Arturo Valverde

Sonó otro aldabonazo

Sobre la novela de Faulkner traducida por Jorge Luis Borges

Sonó otro aldabonazo
Arturo Valverde
03 de junio del 2026

 

Recordaba, días atrás, una novela que leí durante la pandemia; una época en que mi buen librero tenía la cordialidad de enviarme un buen número de libros para leer a mi casa. Una de esas obras se llamaba Palmeras Salvajes, y su autor era William Faulkner. 

Era un libro pequeño con una cubierta amarronada bajo el sello de Editorial Sudamericana; no recuerdo el año de impresión, pero superaba los cincuenta años o más. Miraba el libro cuando, de repente, llamó mi atención el nombre del traductor: Jorge Luis Borges. 

Pospuse otras lecturas (de Kazantzakis, Lamartine y no recuerdo cuáles más), cogí aquel libro y me puse a leerlo llevado por la curiosidad de que Borges hubiese traducido al español esa obra. Con tiempo de sobra, me dedicaba por completo a leer y escribir; fueron años bastante productivos en los que me entregué a estudiar a conciencia a quienes me antecedieron en mi oficio. 

Para no perder el hilo, leí la primera página: “Sonó otro aldabonazo, a la vez discreto y perentorio…”, y fue como recibir un gancho directo en la quijada; al menos, esa es la manera en que puedo describirlo; un tremendo gancho, cuyo efecto siento después de años de su lectura.

Apenas acabé el primer capítulo, cuando me encuentro con otra historia, El viejo: “Una vez (en Misisipi, en mayo, en 1927, año de la inundación) había dos penados”. ¿Qué era esto? Doble gancho y directo a la lona. 

Antes de enfrentarme a Palmeras Salvajes había leído una novela de Faulkner —Santuario o Villorrio, no recuerdo el orden—, pero conocer Palmeras fue una experiencia literaria que me hizo reflexionar profundamente sobre las posibilidades y libertades para contar una historia y la novela como una obra de arte en sí misma.

Releer esa novela —aunque sea en mi mente—, sigue siendo una experiencia gratificante. Puedo atravesar el parque de La Residencial, por la mañana, entre ardillas y pajaritos de colores, y repetirme en silencio, solo para animarme el día: “Sonó otro aldabonazo…”. 

Lo más curioso de mi historia con Palmeras Salvajes de William Faulkner es que nunca ordené ese libro; me lo enviaron en reemplazo de otro y cuando lo vi, me dije: “yo pedí otro título, pero qué más da, habrá qué leerlo…”. Y así es como recuerdo el día en que conocí la obra con el aldabonazo más potente que hasta ahora resuena en mi mente.

Arturo Valverde
03 de junio del 2026

NOTICIAS RELACIONADAS >

Héroes o villanos

Columnas

Héroes o villanos

  “Si he de convertirme en el héroe de mi propia vi...

06 de mayo
Hasta pronto, Lito

Columnas

Hasta pronto, Lito

  Las librerías están de luto. Víctor Ra&ua...

28 de abril
Pascua espacial

Columnas

Pascua espacial

  Este Domingo de Pascua (o de Resurrección), un grupo de...

07 de abril

COMENTARIOS