Darío Enríquez
¿Qué sucede cuando una ciudad adopta a sus migrantes?
Fuerte identidad urbana en mistianos y chalacos
En el Perú asumimos que las identidades regionales son intensas y que el orgullo por la tierra de origen constituye un rasgo dominante. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿ocurre lo mismo con los migrantes respecto de las ciudades que los acogen? Algunas localidades parecen absorber simbólicamente a quienes llegan desde otros territorios. Indicios del discurrir cotidiano sugieren examinar dos casos emblemáticos: Arequipa y Callao.
Más que un lugar de residencia
En diversas ciudades peruanas, el migrante suele instalarse manteniendo firme su referencia al lugar de nacimiento. La sociología de la migración interna en el Perú (Altamirano, 1984) ha documentado cómo muchos conservan su identidad de origen mediante redes de paisanaje y asociaciones regionales. La ciudad de acogida funciona primordialmente como espacio funcional de residencia y oportunidades, pero no necesariamente en clave de pertenencia principal.
Arequipa y Callao parecen presentar otro patrón. En ambas localidades opera una identidad colectiva tan consolidada que el migrante integrado tiende, con el paso del tiempo, a definirse también como arequipeño o chalaco, configurando una identidad híbrida o doble.
Símbolos y la construcción de la “comunidad imaginada”
Una explicación teórica a este fenómeno radicaría en la presencia de símbolos de alta densidad afectiva. Siguiendo la noción de comunidades imaginadas de Benedict Anderson (1983), la cohesión social se nutre de artefactos culturales compartidos. Tanto Arequipa como el Callao cuentan con himnos institucionalizados en la memoria escolar y ciudadana. Si bien múltiples regiones poseen composiciones oficiales, pocas han logrado internalizarlas en la vida cotidiana de varias generaciones.
Un fenómeno similar ocurre con sus banderas. Las de Arequipa y Callao gozan de una visibilidad pública y cotidiana poco frecuente en otros municipios del país. Su despliegue continuo en espacios institucionales, comercios y festividades actúa como un recordatorio visual que refuerza la identidad territorial.
Narrativas históricas e integración cultural
La fortaleza de estas identidades no deriva únicamente de su simbología visual, sino de relatos e hitos históricos compartidos. Arequipa destaca por su tradición autonomista, su protagonismo político en el siglo XIX y su geografía singular. “No se nace en vano al pie de un volcán”, frase reveladora del poeta arequipeño Percy Gibson (1950). De su lado, Callao, como primer puerto del país, despliega su tradición marítima, su estatus de Provincia Constitucional y expresiones culturales populares contemporáneas como el “chimpum Callao”: nacido del estruendo de los cañones en la épica del 2 de Mayo, hoy convertido en grito deportivo y musical.
Estas narrativas ofrecerían a los nuevos residentes una estructura identitaria de acogida: no sólo habitarán un espacio urbano, sino que asumirían plenamente una identidad preexistente ajena.
Un tema de investigación urbana
Ciertamente, esta hipótesis contempla matices. Ciudades como Cusco, Trujillo o Piura poseen identidades culturales sólidas y un profundo orgullo local. No se trataría sólo del afecto intenso por la propia tierra, sino también de una cultura territorial que “atrape” al forastero.
Para validar este planteamiento se requerirían estudios cuantitativos y cualitativos sobre integración urbana. ¿Qué porcentaje de migrantes de primera y segunda generación adopta la autoidentificación chalaca o arequipeña? ¿Qué variables, tales como tiempo de residencia, nivel socioeconómico o matrimonio exogámico, aceleran este proceso?
La inquietud final
Mientras esas respuestas llegan, quedará una curiosa inquietud: si un migrante termina convirtiéndose en arequipeño al establecerse al pie del Misti o en chalaco al hacer su vida en el vecino puerto, ¿qué ocurriría con un arequipeño que decide mudarse al Callao, o con un chalaco que cambia el puerto por Arequipa? ¿Prevalecería la identidad de origen, triunfaría la ciudad de acogida o estaríamos frente a un caso de “doble ciudadanía urbana”? Es un dilema significativo, pues resultaría indicador clave de cómo se construye la pertenencia en el Perú contemporáneo.
















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