Eduardo Vega
¿Y si cambiamos el sistema?
El Presidente de la República debería ser elegido entre los miembros del Senado
Faltan 37 días para las elecciones generales, y no sé si seré el único, pero siento que las votaciones del 12 de abril del 2026 no serán un evento trascendente para el Perú. Sin ir muy lejos, las noticias de la última semana tienen como tendencia los accidentes de tránsito y la guerra en Oriente, dejando de lado las propuestas electorales presidenciales y parlamentarias.
Lo peor es que lo descrito en el párrafo anterior ni siquiera es llamativo. Luego de tantos cambios en la Presidencia de la República es razonable tener a la población poco expectante de los posibles resultados en la elección, pues en el transcurso de los últimos años ha quedado grabada en el inconsciente colectivo de los peruanos una suerte de poca relevancia en la figura presidencial frente al parlamento.
Siempre he creído que la elección directa de una persona como presidente de la nación, no es más que el resultado de una votación de carácter emocional, no racional, que se puede reducir a la representación del carisma/odio que puede acumular un político en particular dentro de una campaña, normalmente marcada de promesas demagógicas y pullazos, que nunca son contrastados con la realidad o su viabilidad.
Quizá en algún momento de la historia, la metodología del voto directo para presidente tenía algún grado de correspondencia con la realidad peruana; sin embargo, tras décadas de políticos apáticos y distantes, más preocupados por el intercambio de favores en pro de intereses personales que en la nación, o en el ejercicio negociaciones para gestar movidas de presión parlamentaria; hoy hemos perdido la fe en la clase política, lo que deriva en una campaña electoral absolutamente desmotivada y desmoralizada; que lejos de generar esperanza, promueve resignación.
Al día de hoy, no hay un candidato o partido destacado sobre el resto. El excesivo divisionismo de la clase política en más de 30 partidos sólo deja más que pensar y genera dudas respecto de la autenticidad de las propuestas. Además de la poca legitimidad de varios candidatos, aparentemente interesados en repartir una “comisión sobre los gastos de la franja electoral”, antes que en proponer soluciones reales para el país.
Así las cosas, lo único que debería ser claro, es que tan importante como el voto para presidente, es el que reciben las bancadas que estén más alineadas a sus intereses. Por ello los invito a pensar y evaluar bien los votos para parlamentarios, teniendo como premisa principal que el control político y efectivo de nuestra nación recaerá principalmente entre los diputados y senadores de los partidos que pasen la valla electoral. Recuerden que, así como una gaviota no hace verano, ¡una persona no hace gobierno!
Nunca creí en la elección del presidente por voto popular como fórmula eficiente, por el contrario, siempre he sido partidario de la elección indirecta. Incluso considero que el presidente debería ser elegido entre los miembros del Senado, pero por el 75% del voto público y universal de todos los parlamentarios reunidos en un “cónclave” exclusivo para dicho efecto; luego de que estos últimos son elegidos por la población para el mismo periodo. De esta manera, no solo empujamos a la población para que sea más consciente sobre la importancia de elegir grupos parlamentarios sólidos, sino que a través del voto público de éstos para elegir al presidente tendremos claro quiénes son los que traicionan o apoyan los ideales y convicciones por los que fueron elegidos.
Propuestas como la anterior siempre serán despreciadas por quienes juegan con el gusto de la población por los caudillos. A ello se suma el mesianismo de la mayoría de nuestros políticos, que nunca da espacio para el reconocimiento de una realidad que ciertamente ha sido bastante funcional para la historia del Perú. Ya hemos aplicado el sistema al menos tres ocasiones en los últimos 25 años, y los resultados fueron superiores al de la última elección.
















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