Arturo Valverde
Los miserables
Sobre la lectura de la obra maestra de Víctor Hugo
Descubrí a Víctor Hugo a través de las páginas de Los Miserables, allá durante los años de la pandemia, sin imaginarme que su lectura cambiaría para siempre mi manera de relacionarme con la literatura. Se trataban de dos tomos, de Alianza Editorial, que cabían en una caja de cartón, lo que le daba una apariencia a la vez bastante cuidada y elegante, junto con los demás libros de la biblioteca de la casa.
Lápiz en mano, desde la primera hasta la última página, me había propuesto estudiar a conciencia la obra de Victor Hugo. El esquema de la novela, la construcción de sus personajes, los conflictos propios de la historia, los objetos y las decoraciones de los ambientes, tanto como la estructura misma del discurso narrativo. Página tras página llené de anotaciones el libro entero.
Me sumergí en la novela, que leí casi en un estado de devoción por cada palabra, y cuando menos me di cuenta, ambos tomos se convirtieron en una suerte de libros de estudio colmados de anotaciones en los bordes, que podrían compararse con las fichas de estudios de cualquier estudiante. He olvidado los días que me tomó terminar su lectura, pero puedo asegurar que fue una experiencia inolvidable como pocas veces me ha ocurrido con alguna otra novela.
En reiteradas ocasiones vuelvo a sus páginas para revisar mis apuntes. Repaso con mi dedo las oraciones impresas en sus páginas, como un médium que busca comunicarse con el maestro francés. Si pudiera volver en el tiempo, sin dudarlo volvería a ese memorable instante en que leí Los Miserables. Me echaría en mi cama otra vez más con el libro en mis manos. Escribiría en los márgenes de sus páginas. Y leería con admiración la escena en que Jean Valjean asciende a los cielos.
Como lectores es imposible olvidar el momento en que nos hemos acercado a una obra que ha influenciado bastante en nuestra manera de apreciar la vida, como relacionarnos con la literatura. Para mí, recordar esos momentos me producen un sentimiento de intensa emoción, como el del adolescente que acaba de dar su primer beso y quiere contárselo a todos. Algo parecido inquieta mi alma cuando vuelvo a Los Miserables.
















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