Eduardo Vega

Carretera Central: la impunidad al volante

Una verdadera selva sobre ruedas

Carretera Central: la impunidad al volante
Eduardo Vega
31 de julio del 2026

 

El pasado fin de semana, mi familia y yo fuimos víctimas de la “impunidad” que predomina en la Carretera Central, la misma que se origina fundamentalmente por el criterio de matonería y el egoísmo que dictan los conductores de colectivos, quienes, al no ser objeto de control por parte de la Policía debido a su desventaja numérica y de recursos, saturan la vía e imposibilitan la transitabilidad de los usuarios que cumplen con las normas.

En efecto, aunque la Carretera Central no está en óptimas condiciones y no cuenta con suficiente espacio para mayores ampliaciones, el verdadero problema de su congestión se debe a la imprudencia e impunidad con la que circulan los conductores de colectivos —conocidos como “cabeceros”—, quienes, al enfrentarse a un tráfico detenido, deciden hacerse paso en el sentido contrario hasta casi colisionar con quienes circulan correctamente, para, en ese momento, abalanzarse sobre quienes esperan ordenadamente para avanzar por el carril correspondiente.

Y es que, aunque la carretera tiene solo dos carriles (uno para cada sentido) y está permitido adelantar a quienes van más despacio siempre que la señalización y el espacio lo permitan, no es aceptable que los colectiveros actúen como matones y pongan en riesgo la vida de los demás usuarios y pasajeros que intentan circular respetando las normas de tránsito y las reglas básicas de seguridad.

Hasta cierto punto, es comprensible que haya un servicio de “autos” o “vans” para transportar pasajeros en tiempos más cortos que los de los buses; no obstante, en el instante en que sus conductores normalizan la anomia para imponer sus propias reglas, con un nivel de conducción “subestándar” que afecta la seguridad de los demás, pierden el derecho a exigir o demandar cualquier cosa. Lo peor es que muchos de sus pasajeros han llegado a aceptar los niveles agresivos de conducción de los colectivos, y no solo justifican las acciones de estos choferes, sino que los defienden cuando los demás responsables les solicitan seguir las normas, para recomponer el orden y así poder continuar circulando.

Si esto les sorprende, resalta aún más que los mismos colectiveros son conscientes de que están actuando mal, pues no es casualidad que varios de ellos realicen las maniobras temerarias tras quitar las placas de sus vehículos, o incluso apagando las luces cuando ya es de noche para evitar ser percibidos por los demás; y, a sabiendas de que ellos mismos provocan el exceso de tráfico, continúan con las mismas prácticas en el primer momento que ven liberado el carril opuesto; pues, aunque parezca ridículo, prefieren avanzar 50 metros más antes que esperar 5 horas menos.

¿Y la Policía? Parece no existir. En esa jungla de vehículos y minibuses, cualquier patrullero no es más que otra víctima atrapada en el mismo laberinto sin salida; de lo que se deduce no solo que hay muy pocos efectivos asignados al control de la vía, sino que además están completamente incapacitados para llevar a cabo acciones de control o sanción en los momentos más críticos, ya que seguramente, si intentan multar a alguno de los salvajes que manejan la vía ilegalmente, podrían ser víctimas de un linchamiento.

¿Posibles soluciones? Podrían empezar por enviar un mayor número de efectivos policiales en motocicletas, en lugar de patrulleros. Esto permitiría un control más efectivo y aumentaría la capacidad de atención en más puntos críticos, forzando a los colectiveros a cumplir con las normas básicas de tránsito, al menos hasta que se construya la nueva carretera. Por supuesto, para ello, los policías no deben dudar en sancionar a los conductores que actúan de manera salvaje, retirándoles la licencia de por vida e incluso arrestándolos o tomando otras medidas con los vehículos, si es necesario.

Ahora bien, por muy amplia que sea la nueva vía, si no se crea conciencia sobre la importancia y la necesidad del respeto a las normas como base para la convivencia en sociedad, seguiremos en la misma situación, aun con una carretera más ancha; porque, como bien decían muchos camioneros, el principal problema radica en la falta de sentido común de los conductores de colectivos, quienes, aun siendo conscientes de los problemas, se esfuerzan por agrandarlos, al mismo tiempo que se quejan de la situación.

Eduardo Vega
31 de julio del 2026

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