Eduardo Vega
¿Nos gobierna la ansiedad?
Las críticas al Gobierno de Keiko Fujimori son demasiado apresuradas
Han pasado solo 30 días desde que Keiko Fujimori asumió el poder, pero los medios no paran de repetir que el Gobierno se está demorando demasiado para empezar a solucionar los problemas, o se están tomando mucho tiempo para elaborar el pedido de facultades legislativas. Y más recientemente, un extremadamente cínico comentario que dice que seis meses para ver los resultados del nuevo Gobierno en materia de seguridad ciudadana es mucho tiempo, y por ende la presidente no puede pedir paciencia.
Ante ello, y sin ánimos de hacer una defensa de la actual gestión, empecé a buscar en los “sacrosantos archivos del internet” cuánto tiempo habían demorado en presentarse los pedidos de facultades de las gestiones anteriores. Y me encontré con la sorpresa de que el registro más rápido y eficaz para dicha tarea corresponde al “gobierno de lujo” de Pedro Pablo Kuczynski (Año 2016) con un total de 41 días calendario, posteriores al inicio del mandato.
Así las cosas, y a sabiendas de que el promedio histórico para la misma tarea ronda los 60 días, me he quedado dudando con respecto a la autenticidad de los reclamos previamente señalados. Francamente resulta sorprendente el nivel de hipocresía que pueden contener dichas afirmaciones, pues a menos que los gobernantes dispongan de una varita mágica, dudo que cualquiera pueda identificar, evaluar y solucionar en tan corto tiempo los problemas que se encuentran dentro del aparato del Estado y que impiden que funcione con éxito o a gusto del gobernante de turno.
Nadie puede negar que el Perú necesita soluciones urgentes. Incluso en lo referido al fenómeno de El Niño que se aproxima, podríamos decir que las acciones debieron empezar ayer (y de hecho es así, pero con meses de diferencia). Sin embargo, con la elección de gobiernos locales en medio del camino, hay que aceptar que los mayores responsables por los daños que se nos vienen, ya están de salida, y muy probablemente poco o nada harán por solucionar los problema. En lugar de eso, preferirán verlos a través de sus pantallas, antes de mojarse; sin dejar de criticar al otro.
Si a todo esto sumamos el pánico que se viene cultivando en el inconsciente colectivo a través de todos los medios, con la historia del sismo de “grado 10” ¡que viene ya! pero que nunca llega (y seguro que algún día será realidad), lo único que estamos haciendo es generar más zozobra de la necesaria, en momentos en los que se necesita cabeza fría para tener la mejor reacción para sobrevivir los embates del día a día.
La presidente pide paciencia, y ciertamente creo que no podría pedir otra cosa en sus primeros 30 días calendarios, pero también es cierto que a la par debe moverse con cautela y eficiencia para no patinar frente a una población que ciertamente está cansada de tanta violencia, y cuenta con un Congreso que parece haber decidido dar la contra, al son de la sinrazón, una vez que han perfilado sus intenciones, en ser peores que aquel Congreso que recibió el pedido de facultades en 41 días.
Claro, no se puede negar que Keiko tiene una buena cuota de culpa en todo lo que vemos, pues fue ella quien en 2016 vendió el discurso absurdo de que podía gobernar desde el Congreso, cuando la realidad es absolutamente distinta. Ejercer efectivamente el poder y regentar las actividades básicas del aparato del estado son historias absolutamente distintas, como de seguro se estará comprobando en estos 30 días.
Dicho todo esto, lo único que parece cierto luego de estos 30 días es que se viene un fenómeno de El Niño sin precedentes. Y si como sociedad no asumimos que para superarlo necesitamos mucho más que autoridades y discursos vacíos o falso líderes manipuladores, el Perú será gobernado por la ansiedad de su población alimentada por los que todo critican. Y más probable será que antes de llegar a soluciones, se materialicen marchas absurdas como las que sucedieron al presidente Merino (el “merinazo”) o la salida de Pedro Castillo.
















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