Aldo Lorenzzi
El laberinto electoral peruano
Algunas soluciones a los grandes problemas del sistema electoral peruano
A pocos días de proclamarse al ganador de las dramáticas y cuestionables elecciones generales en nuestro país, han quedado muchas dudas sobre si realmente el sistema electoral actual, en base a los diferentes actores de los tres organismos que conforman el sistema electoral, ha sido nuclear para la crisis de gobernabilidad que viene atravesando el Perú en la última década.
En estas últimas elecciones generales han participado 36 organizaciones políticas, algo que no es poco. Y no queda ahí esta ultrapolarización, sino que ahora, en las elecciones que vendrían en octubre del 2026, habría más de 40 organizaciones, generando una confusión total en los electores, sobre todo por las condiciones tan precarias en las que funciona nuestro sistema electoral.
¿Pero por qué hemos llegado a esta situación, analizada desde una mirada electoral? Pues podemos ensayar varias respuestas. Empezaremos orientándonos a una de ellas, y se podría basar que Perú es uno de los pocos países donde existen tres órganos electorales, algo que otros países no se dan. Ecuador, por ejemplo, solo tiene dos instituciones: el Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Contencioso Electoral, habiéndose reestructurado en base a este sistema en el 2019, en cual no ha sido cuestionado institucionalmente en su historia reciente. En Chile, por su parte al igual que el país norteño, dos órganos; está el Servicio Electoral (Servel) y el Tribunal Calificador de Elecciones, el cual confían los ciudadanos chilenos. Sin embargo, el caso que podría acercarse más al peruano es Colombia, donde sí existen tres ramas: la Registraduría Nacional del Estado Civil (en el caso peruano sería Reniec), el Consejo Nacional Electoral (en el caso peruano sería ONPE) y la Sección Quinta del Consejo de Estado (en el caso peruano sería el JNE), cuestionado por actos oscuros en algunos procesos electorales.
Este modelo de tres ramas o niveles, para ilustrar el sistema electoral peruano, ha generado muchas suspicacias en los últimos tres procesos electorales generales, construyendo mensajes de fraude o de burocratización y politización de uno de los tres organismos electorales, además de un alto grado de polarización de la ciudadanía.
Existe un alto grado de riesgo de corrupción en este tipo de modelo de sistema electoral dividido en tres órganos. Hoy, por ejemplo, en el sistema espejo que tenemos en nuestra región, que sería Colombia, los medios de comunicación vienen denunciando durante años, señalando la compra de votos. Uno de los casos más emblemáticos fue en las elecciones del año 2018: el caso "Merlano", en Barranquilla, un proceso escandaloso y emblemático para el país vecino. Como pruebas se encontraron varios equipos de informática con datos de electores; esta congresista fue condenada por corrupción electoral a 15 años de prisión efectiva. Por lo tanto, sí existe un precedente de este tipo de delitos en nuestra región. En ese sentido, una de las primeras tareas de los nuevos miembros del Poder Legislativo peruano que ingresan en unos días es darle prioridad a evaluar si este sistema electoral permite otorgar una real legitimidad a los procesos, ya que hasta ahora muchos no estamos convencidos.
Para salir de este laberinto no basta con esperar a que la coyuntura decante por sí sola; se requiere una hoja de ruta concreta. Entre las salidas que se han planteado en el debate público están la fusión de funciones entre los tres organismos electorales, la reducción de la valla para la inscripción de nuevas organizaciones políticas y un sistema de financiamiento más transparente que evite que el dinero opaco siga filtrándose en las campañas. Ninguna de estas medidas es sencilla ni está exenta de resistencias, pero el costo de no actuar ya lo estamos pagando: una ciudadanía cada vez más desconfiada y un sistema que, elección tras elección, parece alejarse más de la legitimidad que busca representar.
Hoy tenemos un laberinto electoral en nuestro país, y esperemos no llegar a lo que ocurrió en Colombia. Está en manos de nuestros nuevos gobernantes poner las bases de un nuevo sistema electoral y de las reformas necesarias, para acabar con los cuestionamientos y las polarizaciones que tanto daño le hacen a nuestro país. Espero que no nos decepcionen una vez más.
















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