Mariana de los Ríos

The Boys y la destrucción del mito heroico

Reseña crítica de la temporada final de la exitosa serie de televisión

The Boys y la destrucción del mito heroico
Mariana de los Ríos
28 de mayo del 2026

 

Desde su estreno en 2019 The Boys –la serie de Prime Video creada por Eric Kripke a partir del cómic de Garth Ennis y Darick Robertson– se convirtió en una de las sátiras más feroces y políticamente incómodas de la televisión contemporánea. Mientras el cine de superhéroes se refugiaba cada vez más en fórmulas previsibles y discursos edulcorados sobre el heroísmo, The Boys eligió el camino contrario: la exageración grotesca, la violencia extrema y una lectura cínica del poder. Su quinta y última temporada confirma esa vocación. No es una despedida nostálgica ni conciliadora; es, más bien, el colapso definitivo de un mundo que desde el inicio estuvo mal.

La temporada retoma la historia luego de la consolidación política de Homelander, interpretado con una mezcla inquietante de carisma y locura mesiánica por Antony Starr. Ya no se trata únicamente de un superhéroe corrupto o de una celebridad manipuladora. Homelander se ha transformado en una figura autoritaria que domina el aparato político, mediático y religioso de Estados Unidos, mientras convierte el miedo colectivo en una herramienta de control. La serie, que desde hace años funciona como una alegoría cada vez menos disimulada del extremismo político actual, abandona cualquier sutileza. Lo que muestra ahora es un país completamente absorbido por el fanatismo, la propaganda y el culto a la personalidad.

El riesgo de una última temporada en una serie tan popular suele ser la complacencia. The Boys evita esa tentación. Desde los primeros episodios de esta temporada deja claro que nadie está a salvo y que el desenlace no busca satisfacer a los espectadores mediante gestos heroicos convencionales. La violencia continúa siendo excesiva —explosiones corporales, mutilaciones, orgías grotescas y humor escatológico incluidos—, pero esta vez la serie parece menos interesada en escandalizar que en transmitir la sensación de un mundo fuera de control.

No bastante, los primeros episodios evidencian cierto desgaste narrativo. Después de cuatro temporadas de conspiraciones, traiciones y falsas victorias, algunos conflictos parecen reiterativos y ciertas dinámicas entre personajes ya no poseen la misma frescura. La serie incluso parece consciente de ello: el cansancio moral de los protagonistas se convierte en parte del relato. Billy Butcher, encarnado por Karl Urban, ya no es simplemente el líder brutal y sarcástico del grupo. Es un hombre consumido por el odio, dispuesto a cruzar límites que antes condenaba. Su radicalización constituye uno de los aspectos más interesantes de la temporada, porque la serie plantea una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto quienes luchan contra el monstruo terminan pareciéndose a él?

Ese deterioro moral también alcanza al resto del equipo. Annie January/Starlight, interpretada por Erin Moriarty, abandona definitivamente cualquier ilusión sobre las instituciones. Hughie, Mother's Milk y Frenchie aparecen marcados por el desgaste emocional acumulado durante años de persecución y fracaso. Incluso Kimiko, uno de los personajes más silenciosos y trágicos de la serie, adquiere aquí una dimensión distinta. La relación entre ella y Frenchie se convierte en uno de los pocos espacios de humanidad genuina dentro de una historia dominada por el resentimiento y la paranoia.

Sin embargo, el verdadero centro gravitacional de la temporada sigue siendo Homelander. Starr ofrece probablemente la mejor interpretación de toda la serie. Su personaje oscila entre la vulnerabilidad y el delirio fascista con una naturalidad perturbadora. La temporada explora su progresiva desconexión de la realidad mediante visiones religiosas y discursos mesiánicos que lo presentan como una figura casi divina ante sus seguidores. La sátira política de The Boys siempre fue agresiva, pero ahora la manipulación mediática, la instrumentalización de la religión y la normalización de la violencia política dejan de ser simples referencias satíricas para convertirse en el núcleo mismo del relato.

Uno de los mayores aciertos de esta última entrega es que logra equilibrar esa dimensión política con el espectáculo delirante que convirtió a la serie en un fenómeno cultural. Continúan apareciendo escenas absurdas y salvajes que rozan el mal gusto con absoluta deliberación, pero rara vez se sienten gratuitas. Incluso los momentos más ridículos parecen surgir de un universo coherente donde el poder y el narcisismo han destruido cualquier límite moral.

Visualmente la serie mantiene su estilo hiperactivo y excesivo. La violencia continúa siendo explícita hasta lo caricaturesco, aunque ahora posee una densidad emocional distinta. La sensación dominante ya no es el placer irreverente de temporadas anteriores, sino una especie de agotamiento colectivo. Como si todos los personajes entendieran que el desastre final es inevitable.

Tal vez por eso esta última temporada funciona mejor cuando abandona temporalmente la lógica del gran enfrentamiento y se concentra en los personajes. Algunos de sus mejores episodios no son los más explosivos, sino aquellos en los que la serie permite que sus protagonistas enfrenten las consecuencias psicológicas de años de odio, manipulación y violencia. Ahí es donde The Boys demuestra que detrás de toda su vulgaridad y brutalidad siempre existió algo más que una simple parodia de superhéroes.

Al final, la serie se despide como empezó: furiosa, incómoda y profundamente pesimista respecto al poder. Pero su mundo ya no parece una exageración grotesca de la realidad contemporánea, sino apenas un reflejo deformado de ella.

Mariana de los Ríos
28 de mayo del 2026

NOTICIAS RELACIONADAS >

Un poeta: la derrota convertida en comedia

Columnas

Un poeta: la derrota convertida en comedia

  Simón Mesa Soto (Medellín, 1986) regresa al larg...

14 de mayo
La única opción: una comedia negra implacable

Columnas

La única opción: una comedia negra implacable

  Park Chan-wook (Seúl, 1963) es uno de los cineastas m&a...

15 de abril
Super Mario Galaxy: espectáculo sin gravedad ni centro

Columnas

Super Mario Galaxy: espectáculo sin gravedad ni centro

  La película animada Super Mario Galaxy (2026), dirigida...

09 de abril

COMENTARIOS