Alejandro Arestegui
Intromisión política: enésima crisis en la FIFA
El fallido plan de Infantino y la presencia intereses ajenos al fútbol
Tan solo dos semanas después de haber concluido el Mundial de Fútbol celebrado en Norteamérica los escándalos al interior de la FIFA continúan y son cada vez más grandes. En esta columna explicaremos cuáles son los últimos acontecimientos que pueden llevar a una crisis en el fútbol jamás vista hasta hoy. Un escándalo que no solamente tiene que ver con lo deportivo y lo económico, sino también con la política, pues veremos que hay muchos actores involucrados de importancia dentro del tablero geopolítico mundial
La FIFA atraviesa su mayor crisis de gobernanza en más de una década. Recordemos que hace 15 años explotó el escándalo que involucró al entonces presidente Joseph Blatter, así como a otros altos funcionarios de la FIFA. El epicentro del conflicto actual radica en el colapso del ambicioso y controvertido proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE), liderado por el actual presidente, Gianni Infantino, que buscaba ceder parte de los derechos comerciales del organismo a inversores.
¿Pero en qué consistía esta propuesta básicamente? Infantino impulsó de forma poco transparente la creación de una filial, valorada en 20.000 millones de dólares para gestionar las transmisiones, patrocinios y licencias del Mundial masculino, el Mundial femenino y el Mundial de Clubes, vendiendo una participación minoritaria a fondos de inversión privados.
Ante esto, la UEFA (la asociación de clubes europeos), la Concacaf de Centro y Norteamérica, la AFC asiática y el sindicato mundial de futbolistas rechazaron masivamente el plan. Las federaciones acusaron a la cúpula de "abuso de poder" y de mercantilizar activos colectivos. Tras la presión, la FIFA retiró oficialmente el proyecto. En una carta sin precedentes enviada a sus 211 federaciones miembro, Gianni Infantino y el secretario general Mattias Grafström pidieron disculpas públicas por los "errores cometidos".
Pero el escándalo no concluyó aquí, Ali bin Al Hussein, presidente de la Federación de Fútbol de Jordania, acusó públicamente a Infantino de intentar "chantajear" a su país condicionando apoyos económicos a cambio del respaldo para su reelección en 2027. Reportes de prensa deportiva señalaron que Infantino habría ofrecido conceder la sede de la final del Mundial 2030 a Marruecos a cambio del apoyo político del bloque africano frente a la rebelión abierta de la federación europea. Oposición interna creciente: Figuras históricas del fútbol como el portugués Luís Figo han pedido abiertamente la dimisión del directivo afirmando que "Infantino debe irse", mientras la federación europea ya le retiró el apoyo de cara a las próximas elecciones.
Ante la crisis de imagen institucional se suman la indignación de los clubes de fútbol tras la primera edición del Mundial de Clubes. La FIFA aún mantiene retenidos cerca de 250 millones de dólares en pagos de solidaridad prometidos, lo que ha generado fuertes disputas financieras y pone en riesgo la viabilidad del torneo para sus próximas ediciones.
A pesar de la tormenta mediática y política, la cúpula directiva de la FIFA reafirmó el respaldo a Infantino para mantener el cargo. No obstante, organismos internacionales y grupos de interés insisten en que una simple disculpa o un cambio de nombres no basta, exigiendo reformas estructurales profundas en la transparencia de la FIFA para evitar que los derechos comerciales del fútbol sigan gestionándose bajo la opacidad. El peligro es latente, si la UEFA decide boicotear el próximo mundial significaría un duro golpe para dicho campeonato e incluso implicaría una destrucción total de la configuración del Mundial tal cual lo conocemos. Sin mencionar los miles de millones que se perderían al no estar presentes los equipos y jugadores europeos.
Al parecer la mesa está servida para un nuevo escándalo mundial en el deporte rey. A esto se suman los conflictos diplomáticos de carácter geopolítico que están influyendo en el fútbol. Por un lado, la reciente crisis migratoria y conflicto diplomático entre España y Marruecos amenaza con acabar la asociación de dos de los países principales que iban a organizar el próximo mundial 2030. Al parecer, la FIFA favorece al lado marroquí, en detrimento de los actuales campeones. Razones hay muchas, pero debido a que España pertenece a la UEFA, Infantino mira cada vez más con recelo la participación tanto de España como de Portugal como anfitriones del próximo mundial. El millonario gasto que implica la organización de este evento también está causando muchísimo malestar en la opinión pública española y acorrala cada vez más a un desprestigiado Pedro Sánchez. Marruecos, en cambio, cuenta con muchos más recursos a disposición y además que al ser una monarquía, existe menos espacio para la disidencia y los cuestionamientos políticos.
Por otra parte, tenemos el apoyo de la corona de Arabia Saudí y de la administración estadounidense de Donald Trump hacia Infantino. Los primeros apoyan al presidente de la FIFA porque han sido designados para alojar la sede del mundial 2034 y los segundos por los intereses económicos que persigue directamente el presidente estadounidense con la FIFA. Aunque desde 2010 ya hubo serios cuestionamientos por la designación de Rusia y más aún de Qatar como sedes del mundial, parece que muy pocas cosas han cambiado en el seno de la FIFA.
Una vez más, la política e intereses ajenos al fútbol intervienen en decisiones que deberían ser meramente deportivas y administrativas. Lamentablemente, si esto continúa de esta forma no nos extrañe que unos cuantos años podamos experimentar algo nunca antes visto: un cisma de federaciones que provoque la proliferación de distintos campeonatos mucho más pequeños y localizados que hagan competencia directa a las competencias FIFA como el Mundial de fútbol. Mientras tanto, eventos futbolísticos a nivel de clubes como la Copa Libertadores o la UEFA Champions seguirán liderando los ratings de audiencia y siendo cada vez más codiciados por las empresas y publicidad. Esperemos que esto se pueda resolver por el bien de los eventos de fútbol y de cientos de millones de hinchas alrededor del mundo.
















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