El turismo peruano comenzó el 2026 con señales alentador...
Los resultados de las elecciones nacionales del 2026 posibilitan una interesante reflexión sobre las tendencias económicas, sociales y políticas en el país, sobre todo si se compara la votación de las ciudades y el área rural, de la capital con las provincias y otros. Sin embargo, también existe un espacio interesante de análisis si se comparan los resultados electorales en las regiones mineras con respecto a las áreas de agroexportación.
A estas alturas, sabemos que en las zonas mineras los ciudadanos votaron por Roberto Sánchez y las propuestas antisistema en general, mientras que en las regiones agroexportadoras hubo un sufragio masivo a favor de la inversión y el empleo; es decir, por Keiko Fujimori. Existen diversas interpretaciones para estos resultados, sin embargo, vale señalar una paradoja absurda que se presenta en el modelo peruano desde que el capital regresó al campo y a la minería luego de las reformas de los noventa.
Como todos sabemos durante el modelo de sustitución de importaciones de la dictadura militar, que permaneció desde el velascato hasta el primer gobierno de Alan García, simplemente se canceló la inversión privada en el agro, la minería, en la sociedad y en las provincias. En ese entonces el Estado vendía de todo, desde leche hasta boletos de cine. Con las reformas de los noventa regresó el capital, sobre todo a las provincias, al Perú profundo. La minería acumuló alrededor de US$ 60,000 millones en inversiones y el milagro agroexportador sumó más de US 20,000 millones en emprendimientos. La pobreza en regiones con inversiones mineras ha bajado considerablemente (Moquegua, 7.8%) y en las áreas agroexportadoras también (Ica, 4.5%). Sin embargo, la gente vota con diferencias abismales.
Una de las explicaciones de las diferencias es el Estado. El proceso descentralizador (regiones y municipios) se ha convertido en un espacio de saqueo nacional de la riqueza que producen la minería y las agroexportaciones, riqueza que se paga a través de los impuestos. Semejante prosperidad no se ha convertido en agua potable, desagüe, carreteras, postas médicas y escuelas. En ese contexto, las empresas mineras y agroexportadoras son identificadas por la población como “representantes de los servicios estatales”. En otras palabras, ante la ausencia del Estado y el saqueo de la riqueza nacional, la empresa privada se convierte en “el Estado”. Y esta situación se agrava en las zonas mineras –sobre todo en las áreas andinas– porque el Estado está más ausente que en las áreas de la costa donde prosperaran las agroexportaciones. Y el asunto sigue agravándose de manera dramática porque viene el radical, el extremista, el populista, quienes generalmente conducen los gobiernos regionales y municipales, y denuncian que no hay agua potable porque “las empresas no pagan impuestos”.
En otras palabras, el modelo en que el sector privado crea la riqueza a través del pago de impuestos y los políticos y los burócratas saquean esos recursos con obras ineficientes y corrupción generalizada es mucho más grave en las regiones mineras. En las últimas dos décadas se desarrollaron seis elecciones nacionales bajo este modelo, pero hubo cuatro balotajes en los que la defensa del sistema y el antisistema se disputaron la mayoría nacional.
Las demandas en las regiones mineras en este contexto se multiplican por la ausencia del Estado y la prédica radical, demandas que no se focalizan en los sectores que saquean la riqueza sino en la empresa privada que la crea. He allí el círculo de hierro perfecto que explica las votaciones en las zonas mineras a pesar de la impresionante reducción de la pobreza.
Carlos Gálvez, ex presidente de la SNMP, ha sostenido en este portal que existe un voto corporativo dirigido por los presidentes de las comunidades. En cualquier caso, una confirmación de las narrativas en contra de la inversión. Por otro lado, en las regiones agroexportadoras la multiplicación del empleo formal construye más Estado y el encadenamiento entre grandes y pequeñas empresas para crear cadenas agroexportadoras multiplica el impacto de las inversiones.
Cualquiera sea la aproximación, es incuestionable que el nuevo gobierno debe impulsar una alianza entre las agroexportaciones, la minería y el Estado para relanzar las inversiones y la descentralización superando las fallas y el saqueo de recursos de la actual regionalización. Una vez más, la inversión privada es la clave de la solución de los problemas del país.
















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