derecho al voto, un hito que marcó el inicio de un proceso de reconocimiento formal de sus derechos. Sin embargo, más de dos siglos después de la independencia, la igualdad jurídica no ha sido suficiente para eliminar las brechas que persisten entre hombres y mujeres.

Hoy el Perú cuenta con leyes que reconocen la igualdad y prohíben la discriminación. La Constitución establece que todas las personas son iguales ante la ley y el ordenamiento jurídico contempla mecanismos para sancionar la violencia y promover la participación femenina. No obstante, la realidad demuestra que la igualdad formal no siempre se traduce en igualdad real.

Las mujeres continúan enfrentando obstáculos estructurales en distintos ámbitos. En el mercado laboral, persisten brechas salariales y menores oportunidades de acceso a puestos de liderazgo. En el ámbito político, su representación sigue siendo limitada en comparación con la de los hombres. En el terreno social, miles de mujeres continúan expuestas a situaciones de violencia que reflejan patrones culturales profundamente arraigados.

Frente a este panorama, resulta evidente que el desafío no se resuelve únicamente con normas legales. Se requiere una política de Estado sostenida que vaya más allá de la igualdad formal y que aborde las causas estructurales de la desigualdad. Esto implica impulsar políticas educativas que promuevan desde la infancia una cultura de respeto, igualdad y corresponsabilidad entre hombres y mujeres. La educación es uno de los instrumentos más poderosos para transformar mentalidades y desmontar estereotipos que durante siglos han limitado el desarrollo pleno de las mujeres.

Asimismo, se necesitan políticas sociales y económicas que faciliten la autonomía femenina. Programas que impulsen el acceso de las mujeres a la educación superior, al emprendimiento, a la tecnología y a espacios de toma de decisión son fundamentales para cerrar las brechas existentes. Del mismo modo, el fortalecimiento de los sistemas de prevención y atención de la violencia debe ser una prioridad permanente del Estado.

Hablar del Día de la Mujer no debe limitarse a una celebración simbólica. Debe ser, sobre todo, un recordatorio de que la igualdad proclamada hace más de dos siglos sigue siendo una tarea inconclusa. El verdadero progreso de una nación no se mide únicamente por sus avances económicos o institucionales, sino también por la capacidad de garantizar que todos sus ciudadanos, hombres y mujeres, puedan desarrollar plenamente su potencial.

El Perú ha recorrido un largo camino desde 1821. Pero la promesa de igualdad sólo se cumplirá plenamente cuando la igualdad ante la ley se traduzca, finalmente, en igualdad en la vida cotidiana. Solo entonces podremos decir que la independencia también fue, de verdad, para las mujeres.

Silvana Pareja
06 de marzo del 2026

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