Antero Flores-Araoz
Megapuerto de Chancay en modo pausado
Por las penosas irresponsabilidades del Estado peruano
En varias oportunidades nos hemos referido al nuevo Puerto de Chancay, una inversión dual china y peruana, esta última de la minera Volcán. La inversión ha sido sumamente exitosa y en su primera etapa ya lleva funcionando año y medio, aunque con inconvenientes por penosas irresponsabilidades del Estado Peruano, que no cumple con sus obligaciones.
Mientras los inversionistas corrían más que atletas en olimpiadas para cumplir con los plazos que ellos mismos se habían impuesto, las obligaciones de las autoridades nacionales seguían expuestas, pero no cumplidas. Un importante puente de ingreso a Chancay que colapsó, sigue sin ser repuesto, por más juramentos de reposición de las autoridades que les dicen competentes, aunque demuestran ser lo contrario. Se ha creado una autoridad especial para el puerto, que ha cambiado repetitivamente su jefatura pero sigue consumiendo recursos públicos para nada o casi nada.
Lo que es peor, se requiere de una vía terrestre de ingreso a Chancay desde Lima, que debería ser de circunvalación, pero los ministerios que se supone deben ponerse de acuerdo para ello, como son los de Transporte y Vivienda, no lo hacen y los anteriores Presidentes del Consejo de Ministros no hicieron su tarea de conciliación. Empero, hay optimismo en que el actual lo haga ya que en su presentación al Congreso el 16 de abril último afirmó: “Avanzaremos en proyectos estratégicos como el Terminal Portuario de Chancay, asegurando una gobernanza territorial moderna y alineadas al desarrollo nacional de largo plazo”.
La Municipalidad Provincial de Huaral, de la que depende la distrital de Chancay, no cumple con aprobar el Plan de Desarrollo Urbano de la ciudad-puerto, que podría definir el orden requerido para que en Chancay no se repita el desorden al hacer los ciudadanos lo que les da la gana, incluso patios de contenedores en ubicaciones inconvenientes.
Hay además connotaciones internacionales en la construcción y funcionamiento del puerto de Chancay, debido a la creencia de algunas autoridades estadounidenses de que podría usarse para el comercio, pero también como complejo militar-naval. Las autoridades nacionales con rigor han desmentido dicho aserto y han reiterado que el Perú mantendrá sus buenas relaciones con todos los países, tanto en lo comercial como en lo gubernamental, aunque teniendo presente que se encuentra en la órbita americana como lo han destacado nuestro actual canciller y el anterior, así como nuestro embajador ante los Estados Unidos de América, tres funcionarios eficientes y de primer nivel.
No hay que olvidar la importancia internacional de Chancay, primeramente por su ubicación geográfica al medio de América del Sur, por servir al comercio desde el Pacífico hacia el Atlántico, reduciendo los tiempos de navegación y con el complemento del ferrocarril brasilero-peruano que unirá ambos océanos.
A todo lo señalado hay que agregar la construcción del Parque Industrial de Ancón que, según aseveración del embajador Juan Carlos Capuñay, “representa un vector de desarrollo para la economía del Perú, un mecanismo operativo para el redespliegue industrial, de cara a un crecimiento sostenido e inclusivo”. No olvidemos que Ancón está en el centro de la vía del Callao a Chancay.
En el Congreso de la República se creó una comisión especial para el seguimiento de la acción estatal para hacer que se cumplan los objetivos del puerto de Chancay. Lamentablemente hay exceso de floro y nula acción. Ojalá nuestras autoridades despierten de su marasmo y logren que el Estado complemente la tarea de los inversores portuarios, en lo que es de su competencia.















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