Manuel Gago
Maquiavelo, el previsor de desastres
Es urgente que el nuevo Gobierno tenga un gabinete de emergencia
Nicolás Maquiavelo (Florencia, 1469-1427) en El Príncipe –tratado sobre el poder y las virtudes y fortuna (suerte) de los gobernantes– hace comparaciones que encajan en el momento actual.
“Y comparo a la suerte con uno de esos ríos impetuosos que, cuando se enfurecen, inundan las llanuras, arrasan los árboles y las casas, quitan tierra de un sitio y la colocan en otro, y todos huyen frente a ellos, todos ceden ante su ímpetu sin poderlos frenar de ninguna manera. Y aunque esa sea su naturaleza, nada impide que los hombres, en los días tranquilos, tomen precauciones y construyan defensas y diques, para que luego, cuando los ríos crezcan, fluyan por un canal o, por lo menos, su ímpetu no sea tan desenfrenado y tan dañino”.
Asimismo, en otro momento, vuelve a los días tranquilos: “en momentos de paz prepararse para la guerra”, pero ese es otro tema. Después de amargas experiencias, la prevención peruana todavía no es desarrollada con suficiente criterio técnico y responsabilidad. La corrección apresurada no conduce a nada estable en el tiempo. Todavía existen obras pendientes del fenómeno de El Niño costero del verano 2017 y hasta del terremoto de Pisco del 2007. El error fue entregar las obras a empresas locales inexpertas. El manejo político y mafioso de los recursos es una realidad escandalosa. Alcaldes y presidentes regionales presionan para ser protagonistas de la recuperación. En la Contraloría, fiscalía y Poder Judicial está documentada la ausencia de capacidad técnica y de gestión sumada a la corrupción de esas autoridades.
La prevención, como atestigua Maquiavelo, tiene siglos y tal vez desde la Creación. Esta prevención, en los tiempos tranquilos, consiste en trabajar arriba, en las alturas, sobre las montañas, quebradas y en los cauces de los ríos. La tarea es forestar, construir cochas, canales y reservorios, descolmatar ríos y fuentes acuíferas. En los tiempos de desastre, tener disponibles maquinarias, equipos, personal especializado, puentes Bayley, servicios de rescate, médicos, alimentos, medicinas, abrigo y más. El balance económico entre la prevención y la recuperación demuestra que cuesta hasta diez veces menos prepararse para lo que vendrá.
En las actuales circunstancias, con el presidente José María Balcázar, los fenómenos climáticos que se aproximan hallarán al país desprotegido. En este contexto de improvisaciones, juramentada presidente, Keiko Fujimori tendrá que presentar un gabinete de emergencia para resolver sobre la marcha los estragos de los temporales. Por lo pronto, el Instituto Peruano de Economía (IPE) anuncia que por las lluvias y huaycos, las más afectadas serán la agroindustria, la agricultura de consumo local y la pesca industrial y artesanal. Habrá dificultades de acceso en la costa norte y la zona andina y minera.
El Niño costero 2017 afectó a 1.5 millones de personas y dejó 162 fallecidos, viviendas destruidas, miles de hectáreas cultivables inundadas, canales de regadío inhabilitados, puentes colapsados, carreteras interrumpidas, aguas empozadas, epidemias, plagas y demás. La reconstrucción costaría US$ 9,000 millones. Ya sabemos entonces el porqué la prevención es sustantiva y no puede estar en las manos de autoridades que piensan en votos y a quién otorgarle los contratos millonarios.
El gabinete de emergencia de Keiko deberá considerar la intervención de las fuerzas armadas. Una magnífica oportunidad para demostrar cuán competente es frente a situaciones graves que afectan al país. No esperar la ira de los pobladores materializada en protestas violentas debido al abandono.
















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