Manuel Gago
De las catacumbas al sillón presidencial
Fracasó el intento de desterrar al fujimorismo
En el diario La Razón, el 23 de mayo del 2003 –en plena persecución política orquestada por el gobierno de Alejandro Toledo– el periodista Marco Inca publicó el artículo “Fujimorismo sin video”, que anunciaba el retorno al país de Keiko Fujimori. Su llegada echó por los suelos las difamaciones contra la ahora elegida presidente de la República. Y el titular del artículo alude a los videos grabados en la salita del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) que de manera sostenida fueron publicados por los medios vinculados al oficialismo. La feroz campaña periodística dio vida al antifujimorismo.
Después de la caída de Alberto Fujimori el desbande fujimorista fue una realidad. Comenzaba el siniestro plan de judicialización de la política. Los videos hallados en el SIN fueron usados como pruebas. Los bien conectados con el toledismo recuperaron, sus videos salvándose de la vergüenza pública. Los operadores judiciales coaccionaban a los acusados. Por esas cosas del destino fui testigo de la respuesta de un procurador anticorrupción: “No, no se llega al Chino, no lo echan”, dijo a los suyos entre copas de vino y carne asada.
Desde su retorno, la elección presidencial de Keiko tiene mucha historia. Antes, reunido de manera clandestina, un núcleo duro de fujimoristas intentaba darle vida al proyecto político caído en desgracia y –a entender de muchos– con pocas probabilidades de recuperación.
En un pequeño predio de la avenida Tacna, en Lima, estaba Carmen Lozada. Poco después llegaron Martha Chávez y Luz Salgado. El movimiento crecía en silencio. Carlos Orellana fundó Sí Cumple. Por otros lados estaban Carlos Boloña, Carlos Raffo, Luis Alfonso Morey y Jorge Morelli. Del núcleo duro se pasó a la organización estructurada. Absalón Vásquez y otras figuras de los noventas y nuevos seguidores contribuyeron a sacar al fujimorismo de las catacumbas. Las manifestaciones públicas en Lima y provincias se multiplicaban. La primera fue frente a Canal N. El griterío de la multitud no recibió ni un segundo de pantalla.
En ese devenir histórico, el regreso de Keiko comentado por Marco Inca tiene un significado valioso. Volvió para quedarse y continuar con la tarea pendiente, la heredada, como por el compromiso asumido de manera personal. Los “cívicos”, ahora llamados progres, exigían a los partidos democráticos una respuesta urgente para frenar lo que consideraban un peligro. Ese “peligro” ha sido proclamado presidente y asumirá el 28 de julio del 2026. Fracasó el intento de desterrar al fujimorismo de la escena política.
Tampoco olvidamos el año sabático tomado por Hugo Neira –historiador, escritor, docente universitario y principal columnista de El Montonero–. Después de uno de sus tantos viajes por el interior del país sostuvo en un artículo periodístico que la constante en ese interior era Alberto Fujimori.
En un contexto de adversidades, hoy también se confirma que el equipo fiscal Lava Jato estuvo estructurado para cerrarle el paso a Keiko. El tiempo vuelve a darle la razón a quienes sospechaban de esas insanas pretensiones.
A pocos días de un nuevo quinquenio, el panorama político es alentador. Llegó la hora de desmontar esas narrativas divisionistas que detienen el avance nacional. La tarea es construir una unidad nacional indivisible desde el primer día del nuevo gobierno. Tendrá que ofrecer resultados prontamente.
















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