Jorge Varela
Saberes de gobierno
Cumplir los deberes y poder llegar a puerto
¿Qué significa gobernar? ¿Usted se atrevería a emprender un conjunto de atribuciones y funciones públicas tan complejas y delicadas, como las que requiere hacerse cargo del rumbo político y administrativo de un país tan querido como el suyo? Ya sé, es muy probable que me diga, no obstante su amor por los demás y por la patria, que no está dispuesto a asumir tareas importantes, porque usted no se considera un ser político, ni está dispuesto a incorporarse a los avatares de un ámbito que no conoce ni es de su agrado. Ante una respuesta tan clara y contundente, habría que felicitarlo por su honestidad y agradecerle su franqueza. Su sinceridad es apabullante.
Lamentablemente no todos piensan igual o actúan de modo similar. Nunca faltarán los voluntarios, los ansiosos, los candidatos al sacrificio recompensado con creces, los apóstoles de proyectos imaginarios sin destino, los audaces inexpertos, los encantadores de serpientes.
Gobernar es pilotar una nave hacia puerto seguro
¿En qué consiste el quehacer gubernamental? Se lo ha definido como la acción de dirigir, administrar y ejercer el poder político en un Estado o territorio. El término proviene del latín gubernare, el cual deriva a su vez del griego kybernéin, cuyo significado original es "pilotar un barco". La analogía es clara: así como un capitán maneja el timón de la nave hacia su puerto de destino, sorteando desafíos e inclemencias, gobernar implica guiar a la sociedad hacia sus objetivos. Para estar a cargo de tan tremenda responsabilidad se necesita experiencia y harto coraje.
El propósito fundamental es guiar a la sociedad hacia el bienestar general, adoptar decisiones estratégicas, administrar recursos públicos, garantizar el orden y la seguridad, mediante los órganos institucionales y de acuerdo con las normas vigentes. En este sentido no se trata pues, de imponer la voluntad de una sola persona, sino de resolver y ejecutar acciones a través de las instituciones del Estado en áreas esenciales como la económica, la de seguridad, la sanitaria, la de educación y las relaciones externas.
La toma de decisiones exige tener ideas claras, priorizar con inteligencia las demandas sociales, ser prudentes al momento de implementar medidas complejas o impopulares, movilizar recursos de modo estratégico, asumir con entereza los costos políticos. Ser buen gobernante es mantener equilibrio y cautela en la conducción segura del rumbo de la nave, no derivar en lector obligado de ensayos o artículos cizañeros escritos por intelectuales vanidosos, esparcidores de toxinas que esperan cualquier falla de gestión para golpearle a placer.
En sistemas democráticos representativos, como el chileno o el peruano, gobernar no es sinónimo de poder absoluto. La autoridad debe ejercerse bajo el marco de una Constitución y de normas jurídicas, en que coexisten junto al ejecutivo otros poderes, como el legislativo, el judicial, el contralor; entes que aseguran el cumplimiento de dichas normativas y la transparencia.
¿Qué hacer frente al desgobierno?
Una cuestión que siempre ha concentrado la atención de los gobernados es el modo eficaz en que debieran actuar en carácter de cuerpo social, ante lo que se califica de mal gobierno. Es un asunto trascendente que suele estar contaminado de momentos de pasión e irracionalidad que impiden comportarse cómo árbitros justos o actores prudentes.
¿Qué ocurre cuando los que llegan al poder de forma legítima o ilegítima, por voluntad popular o utilizando medios anti-éticos, se desvían del bien común general y actúan cómo perezosos, incompetentes, sátrapas, corruptos o totalitarios? ¿Cómo reaccionar cuando estos malvados se dedican a disfrutar de los recursos estatales y se olvidan del bienestar de los miembros del cuerpo social? ¿Cómo castigar el desgobierno o la ausencia de gobierno, cuando ya no basta el contrapeso de las instituciones existentes?
Servir sin esperar nada a cambio
Un gobierno democrático cuyos ciudadanos han sido educados para entender y evaluar libremente el funcionamiento de lo público y la conducta moral de quienes detentan el poder y no se dejan seducir por la demagogia, el simplismo ideológico o la corrupción, tiene y tendrá que trabajar día a día para que todos progresen y no defraudarlos.
Gobernar es servir hasta el extremo del deber, sin esperar nada a cambio. Gobernar es tener metas compartidas y cumplirlas. Existió un presidente que expresó: “gobernar es educar”. Qué razón tenía el recordado profesor-mandatario Pedro Aguirre Cerda cuando se dirigió a los chilenos aquel día 21 de mayo de 1939. Antes de él, Valentín Letelier había declarado: “Para el sociólogo y para el filósofo bajo el respecto moral, gobernar es educar, y todo buen sistema de política es un verdadero sistema de educación”.















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