Eduardo Vega
¿Opresores en campaña?
Algunos candidatos no pueden realizar proselitismo en el sur del Perú
Cuando se busca noticias sobre la campaña electoral y las propuestas de los candidatos, lo que más se encuentra es una perniciosa y permanente campaña de desprestigio respecto de la mayoría de ellos. Eso me hace sospechar si en realidad no tenemos una “anticampaña” o contracampaña en público y, en paralelo, el ocultamiento de lo que verdaderamente viene ocurriendo.
En efecto, hoy debería ser más que relevantes en los medios las incidencias que algunos candidatos pueden sufrir para presentarse en público o hacer un mitin abierto en el sur del Perú (Arequipa) sin el riesgo de que ocurran desmanes o trifulcas, a la par que otros pueden hacer un mitin en las calles de Juliaca sin mayor inconveniente.
Al respecto y sin que ello implique favoritismo por algún candidato, me parece sumamente preocupante que existan regiones donde el no compartir una ideología pueda justificar violencia contra uno u otro candidato en contienda, puesto que ello indirectamente significa que un sector de la población autoriza o valida actos de represión psicosocial directa e indirecta que constituyen actos antidemocráticos, lo que incluso los convertiría en promotores de la opresión y de las ideas dictatoriales.
Cabe recordar que en el artículo 2 de la constitución, en sus numerales 1, 3, 4, 12, 17, 18 y 22; se consagran los derechos de los peruanos a la identidad (1), libertad de conciencia (3), opinión (4), reunirse pacíficamente (12), participar en la vida política (17), mantener reserva de sus convicciones (18), así como a la paz y tranquilidad (22). Dicho esto, siendo que un estado democrático se sustenta básicamente sobre estos principios, cualquier amedrentamiento para la realización de los mítines, caravanas proselitistas, u otro acto público de los candidatos en campaña no puede quedar en la narración de una simple anécdota o noticia, habida cuenta que dichos actos no son más que la fiel representación de todo lo opuesto a la democracia.
En efecto, que las autoridades de cualquier localidad se vean en la obligación de suspender un mitin político, porque existe un grupo de intolerantes o parcializados que públicamente se dedican a atacar la actividad política de los idearios que no toleran, debería ser un evento de inmediata evaluación y sanción por parte del Jurado Nacional de Elecciones, con la correcta individualización de los actores, para que sean inmediatamente sustraídos del sistema electoral, y si fuera el caso que la población apunte a jugar al “fuenteovejuna”, todo el distrito debería perder el derecho al voto.
Muchos podrán decir que lo anterior es extremo o exagerado, que en el Perú existen los delitos contra la voluntad popular debidamente regulados en Código Penal; sin embargo, debería recordarse que su consecuencia es efímera con penas que rara vez superan los cuatro años; y posiblemente se apliquen luego de las elecciones. Consecuentemente, no tendrán efecto sobre los colectivos que promueven esa violencia política. Por ello considero que el jurado debería ser inflexible con los enemigos de la democracia y el proceso electoral de manera estricta y ejemplar.
Cabe recordar que, en la última elección, horas antes del debate final entre Fujimori y Castillo en Arequipa, la caravana de Fuerza Popular fue materia de un apedreamiento tras el cual hubo heridos. Si bien esa no fue la primera vez, la prensa informó del hecho, y la candidata se quejó de ello en debate; al producirse una indebida banalización de los eventos, hoy en día se siguen produciendo actos análogos, generando algo que a criterio de algunos periodistas se resume en: candidatos que pueden y no pueden realizar proselitismo en el sur del Perú.
Decir esto es muy grave, pues si bien los políticos peruanos están muy desprestigiados –de hecho, los actos de Jerí encapuchado o sus visitantes nocturnos en Palacio tampoco ayudan–, lo cierto es que es resulta necesario renovar para bien a nuestros políticos. Pero mientras exista una minoría opresora persiguiendo a los candidatos o presionando a los electores, estaremos muy lejos de lograr el objetivo.
















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