Erick Flores
El verdadero pacto mafioso
Vladimir Cerrón celebra el regreso de Perú Libre al poder
Luego de un no tan extenso debate, el pleno del Legislativo aprobó la moción de censura en contra de José Jerí. Con 75 votos a favor y 24 en contra, la Mesa Directiva ha declaradola vacancia del cargo de presidente de la República el pasado 17 de febrero. Recordemos que el expresidente Jerí está siendo investigado por patrocinio ilegal y tráfico de influencias agravado, tras sus reuniones no oficiales con empresarios chinos. De esta forma, Jerí se convierte en el séptimo presidente que no consigue cumplir con su mandato.
Luego de vencer a María del Carmen Alva en las elecciones internas del Congreso, José María Balcázar, el congresista por la región de Lambayeque, que hoy integra la bancada Perú Bicentenario, se ha convertido en el nuevo Presidente del Perú. El proceso político que venimos atravesando desde hace un par de décadas, hace que las expectativas con un nuevo mandatario no sean las mejores. Desde PPK hasta Balcázar, ya son ocho los presidentes que han pasado por el salón de Pizarro y, valgan verdades, esto nos deja con una pésima imagen a nivel internacional.
De cara a los asuntos importantes que se vienen en las siguientes semanas, vale la pena recordar que el nuevo Presidente fue elegido parlamentario por Perú Libre, partido político del reo Pedro Castillo y el prófugo de la justicia Vladimir Cerrón. Y pese a que Balcázar ya ha dicho que un posible indulto al sindicalista cajamarquino no está en agenda porque tiene un proceso penal abierto, existen elementos de prueba que, por lo menos, deberían mantenernos alertas en los próximos días. Cerrón, desde la clandestinidad, ya ha saludado la elección y pareciera que ya está dando órdenes porque, a través de su cuenta de X, ya ha pedido la baja de Oscar Arriola, actual comandante general de la Policía Nacional del Perú.
Al margen de lo que pueda o no exigir el prófugo que hoy celebra el regreso de Perú Libre a la Presidencia de la República, aquí lo verdaderamente importante es no olvidar el peligro que representa alguien fácil de manipular, de cara a las elecciones generales que van a celebrarse en poco más de 50 días. Salvando las naturales distancias, Balcázar puede ser el Sagasti que la mafia caviar, en alianza con el ala más dura y radical de la izquierda ortodoxa, necesita para amañar unas elecciones que van a terminar por sepultar a la izquierda peruana porque -afortunadamente- ninguno de los sinvergüenzas que se presentan hoy, parece tener chances de pasar a segunda vuelta.
En medio de un escenario electoral que ubica a Rafael López Aliga y Keiko Fujimori, como los candidatos que más oportunidades tienen para ponerse la banda presidencial este 28 de Julio, el sórdido diálogo que hace algunas semanas tuvieran Juliana Oxenford y Rosa María Palacios, donde haciendo gala de un poder ajeno a los órdenes constitucionales que conocemos, discutían cuál de estas dos opciones era más fácil de remover en sus hipotéticos gobiernos; cobra una relevancia diferente ahora que nuevamente se ha cambiado el rumbo político del país. En cualquier caso, debe quedar claro que así es como opera la mafia cuando no tiene el control formal de la política. La desestabilización, la violencia y el caos, como metodología y praxis, están más que comprobados y la prueba de esto, la tenemos en el gobierno fugaz de Manuel Merino, Presidente de la República tras la destitución de Martín Vizcarra.
Teniendo en cuenta que nuestro sistema político no es el más funcional del mundo, hablar de crisis política ya resulta trillado. Llevamos más de 20 años de democracia y las crisis políticas han sido parte de nuestra vida en sociedad. Normalizar esto seguramente no es saludable para el país pero sí debemos tener claro cuál es el denominador común en cada crisis que hemos atravesado. Desde el gobierno de transición de Paniagua, nació una especie de pacto que siempre buscó minar el camino en el que nos pusiera Alberto Fujimori tras derrotar militarmente al terrorismo y recuperar una economía que se venía arruinando desde Velasco Alvarado y terminó por colapsar con el primer gobierno de Alan García.
Y es esta organización política que no tiene nombre, registro y rostros públicos, la que está siempre presente en la vida política del país. Marchas políticas e ideológicas en cada periodo de gobierno, una artillería mediática al servicio de sus intereses, canales de televisión a disposición para campañas y contracampañas, periodistas “independientes” siempre en la misma línea, infiltración en todo el aparato del Estado y principalmente en espacios como cultura y educación, que son las cajas de resonancia más grandes para seguir el proceso de adoctrinamiento, y mucho más. Y este es el verdadero enemigo del Perú, si algún pacto mafioso tenemos que denunciar como sociedad, es el que viene siendo apuntalado y promocionado por las izquierdas ortodoxas y progresistas desde hace años y que, a día de hoy, ven con esperanza la asunción de un Balcázar en su misma línea política.
















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