Fernando Peña

Cuando la mayoría no basta: el desafío de gobernar para todos

No se debe confundir respaldo electoral con adhesión permanente

Cuando la mayoría no basta: el desafío de gobernar para todos
Fernando Peña
24 de junio del 2026

 

"Siempre que te encuentres del lado de la mayoría, es momento de detenerte y reflexionar" (Mark Twain) 

Hay frases que sobreviven al tiempo porque contienen una verdad incómoda. La reflexión de Mark Twain es una de ellas. No cuestiona la legitimidad de las mayorías ni la esencia de la democracia. Lo que advierte es el riesgo de la autosuficiencia, de la tentación de creer que una victoria electoral equivale a una verdad absoluta o a un cheque en blanco para gobernar sin escuchar a quienes piensan distinto.

Esa reflexión cobra especial importancia en el Perú de hoy. Keiko Fujimori llega al gobierno habiendo obtenido una victoria legítima en las urnas. La democracia consiste precisamente en eso: en aceptar que alguien gana y alguien pierde. Pero también es cierto que esa victoria representa la primera mayoría del país, no la totalidad de la nación. Detrás de los resultados electorales queda un Perú profundamente dividido, un país que durante años ha ido acumulando fracturas políticas, sociales, económicas y culturales que ninguna elección puede borrar de la noche a la mañana.

Por eso, el principal desafío de este nuevo gobierno no será demostrar que ganó. Eso ya quedó establecido en las urnas. El verdadero desafío será demostrar que puede gobernar también para quienes no votaron por él.

Cuando un país llega al final de un proceso electoral tan polarizado, existe la tentación de interpretar la victoria como una reivindicación total y la derrota del adversario como una descalificación definitiva. Esa lógica puede ser útil para ganar elecciones, pero resulta profundamente perjudicial para gobernar. Las campañas se construyen sobre diferencias; los gobiernos deben construirse sobre coincidencias.

La frase de Twain debería estar presente en cada decisión importante que tome la nueva administración. Porque cuando una mayoría circunstancial cree representar la totalidad del país, comienza a perder contacto con la realidad. Y la realidad peruana es diversa, compleja y muchas veces contradictoria.

El Perú no es solamente Lima. No es solamente la costa. No es únicamente el sector empresarial ni tampoco exclusivamente los sectores populares. El Perú es la suma de todas esas voces, incluso de aquellas que expresan desconfianza, temor o rechazo hacia quienes hoy asumen el poder. Gobernar significa escuchar también a quienes discrepan.

La historia política peruana está llena de gobiernos que confundieron respaldo electoral con adhesión permanente. Todos terminaron descubriendo que los votos obtenidos en una elección no constituyen un patrimonio eterno. La legitimidad democrática se renueva todos los días a través de las decisiones que se toman, de la capacidad de diálogo que se demuestra y de la voluntad de construir consensos.

Keiko Fujimori tiene ante sí una oportunidad que trasciende largamente a su propia organización política. Tiene cinco años para intentar cerrar heridas que vienen acumulándose desde hace décadas. Cinco años para demostrar que la reconciliación nacional no es solamente un discurso de campaña, sino una práctica concreta de gobierno. Porque el Perú necesita menos vencedores celebrando y menos vencidos rencorosos. Necesita más ciudadanos capaces de reconocerse mutuamente como parte de una misma comunidad nacional.

La política peruana se ha acostumbrado demasiado a dividir entre buenos y malos, entre patriotas y traidores, entre pueblo y antipueblo, entre derecha e izquierda, como si la realidad pudiera reducirse a etiquetas tan simples. Esa dinámica ha terminado erosionando la confianza pública y debilitando la posibilidad de construir objetivos compartidos.

El próximo Gobierno debería proponerse una meta más ambiciosa que cualquier indicador económico o cualquier cifra de crecimiento. Debería proponerse entregar, al final de su mandato, un país menos confrontado que el que recibe hoy. No será una tarea sencilla. La desconfianza está instalada. Los prejuicios mutuos existen. Los resentimientos políticos son reales. Pero precisamente por eso el liderazgo será puesto a prueba.

La grandeza de un gobierno no se mide únicamente por las obras que inaugura o por las cifras que exhibe. También se mide por su capacidad para construir puentes donde otros levantaron muros. Al final de estos cinco años, el éxito no consistirá solamente en haber administrado adecuadamente el Estado. El verdadero éxito será que los peruanos vuelvan a sentirse parte de un mismo proyecto nacional. Porque una elección puede definir quién gobierna. Pero solamente la reconciliación puede definir el futuro de una nación.

Y si la nueva presidenta realmente desea dejar una huella histórica, quizás el mejor punto de partida sea precisamente aquella vieja advertencia de Mark Twain: cuando se está del lado de la mayoría, no es momento de celebrar indefinidamente. Es momento de detenerse, reflexionar y recordar que también existe un país entero esperando ser escuchado.

Fernando Peña
24 de junio del 2026

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