Jorge Varela
Cuando algunos católicos despiertan y se sacuden
¿Ha perdido la religión su relevancia política?
Durante el transcurso de 2025 comenzó a percibirse en Chile un pequeño atisbo de renacimiento político en algunas personas adscritas o cercanas al catolicismo. Es algo que puede explicarse como respuesta tardía a una diversidad de desafíos temporales asumidos por otros actores sociales o religiosos, una forma de despertar tras un sueño largo, demasiado largo.
¿Qué factores influyeron para que ocurriera este pequeño renacer? ¿El nombramiento como cardenal por parte del Vaticano del arzobispo Fernando Chomali, un prelado que se caracteriza por marcar presencia en la cancha secular? ¿El decaimiento del movimiento social-cristiano de influencia evangélica o protestante? ¿La consolidación coyuntural del republicanismo encabezado por el presidente José Antonio Kast? ¿O un soplo de conciencia política que sacudió de repente a varios seres voluntariosos, de espíritu fraterno y solidario?
Quizás la confluencia de todos los factores indicados, solo de algunos o de ninguno, pudiera dar una explicación acertada y precisa que no descarte absolutamente una intervención luminosa derivada de lo alto.
Un primer sacudón embrionario
Si quisiéramos encontrar un momento parecido en nuestra historia, habría que remontarse a la década de los años treinta del siglo pasado, a esa etapa en que ocurrió el esperado nacimiento de la gloriosa y recordada Falange Nacional. El mundo atravesaba un período convulso, de mucha agitación, cuyo fuerte oleaje al desplazarse por los océanos arribó a las orillas del lejano Chile.
Un antecedente analítico que debiera considerarse se halla en la Italia de la posguerra, período en que los católicos estaban prestos a constituirse como partido político. En enero de 1919 nacía el Partido Popular, precursor de la Democracia Cristiana. Quien analizó su trayecto fue el pensador marxista Antonio Gramsci: “la aspiración –de los católicos italianos– de construir un gran partido nacional católico que se integrara activamente en la vida del Estado con un programa definido, comenzaba a madurar y a concretarse”. Desde su enfoque “la constitución de un partido como éste marca la culminación de un proceso de desarrollo ideológico y práctico de la sociedad italiana”; una presencia que fue esencial en la historia política y económica de dicho país durante el siglo XX.
A juicio de Gramsci, al Estado laico liberal italiano le faltaba la colaboración del espíritu religioso. A sus hombres de Estado les apremiaba la preocupación de idear un acuerdo con el catolicismo y de subordinar al Estado las energías católicas y obtener su colaboración. Sin embargo, no era posible conciliar dos fuerzas absolutamente irreductibles.
Iglesia católica y Estado laico italiano
En el seno del catolicismo emergían tendencias democráticas modernistas como un intento de resolver, en el ámbito religioso, los conflictos que sacudían a la sociedad italiana. Más, a pesar de ello, “la jerarquía eclesiástica resiste y disuelve con su autoridad a la democracia cristiana, pero su prestigio y su fuerza se doblega ante las incontenibles necesidades locales de los intereses que se han entrelazado con lo religioso”. También en Chile se vivió un tránsito áspero y duro entre la naciente Falange Nacional y sectores del episcopado católico más conservador.
En el caso de Italia Gramsci señala que los católicos de esa época desempeñaron una acción social cada vez más amplia y profunda pues organizaron a la masas proletarias, fundaron cooperativas, mutualidades, periódicos, se metieron en la vida práctica, entrelazaron sus actividades con la actividad del Estado laico y terminaron por hacer que la suerte de sus intereses particulares dependiera de la suerte del Estado mismo.
En su opinión, “la constitución de los católicos como partido político es el hecho más importante de la historia italiana después del Risorgimento, conocido como proceso de unificación (siglo XIX). Aquí, es necesario agregar que el mismo Gramsci había sostenido dos años antes que el Papado había cortado uno de los lazos que podían hacer de él una fuerza activa en la historia: conservar sus ideas por encima de las corrientes sociales que se agitan y renuevan continuamente en la sociedad. Este planteamiento le llevó a decir: “El que saldrá derrotado de la guerra será el catolicismo”.
La religión ha perdido relevancia política
Acá, en el caso singular de Chile contemporáneo se observa una sociedad cada vez más fragmentada e individualizada, en que la religión inmersa en un proceso de secularización avanzada, ha perdido parte apreciable de su relevancia histórica como factor explicativo de las definiciones políticas conocidas. No es que la religión haya desaparecido o que haya dejado de importar, pero ya no es la misma en su esfuerzo misionero por adaptarse a los tiempos posmodernos; ha perdido influencia y poder. Este es, con certeza, un elemento que cualquier corriente de opinión, grupo o movimiento futuro de inspiración católica tendrá que ponderar, si de verdad su decisión y objetivo es constituirse en fermento humanista activo de una nueva sociedad inspirada en valores y principios cristianos.
















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