Guillermo De Vivanco
Keiko Fujimori en la ONU
La verdad frente a la narrativa de la izquierda
Keiko Fujimori estuvo impecable en su discurso ante las Naciones Unidas: con un inglés fluido y sin necesidad de leer notas, resumió una realidad innegable, en la que muchos países pueden verse reflejados, al identificar el crimen organizado, sus conexiones internacionales y sus distintas modalidades. Habló con autoridad la hija del expresidente Alberto Fujimori, quien con inteligencia derrotó y capturó al mayor genocida de la historia del Perú. En una operación sin precedentes de repercusión mundial, además, rescató a un grupo de peruanos secuestrados por los terroristas del MRTA. Su testimonio denunció la complicidad de jueces que, amparados por una dependencia de la ONU, persiguieron y aún persiguen a los policías y militares que pusieron el pecho para derrotar el terror, mientras miles de terroristas fueron liberados e indemnizados por orden de la CIDH. Qué diferencia con la presentación de Boluarte en el Foro Económico Mundial de Davos, donde criticó la libre empresa, o con la del incapaz de Castillo, preguntando si el pollo está vivo o muerto. La intrascendencia de Jeri o de Balcázar me releva de mayor comentario.
Donald Trump debe de haberse quedado sorprendido de lo bien que se expresó la presidenta del Perú, del reconocimiento que hizo sobre su política de calificar de terroristas a las bandas transnacionales, y de su adhesión al Escudo de las Américas. Keiko describió acertadamente el estado de la guerra moderna, en que se combate sin delimitar fronteras y sin poder identificar al enemigo, ya que este se mezcla entre la población. Sin embargo, hay otro sector enemigo que se enquistó en el aparato estatal durante los últimos gobiernos de izquierda: para justificar sus empleos se crearon cientos de normas cuyo fin fue combatir la inversión privada. El sello de esa burocracia es marcadamente anticapitalista, copiado al pie de la letra del manual de Gramsci sobre el copamiento de la institucionalidad para perpetuarse en el poder. ¿Cómo explicar, si no, que entre 2017 y 2024 el costo de la planilla estatal subiera un 63.9%? (Fuente: SERVIR).
El Perú requiere un liderazgo fuerte, sin titubeos ni medias tintas, y sin dejarse intimidar por quienes, hablando en nombre del pueblo, lo traicionaron. En esa misma línea, resulta vergonzoso lo declarado por la presidenta del Poder Judicial, Janet Tello. ¿Con qué autoridad moral se rasga las vestiduras ante la crítica hecha en la ONU? Basta recordar la notoria y prevaricadora aplicación del "control difuso", que desconoce las resoluciones del Tribunal Constitucional; el abuso de la prisión preventiva, que encarceló políticamente a la oposición, incluyendo a nuestra actual presidenta; y la ausencia de sentencias por hechos ocurridos hace tres o cuatro décadas, mientras los policías y militares encausados siguen sin ser sentenciados. El Poder Judicial está copado por jueces ideologizados, por altísimos niveles de corrupción y por una justicia exprés que no condena a sus aliados. ¿Cuántos presos hay por la corrupción de Odebrecht?
La izquierda ha sido merecidamente vencida; los enemigos de la sociedad libre han perdido el poder, pero la penetración institucional tiene que revertirse. Empecemos por la educación: que se revierta la ideología y que prime la verdad sobre los hechos. Somos un país en que el 22.7% de la población es menor de 15 años y nuestro promedio de edad es de 34.2 años, exactamente los mismos años transcurridos desde que los terroristas hicieron estallar 600 kilos de dinamita en el centro de Miraflores. Quienes vivimos en carne propia esa carnicería tenemos la responsabilidad de contar la verdadera historia y desmentir la narrativa de la izquierda, que busca presentar los años de terror como un conflicto interno. Cerremos el infausto museo de la desmemoria. Es hora de denunciar a los Maraví y a la banda de senderistas que hoy ocupan un curul en el Congreso. El miedo se acabó: mano dura, sin dudas ni titubeos. Las minorías radicales no representan a nuestra sociedad; son solo eso, minorías.
















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