El sábado por la noche Pedro Pablo Kuzcynski (PPK) inform&oacut...
El Estado burocrático que se ha construido en base a las narrativas de la izquierda en contra de la inversión privada y que multiplica ministerios, oficinas y sobrerregulaciones con el objeto de “controlar la voracidad del capitalismo”, también ha naufragado en proveer los servicios electorales. En estas elecciones la Organización Nacional de Procesos Electorales (ONPE) ha acumulado tal cantidad de ineficiencias e irregularidades que se ha puesto en peligro la legitimidad de la primera vuelta electoral. En este contexto, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) también carga con la responsabilidad.
Ahora que se han proclamado a los dos candidatos que pasarán a la segunda ronda (Keiko Fujimori y Roberto Sánchez) en medio de un cómputo dramático de los votos, que ha reducido significativamente los días de campaña reales hacia la segunda vuelta que se materializará el domingo 7 de junio, el JNE tiene la responsabilidad de enmendar los yerros del sistema electoral.
La manera de enmendar cualquier error previo no es solo permaneciendo alerta ante las recurrentes fallas e ineficiencias de la ONPE, sino también promoviendo tres debates electorales que fomenten la reflexión de los electores nacionales y posibiliten el tipo de toma de decisiones que se debe producir en un Estado de derecho. ¿A qué nos referimos? La reducción de días de campaña efectiva por los yerros de la ONPE debería subsanarse con tres debates electorales que aclaren las confusiones del soberano, del ciudadano y del sufrido elector. Es decir, un debate de los equipos técnicos, otro de los vicepresidentes y, finalmente, el gran debate de los dos candidatos presidenciales.
El debate de los equipos técnicos debe dejar en claro las propuestas de Fuerza Popular y la alianza entre Juntos por el Perú, el movimiento etnocacerista de Antauro Humala y el Movimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef), un grupo vinculado al maoísmo senderista. ¿Por qué subrayamos las alianzas de Sánchez con todo el radicalismo que se organizó detrás de la candidatura de Pedro Castillo en las elecciones del 2021? Porque Roberto Sánchez, quien se ha puesto el sombrero del profesor de Chota, ha comenzado a negar esas alianzas con el objeto de desmarcarse de ese radicalismo que lo ubica en la segunda ronda.
Por otro lado, el debate de los vicepresidentes adquiere trascendencia superlativa a la luz de los acontecimientos de la historia reciente. Durante un diálogo entre Juan Sheput y Víctor Andrés García Belaunde en un programa de El Montonero, el primero ha señalado que hubo siete jefes de Estado en un periodo en que debió haber dos, y por eso es fundamental conocer quiénes son los vicepresidentes de las fórmulas que van al balotaje. De nuestro lado agregaremos que la inestabilidad de siete jefes de Estado en vez de dos no solo tiene que ver con los errores de los políticos y la falta de partidos, sino con la colisión entre sistema y antisistema, que caracteriza al proceso político nacional en la última década. En este contexto, los candidatos que pasan a la segunda vuelta hoy reproducen esa colisión. Keiko es la expresión del sistema, del Estado de derecho y la economía de mercado, y Sánchez representa el extremismo radical, la asamblea constituyente y las fórmulas del eje bolivariano.
Finalmente, el debate entre Keiko y Sánchez debe permitir que los millones de peruanos observen los gestos y los ojos de ambos candidatos y saquen sus necesarias conclusiones acerca de quién tiene la mejor propuesta para sacar el país de la anarquía y el desorden. E igualmente, quién es el candidato cuyos gestos y miradas reflejan sinceridad y qué postulante es la figura antropomórfica de un relato, de una simple fábula que se escribe para llegar al poder cueste lo que cueste.
















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