Julio Jesús Puescas

La verdad no es democrática

No depende del deseo individual, la aprobación social ni la fuerza política

La verdad no es democrática
Julio Jesús Puescas
15 de octubre del 2026

 

Una elección define quién gobierna, un referéndum expresa la voluntad de una mayoría, un parlamento aprueba normas obligatorias; no obstante, ninguno de esos procedimientos modifica la verdad. Y es que por más de que cien votos puedan imponer una decisión política, estos siempre carecerán de poder para convertir lo falso en verdadero o lo injusto en justo. Esto es así porque la realidad posee una estructura inteligible que precede nuestras opiniones. 

El intelecto conoce la verdad cuando su juicio se adecua a esa realidad. Santo Tomás recoge esta concepción al definirla como adecuación entre el entendimiento y la cosa: un juicio resulta verdadero cuando reconoce al ser tal como es. La voluntad puede aceptar esa verdad, rechazarla o deformarla. Sin embargo, su contenido permanece independiente del deseo individual, de la aprobación social y de la fuerza política.

La misma estructura opera en el campo moral. La naturaleza humana contiene bienes objetivos relacionados con aquello que perfecciona a la persona: la vida, la verdad, la familia, la convivencia, la educación y la justicia. La razón práctica descubre esos bienes y formula su primer principio: el bien debe buscarse y el mal debe evitarse. De este principio surgen los preceptos de la ley natural, entendida como una orientación racional de la conducta hacia el perfeccionamiento integral del ser humano.

La ley natural fija una medida objetiva para juzgar las acciones. Aquello que protege y perfecciona la naturaleza humana participa del bien. Aquello que lesiona sus bienes fundamentales introduce desorden y daño. Matar deliberadamente al inocente, explotar al débil, separar al niño de toda protección o tratar a una persona como mercancía constituyen males por su propio objeto. El poder puede tolerarlos, legalizarlos o promoverlos, mas su aprobación jurídica jamás alterará su contenido moral.

Por esta razón, las leyes humanas necesitan una referencia superior. El derecho positivo organiza la comunidad, resuelve conflictos y determina aplicaciones concretas de la justicia. Su autoridad depende también de su conformidad con la razón y el bien común. Dentro de la tradición tomista, la ley humana conserva carácter de ley en cuanto deriva de la ley natural; cuando se aparta de ella, se convierte en corrupción de la ley. La política queda sometida así a límites que ningún gobernante ni mayoría puede traspasar legítimamente.

El relativismo contemporáneo niega esta base común. Cada individuo tendría su propia verdad; cada cultura produciría sus propios valores; cada relación de poder impondría el lenguaje dominante. Este enfoque convierte la moral en una disputa entre voluntades. Gana quien controla el Estado, la universidad, los tribunales, los medios o las plataformas digitales. Así, por ejemplo, la justicia pierde toda medida objetiva y queda reducida a una mera correlación de fuerzas. Bajo esa lógica, la víctima carece de una instancia superior desde la cual denunciar al poder que la oprime.

La posverdad profundiza esa degradación. Los sentimientos reemplazan a los hechos, la identidad determina la validez de los argumentos y la repetición pública produce apariencias de certeza. Por ende, la sociedad puede terminar llamando libertad a la dependencia, derecho al abuso y progreso a la barbarie. El lenguaje oculta entonces la realidad y prepara su manipulación. 

Desde la Nueva Derecha Peruana buscamos acercar la acción política a la verdad. Nuestra defensa de la vida responde a la dignidad intrínseca de todo ser humano. Nuestra defensa de la familia reconoce su función natural en la procreación, la crianza, la educación y la solidaridad entre generaciones. Nuestra defensa de la autoridad exige que el poder sirva al bien común. Estas posiciones poseen una razón de ser anterior a la conveniencia electoral y a las tendencias culturales.

Por ende, nuestra labor política consiste en orientar la sociedad hacia sus bienes verdaderos, formar la conciencia pública y traducir los principios en instituciones justas. Los gobiernos cambian, las mayorías se desplazan y las hegemonías culturales terminan agotándose; pero la naturaleza humana permanece como referencia permanente de la vida común. 

Julio Jesús Puescas
15 de octubre del 2026

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