Dante Olivera

El sanmarquino en busca del destino

¿San Marcos es una universidad “del pueblo”?

El sanmarquino en busca del destino
Dante Olivera
18 de junio del 2026

 

El pasado 12 de mayo San Marcos cumplió 475 años de existencia, lo que fue recordado en diversas actividades institucionales (congresos, seminarios, alianzas institucionales, visitas de personalidades extranjeras, etc.), con la consigna de “Rumbo al quinto centenario”. Dichas actividades fueron interrumpidas de manera abrupta por la toma de la universidad por parte la federación de estudiantes y diversos gremios estudiantiles, los cuales solicitan tres cosas: 1) Archivo del proyecto de ley que posibilita la reelección de rectores, 2) Eliminación de la valla electoral para el presente proceso electoral universitario, 3) Elecciones presenciales en vez de virtuales.

Más allá de poder concordar con ciertas consignas, lo trascendental de la presente toma, a mi juicio, es que se dio en el marco de la celebración por los 475 años de nuestra universidad, lo cual generó y reforzó, en cierto sector ideológico, la idea de que San Marcos y los sanmarquinos son agitadores sociales. O que responden únicamente al concepto de lucha social, lo cual se vio materializado en la frase de “no hay nada más sanmarquino que tomar la universidad el día de tu aniversario”.

Al respecto, soy de la posición absolutamente contraria a reducir la esencia sanmarquina a dicho aspecto exclusivamente “social”. Para quienes conocen la historia de San Marcos, saben que este no siempre fue “del pueblo” como grita fuerte un sector ideológico dentro de la universidad. Al contrario, San Marcos nació de las entrañas mismas de la Iglesia y la religión, siendo la orden de los dominicos la que fundó la universidad con ayuda del Estado español de ese entonces. Se puede decir, sintéticamente, que el nacimiento de San Marcos obedece tanto al poder del Estado virreinal (distinto que pueblo) como al de la iglesia en los lejanos años del virreinato. San Marcos nació para continuar con lo que podríamos denominar “establishment”.

Posteriormente vino la época de las reformas borbónicas, del pensamiento “ilustrado” y de los pensadores como Pablo de Olavide o Toribio Pacheco de Mendoza, este último un precursor e intelectual de la independencia peruana, al forjar con su pensamiento a toda una generación que será la primera en tomar el rumbo político de nuestro país. En esta época San Marcos se caracterizaría por ser la representación de cierta élite intelectual criolla a favor de nuestra independencia y ya no tanto al servicio de la Iglesia o del Estado.

En el periodo desde la independencia hasta mediados del siglo XX San Marcos continuará produciendo intelectuales y políticos de primer nivel que, con sus virtudes y defectos, dirigirá al Perú en gran parte de la república. Especial importancia tienen las llamadas “generación del 900”, “generación del centenario” y “generación del 50” en la historia de San Marcos, consideradas por muchos como las mejores que ha tenido el país desde su independencia. Resaltan figuras como Pedro Zulen, José de la Riva Agüero, Jorge Basadre, Porras Barrenechea, Haya de la Torre, Vargas Llosa, entre otros. Tal vez lo característico de esta época fue el gran impulso a una educación secular con la ciencia y tecnología, la irrupción de la cuestión social por parte de una élite ilustrada y aristócrata que estudiaba en San Marcos, y un periodo de convergencia entre política, academia e intelectualidad como no se había visto en otras épocas sanmarquinas.

Es en el periodo que va desde los años sesenta hasta la actualidad donde se germina, de manera más profunda, la idea de que San Marcos “es del pueblo”, sobre todo por la apertura universitaria a las clases medias y baja que hace el tres veces rector Luis Alberto Sánchez y la irrupción abrupta de la ideología marxista devenida de la revolución cubana y la revolución cultural china (maoísmo).

Para bien de cierta racionalidad y mesura académica, desde finales del siglo pasado e inicios de este se disipó, en gran parte, el encantamiento y engaño marxista que había imperado en la universidad de los 60 a los 90 (décadas irrecuperables para la intelectualidad y el desarrollo de la universidad) y se dio paso a un mercado de las ideas sanmarquinas más tolerantes y diversas, lo cual estuvo emparentado con el fenómeno de la globalización; sin embargo, no se llegó a converger del todo con las nuevas tecnologías.

Como se puede ver, la historia de San Marcos es increíble y llena de épocas y pensamientos contradictorios desde su nacimiento hasta la actualidad, lo cual contrasta con la idea mediocre y reduccionista, que únicamente somos “agitadores sociales” o “nuestra esencia es tomar la universidad el día de nuestro aniversario”.

Ahora bien, ¿San Marcos es una universidad del pueblo? ¿Cuál tiene que ser la esencia de los sanmarquinos?

Respecto a la primera pregunta, considero que, si se toma al concepto “pueblo” como la colectividad de personas de la clase económica baja, como hijos de obreros o proletarios o como personas con cierta “conciencia de clase”, San Marcos no es dicha universidad idealizada por cierto pensamiento materialista marxista, pues lo que impera en la actualidad son estudiantes clasemedieros que, en su grueso, no desean hacer ningún acto “revolucionario” de clase, sino estudiar, participar en ciertas actividades, poder sacar adelante a su familia y tener un mejor futuro (sin dejar de lado ciertas cuestiones sociales).

En cuanto a la segunda pregunta, me parece que el peso de toda la historia de San Marcos es más que la suma de sus épocas marxistas o izquierdistas. Considero que la esencia sanmarquina puede equivaler a un poco de todo lo que ha vivido nuestra universidad, desde la escolástica devenida de Salamanca, hasta el funesto marxismo de finales del siglo pasado (excluyendo, claro está, la lacra terrorista que se gestó en nuestra universidad). El sanmarquino tiene un poco de todo, y es su deber encontrar dentro de ese todo lo que quiere ser y hacer. 

Dante Olivera
18 de junio del 2026

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