Jorge Varela
El universo de Kast
Un devoto creyente que se persigna y arrodilla ante el altar de la Iglesia
Adentrarse en el universo de una persona implica narrar aspectos de su vida, de su entorno, describir su presente, su pasado, sus acciones, meterse en su mente, indagar sus pensamientos. La tarea no es fácil, sobre todo si el personaje es un ser singular, parsimonioso, “quitado de bulla”, de pocas palabras, tranquilo y fome como volcán apagado que espera su momento. El historiador y académico Alejandro San Francisco autor del libro El camino político de José Antonio Kast, al describir los orígenes familiares, la carrera política y los primeros meses de gobierno del actual presidente de Chile, se ha atrevido a dibujar un personaje muy diferente a varios atletas especialistas en correr la maratón tradicional de los porfiados ansiosos.
Imagen de serenidad y pulcritud
La intención de este artículo es aprovechar el contagio de dicho impulso histórico-biográfico para encontrar respuestas a inquietudes que desbordan el ámbito particular. Si se observa el caso de numerosos dirigentes situados en el campo político adversarial e incluso en el propio del personaje objeto de estudio, se constatará que la cantidad de páginas y audios autorreferidos a ellos, excede la capacidad humana de atención informativa. Es precisamente aquello de lo que ha adolecido “el rucio de Paine”: esa astucia del agente sinuoso que no olvida ni perdona.
Su hermetismo plácido ha sido casi una constante. Algunas señales de timidez adolescente que parecieran no querer abandonarlo, aún se traslucen. Uno de sus rasgos visibles es que proyecta la imagen de una persona bien comportada que luce pulcra en su forma de vestir; también muestra modales de buen trato formal, procurando además mantenerse sereno y sobrio ante situaciones de provocación o agresivas. No suman más de dos los episodios de reacción impropia. Es decir, no se está en presencia de un excelso descachalandrado estructural que desconoce reglas elementales de las relaciones humanas.
La familia: su primera estación
Este afán por acercarnos a la superficie del planeta Kast exige aterrizar en una primera estación central básica: su familia, esa que le dio existencia y formación como ser humano, mucho antes de su nerviosa irrupción pública en la comuna de Paine. José Antonio es el menor de diez hermanos educados en una disciplina germánica católica en un país que se ha vuelto cada vez más indiferente a respetar las enseñanzas. Entre éstas, las de una comunidad que sea “germen y alma de un nuevo orden social”: “una sociedad marcada por el espíritu cristiano”; “donde las leyes que rigen el orden familiar, político, económico y cultural, sean garantía de la esencia de esta nueva comunidad” que expresa y cultiva la dignidad de la persona y la mutua solidaridad.
¿Radicará aquí una causa primera de la brecha que separa al actual gobernante de un sector social extraviado del que es posible esperar situaciones de insurgencia hormonal, atizadas por reconocidos oportunistas dispuestos a aprovechar cualquier anuncio de tormenta para acceder al poder?
La religión: su segunda estación
Su adscripción al movimiento espiritual-mariano de Schoenstatt, en una sociedad cínica que habla de feminismo, pero se declara a favor del aborto sin causales y prescinde de María, madre del que según dicen fue un revolucionario, le convierte en un ser retrógado, ubicado fuera del espectro progresista posmoderno. Para los grupos radicales de izquierda marxista, Kast será siempre un reaccionario enigmático –un ultra– sin posibilidades de rescate. No cabe duda, un abismo se interpone entre el mundo neo-marxista ateo, más algunos seguidores del agnosticismo, y José Antonio Kast, este devoto creyente que se persigna y arrodilla ante el altar de la Iglesia. La animadversión que genera su convicción religiosa es tan fuerte que ni siquiera quienes se declaran cristiano-demócratas se muestran proclives a compartir una ruta de acuerdo básico que beneficie a todos, sin distinción de color ideológico, y prefieren mostrarse obsecuentes con personajes de signo contrario.
Esperando que amanezca
Por ahora, el amanecer no se divisa cercano. Así son las cosas, como diría un campesino oriundo de Paine al observar con preocupación el cielo espeso que no aclara. Habrá, pues, que seguir esperando hasta que deje de llover, la tormenta amaine y el volcán dormido se encienda.
Habrá que rogar para que no reaparezca el “cuco convocante”, ese espíritu maléfico que en medio de la oscuridad ha comenzado a mostrar nuevamente su cola roja y no desea regresar a las brasas de su propio infierno, como si el fuego encendido en octubre de 2019 fuera suficiente para aplicar el recetario que no pudo concluir. En este empeño el maligno no se encuentra solo; ayudantes no le faltan. Siempre habrá camaradas y compañeros radicales dispuestos a sacrificarse por “aquello que simplemente siempre soñaron”: un progresismo distorsionado que lleve a la tumba al neoliberalismo, aunque la gran mayoría haya de vivir en una sociedad insegura y decadente.
















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