Jorge Varela
Tribus políticas
Fomes, mentirosos, fastidiosos y revoltosos
Se ha extendido con algo de cínica ironía el uso de la palabra “fomes” para calificar a los miembros del gobierno del presidente chileno José Antonio Kast. La comunicadora Mara Sedini, dolida en su alma por la petición de renuncia al cargo de ministra vocera que ocupó por dos meses y días, se encargó de instalar dicho vocablo en las carteleras política y farandulera, simultáneamente. Según su versión, mientras ejercía dicha responsabilidad, un importante personero le manifestó: “Este el gobierno de los fomes, nos vestimos fome, hablamos fome, respondemos fome”. El consejo implícito era: tienes que actuar así. En Chile, “fome" es la persona aburrida, sin gracia, esa que no divierte ni entretiene.
En todo caso, no es lo mismo ser fome que latoso. Latoso es el que causa y provoca fastidio, molestia o cansancio; pero también es el pedante, el que hace alarde, el mentiroso.
Los mentirosos y la odisea de la verdad
La verdad nacida de la observación de la realidad, del conocimiento empírico, del análisis lógico-abstracto, del estudio reflexivo-ponderado, es en sí la encarnación de lo real-contundente que genera certezas, coloca en jaque al error y desnuda a la mentira. Aquellos que se oponen a tal majestad: la rechazan; no la admiten y aunque la perciban afirman que no la desean- y la niegan. Ante tal evidencia, cierran sus párpados y oídos; hasta su piel seca se les eriza cuando sienten su cercanía.
La luz que emana de la verdad es tan poderosa que su reflejo les provoca pavor y ni siquiera son capaces de oler el intenso aroma que desciende de dicha energía. Estos villanos contumaces simulan actuar en nombre del resplandor que ella proyecta; pero les es imposible ocultar que se comportan como si se hubieran licenciado de timoratos carentes de dignidad personal. Quizá confundieron la verdad con una gran “odisea” por el control del poder hegemónico; pero no supieron conjugarla en tiempo futuro antes de emprender la ruta y pensaron que la fórmula mágica para tener éxito consistía en esparcir al viento la consigna: “odio-sea”, “mentira sea”. Se equivocaron: el imperio de la verdad no puede estar al servicio de la ignorancia, del error, del odio, del rencor, de la violencia, del caos.
Una tercera fauna política: los fastidiosos
El espacio público ha sido copado por una segunda tribu -o fauna- merecedora de estudio, en la que abundan varios especímenes arrogantes y otros -todavía inclasificables-, que actúan al interior de un terreno de dimensiones acotadas en un país de geografía larga, pero estrecha; factor que permite observarlos y someterlos a examen anátomo-psicológico previo. Sin duda, no son fomes, ni actúan como fomes, porque su estructura psico-fisiológica se caracteriza por su predisposición a sobrepasar determinadas formas de comportamiento social habituales, aceptadas por sus amigos y compadres como si fuesen normales o moderadas.
Aquí usted encontrará una variedad de seres intrépidos que gozan de los placeres que brinda la existencia; conocerá a personajes que parecieran humoristas, payasos o bufones, pero sin aptitudes para ser artistas; a espíritus frívolos-exuberantes; a actores y actrices en ciernes que no sienten pánico escénico y no trepidan en subir a un escenario o a una tribuna, sin que hayan sido convocados. Son amantes del espectáculo, maestros de la tarima, de la parrillada y el ritmo. Con ellos es imposible pasar penas. Así se explican muchos de sus comportamientos fastidiosos.
Los revoltosos
En otro recodo se ubica la fauna de los revoltosos ilustrados, ¿por cuál vereda transitan? Ser revoltoso no es lo mismo que ser un rebelde intelectual discípulo de Albert Camus. El revoltoso pertenece a una subcategoría que al interiorizar y suscribir el mensaje de la violencia en cualquiera de sus formas, ha dado un primer paso para titularse de monstruo e iniciar la marcha hacia aquel destino que terminará siendo su tumba física y espiritual. Primero se convertirá en lector frecuente de Georges Sorel y de Frantz Fanon, luego lanzará piedras, enseguida utilizará armas, después su conducta irracional le transportará vertiginosamente en dirección a su propio caos, antes de acabar devorado por el abismo que él mismo quiso generar para otros.
Al revoltoso es fácil describirlo, inicialmente es ese típico individuo desaliñado que pasa por etapas: pelo al viento, barba descuidada, vestimenta desordenada, polera con la imagen impresa del Che Guevara, más una serie de actitudes impropias. Sin embargo, su presentación exterior no es lo más importante. Varios de estos seres están atrapados en una personalidad disruptiva que los determina a comportarse como anormales extraños al cuerpo social.
A propósito, además de los latosos, ¿entre las tantas tribus enemigas de la verdad se encuentra también la de los revoltosos?
















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