Berit Knudsen

Silencio estratégico de Keiko Fujimori

Sobre la disputa entre Estados Unidos y China por la influencia en Perú

Silencio estratégico de Keiko Fujimori
Berit Knudsen
06 de agosto del 2026

 

El 28 de julio, en su mensaje a la Nación ante ocho presidentes latinoamericanos y el rey Felipe VI, Keiko Fujimori fijó siete objetivos de gobierno y dos frentes de emergencia nacional: mitigar el fenómeno de El Niño y seguridad ciudadana. En política exterior optó por la abstracción: consolidar a Perú como "puente" entre continentes, sin nombrar a Estados Unidos ni a China. Silencio como política exterior de gobierno.

El vínculo entre Perú y China no nace con un puerto o tratados de libre comercio. Tiene su origen en el siglo XIX, con la llegada de 90,000 migrantes chinos que trabajaron en campos de cultivo y obras de infraestructura. Muchos echaron raíces, con una de las mayores comunidades chinas en el mundo. De esa fusión nace el chifa, versión peruana de la cocina china. Perú comparte con China lazos humanos, comerciales y culturales, no una afinidad ideológica ni un modelo de gobierno. 

La víspera de la juramentación, Fujimori recibió al enviado especial de Xi Jinping, ministro Yin Hejun; y la delegación estadounidense encabezada por el vicesecretario de Estado Christopher Landau. Xi ofreció elevar la "Asociación Estratégica Integral"; el secretario Marco Rubio llamó para celebrar el triunfo. La disputa por la influencia es evidente.

Algunas señales apuntan a Washington. El canciller Carlos Espá trabajó quince años en la embajada estadounidense en Lima y su primer anuncio fue incorporar a Perú en la alianza de seguridad "Escudo de las Américas". Se suma la compra en abril de veinticuatro cazas F-16 por US$3.500 millones y el contrato para el diseño, construcción y modernización de la Base Naval del Callao. Pero ese mismo Washington castiga al Perú imponiendo aranceles de 12,5 % a las exportaciones, empujando a productores hacia mercados chinos, con Chancay como vía de salida. Por doce años consecutivos China ha sido el principal socio comercial del Perú. Por ello Alinearse en seguridad con una potencia y depender comercialmente de otra no es equilibrio. La relación funcionará mientras ninguno exija exclusividad.

Un ensayo en Foreign Affairs advierte que Pekín ya no apuesta por megaproyectos, sino por lo que llama "pequeño y hermoso": inversiones municipales y provinciales que parecen menores, pero en conjunto vuelven dependientes a los Estados receptores. Cámaras, buses eléctricos, equipamiento policial, distribuidoras de energía. El caso peruano destaca con empresas chinas operando todas las distribuidoras de electricidad en Lima, infraestructura crítica que cambió de manos sin debate. Los Estados que adoptaron plataformas chinas de vigilancia no logran luego desmontarlas. Los peligros trascienden al comercio. Entregar la seguridad, vigilancia o electricidad a una potencia cuyo modelo político es ajeno a la democracia no es una decisión comercial: es ceder capacidades.

El riesgo de Perú no es mantener relaciones con China o verse forzado a elegir. El peligro es la asimetría. China sabe qué intereses quiere proteger; Estados Unidos, qué posición estratégica preservar. Perú no define qué resguardar. El plan de gobierno promete una política exterior "soberana y pragmática" y un equilibrio "estratégico" con ambas potencias: fórmula correcta sobre el papel. Pero el equilibrio no se sostiene con silencios. Se requiere estrategias de Estado que identifiquen infraestructura crítica, fije reglas sobre datos y coordine inversión, seguridad y diplomacia, que suelen ir por carriles separados.

Que dos potencias disputen su influencia otorga al Perú una posición ventajosa de negociación. Un Estado que sabe lo que quiere puede hacer competir a sus pretendientes logrando beneficios, condicionar acuerdos con transferencia tecnológica y empleo local, midiendo inversiones por lo que aportan a las regiones y poblaciones necesitadas.

El equilibrio entre China y Estados Unidos será el examen silencioso de este gobierno. Aprobarlo dependerá de que Perú deje de creer que administra inversiones y aprenda a administrar poder. Pero existe una distinción importante: Estados Unidos es una democracia con la que Perú comparte reglas de juego; China no. Una gran cercanía comercial con Pekín no obliga a importar su modelo de control. Preservar esa frontera es tan estratégico como cualquier contrato.

Berit Knudsen
06 de agosto del 2026

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