Herberth Cuba
Ajuste técnico en la innovación ante el dengue
Retroceso y problemas éticos en lucha contra el dengue
El 31 de agosto de 2026 ha sido promulgada la Resolución Ministerial 750-2026/MINSA, que modifica el documento técnico “Plan de implementación y evaluación de la estrategia de Wolbachia para el control del dengue en escenarios priorizados 2025-2027”, aprobado mediante RM 485-2025/MINSA de julio de 2025. El Plan introduce una innovación en la lucha contra el dengue, ya que busca contribuir a la reducción de la morbilidad y mortalidad por dengue mediante la liberación de mosquitos Aedes aegypti infectados con la bacteria Wolbachia, que bloquea la transmisión del virus.
Antes que nada, es importante resaltar la necesidad del cambio de paradigma de la población en general en la lucha contra el dengue que trae consigo esta innovación y que se encuentra incluido en el Plan de implementación. El cambio en los usos y costumbres implica, en primer lugar, que la población que antes se enfocaba en las campañas de control del dengue basadas en la eliminación de criaderos, fumigación y en la promoción de una cultura de combate y exterminio del mosquito, ahora debe enfocarse en reemplazar a la población silvestre de mosquitos por una nueva población que ya no transmite el dengue. El cambio de paradigma es que ya no se eliminan los mosquitos, sino que se liberan mosquitos para reemplazar a los que sí transmiten el virus del dengue, zika y chikungunya. En segundo lugar, implica la promoción de nuevas prácticas, como la participación de la comunidad en la liberación de mosquitos; por tanto, debe estar informada y con acompañamiento durante el proceso de liberación, hasta convertirse en cogestora del cambio de estrategia. El proceso requiere una educación sanitaria continua de la población en la práctica, con el reporte de la presencia de mosquitos y en la vigilancia entomológica. En tercer lugar, es necesario superar la inercia cultural de asociar cualquier mosquito con enfermedad y peligro. La desinformación y los mitos pueden generar resistencia. Por ello, el plan enfatiza la transparencia y la comunicación bidireccional, reconociendo que el cambio de costumbres es un proceso de largo aliento que requiere confianza y participación comunitaria. En cuarto lugar, es vital para el cumplimiento del Plan el fortalecimiento de los Comités Distritales de Salud, no solo para las campañas educativas, sino, sobre todo, para la articulación intersectorial y social, ya que solo el Ministerio de Salud (MINSA) es incapaz de lograr los objetivos, debido a que implica el cambio de los usos y costumbres de las propias comunidades. Sin cambio de paradigma de la población, el Plan va al fracaso. El retraso en su implementación es la evidencia.
La Resolución Ministerial 750-2026/MINSA, que modifica el Documento Técnico “Plan de implementación y evaluación de la estrategia de Wolbachia para el control del dengue”, reduce, en primer lugar, la población objetivo de 400 000 a 200 000 habitantes en los escenarios seleccionados para la implementación. Según el MINSA, el reajuste del alcance operativo del Plan permite concentrar los recursos en un área geográfica más pequeña para asegurar la calidad de la intervención y la capacidad de monitoreo. En segundo lugar, se corrigen las actividades de difusión y comunicación para enfatizar la coordinación con las autoridades sanitarias regionales y locales, y la evaluación y mejora continua de las campañas comunicacionales a través de medios alternativos. Es decir, se reconoce que la aceptación comunitaria depende en gran medida del involucramiento de actores locales.
En tercer lugar, se modifican las tareas para precisar con mayor detalle las actividades de capacitación, inserción comunitaria, educación sanitaria y participación en los Comités Distritales de Salud (CDS). Como se puede apreciar, aunque se reconoce que el éxito de la liberación de mosquitos depende de la confianza y participación de la comunidad, se limita y se desconfía de la participación de los Comités Distritales de Salud y el liderazgo de los alcaldes distritales. En cuarto lugar, se reducen las metas físicas y el presupuesto para 2026 y 2027 de s/ 12.26 millones a S/ 11.80 millones; según el Minsa debido a la reducción de la población objetivo y a la “optimización de los recursos asignados para cada actividad”. En esa línea, el indicador de resultado pasa de “Reducción de la tasa de incidencia de casos de dengue en zona de intervención” a “Variación de la tasa de incidencia de dengue en el distrito de intervención respecto de los distritos control”. Para el Minsa esta modificación es clave, porque la medición busca precisar el efecto atribuible a la estrategia al comparar con los distritos de control; de esta manera se precisa mejor el impacto de la intervención frente a otros factores.
En quinto lugar, el cambio del ya aludido indicador de resultado, que, según el MINSA, busca darle mayor rigor científico al proyecto, en la práctica genera varios problemas. Primero, el Minsa cambia las reglas de juego en medio de la implementación del Plan. Ya no se compromete a bajar el número de enfermos en el distrito donde se liberan los mosquitos, sino solo a decir que le fue “mejor que en otro distrito”. Este resultado sería considerado un éxito, aunque miles de personas continúen con el contagio. Segundo, esta nueva forma de medir depende del distrito que se elija para hacer la comparación, lo que abre la puerta a sospechas de que se podría escoger un lugar con peores condiciones sanitarias o históricamente con más enfermos para que el proyecto luzca bien sin haber hecho un gran trabajo. Tercero, todo este proceso de comparaciones estrictas requiere tiempo, papeleo y diseño estadístico que retrasa la liberación de los mosquitos, y mientras la burocracia y los epidemiólogos afinan el estudio, la gente sigue expuesta al dengue en las calles. Cuarto, desde un punto de vista ético, es injusto negarle la estrategia a los vecinos del distrito que sirve de comparación o “control”; si la evidencia internacional ya muestra que esto funciona, condenarlos a no recibir la ayuda solo para tener un dato de contraste es cuestionable y los pone en desventaja. Quinto, el proyecto se desvía de su verdadero propósito, que ha sido lanzar una acción de emergencia para frenar una epidemia que genera muertos cada año, para convertirse en un trabajo académico para publicar un informe o un artículo científico. Se pierde de esta manera la urgencia y la agilidad que la población necesita y merece.
En sexto lugar, se reajusta el cronograma de actividades, al extender el periodo de implementación hasta diciembre de 2027. Este retraso del cronograma, según el MINSA, responde a “la necesidad de sincronizar la liberación de mosquitos con las condiciones climáticas favorables y los tiempos de sensibilización comunitaria”.
En séptimo lugar, el financiamiento del Minsa disminuye de S/ 4.14 millones en 2025 a S/ 1.53 millones en 2026 y S/ 532,050 en 2027, lo que compromete la continuidad de las actividades y genera mayor dependencia de recursos no reembolsables que provienen del cooperante. Además, los costos de inversión inicial son elevados porque implican la crianza en masa de mosquitos y el diagnóstico molecular, que requieren equipos y reactivos de alto costo. Además, falta presupuesto para la escalabilidad, porque el Plan no contempla los recursos para la expansión a otras regiones.
Si bien es cierto que el Plan se consolida como una prueba piloto controlada, cuyos resultados permitirán tomar decisiones informadas sobre la escalabilidad de la estrategia a nivel nacional, que reduce el uso de insecticidas mediante una estrategia biológica autosostenible, fortalece las capacidades locales y a los Comités Distritales de Salud, y la coordinación intersectorial, regional y local, también es cierto que la modificación del Plan prioriza la generación de evidencia científica sobre la efectividad de Wolbachia en contextos urbanos de Latinoamérica.
Quizá, desde el punto de vista metodológico, el cambio sea defendible debido a que un grupo de control protege que la evaluación no sea distorsionada por factores climáticos o epidemiológicos externos, y se cumple con las funciones del Instituto Nacional de Salud de generar evidencia local sólida antes de apostar por una expansión masiva. Sin embargo, desde la gestión política y operativa, el reajuste o cambio resulta riesgoso porque abre la puerta a la percepción de que se mueven las metas, genera un problema ético al retener la intervención en los distritos control y burocratiza una respuesta que, por la naturaleza epidémica del dengue, requiere agilidad o premura. En ese sentido, la legitimidad del Plan no dependerá de si se mide “reducción” o “variación”, sino de que se traduzca rápidamente en decisiones presupuestales para expandir la estrategia, sin condenar a la inacción a quienes sirvieron como poblaciones de referencia estadística. ¡Alinear la técnica, la ética y la política!
















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