Las investigaciones del Instituto Peruano de Economía (IPE) nos...
El proyecto Majes Siguas II se perfila como una de las iniciativas más decisivas para redefinir la agricultura en el sur del Perú. Su puesta en marcha responde a la necesidad de aprovechar mejor los recursos hídricos y transformar zonas áridas en espacios productivos con enfoque moderno. Arequipa, históricamente vinculada a la agroindustria, encuentra en esta segunda etapa una oportunidad para corregir limitaciones previas y consolidarse como un polo de desarrollo agrícola orientado a los mercados nacionales e internacionales.
El corazón del proyecto está en la ampliación y modernización del sistema de trasvase de agua desde la cuenca del Colca hacia Siguas. La infraestructura contempla represas, túneles, canales y sistemas de control que permitirán conducir grandes volúmenes de agua con mayor eficiencia. La incorporación de tecnología avanzada busca reducir pérdidas, mejorar la distribución y asegurar un uso responsable del recurso hídrico, un aspecto clave en un contexto de cambio climático y creciente presión sobre el agua.
La inversión prevista, que supera largamente los miles de millones de soles, permitirá habilitar decenas de miles de nuevas hectáreas agrícolas. Estas tierras se sumarán a las ya irrigadas por la primera fase del proyecto, ampliando de manera significativa la frontera agrícola regional. El impacto esperado no se limita al incremento de la producción: también se proyecta la generación de empleo, el fortalecimiento de cadenas productivas y la atracción de capitales interesados en cultivos de alto valor comercial.
Sin embargo, la experiencia pasada deja lecciones claras. La primera etapa de Majes Siguas terminó con una alta fragmentación de la propiedad, lo que dio lugar a unidades productivas pequeñas, con baja capacidad de inversión y escasa competitividad. Para evitar repetir ese escenario, la nueva fase debe priorizar un ordenamiento de tierras que favorezca economías de escala, agricultura tecnificada y modelos empresariales capaces de sostenerse en el tiempo.
En este punto, las asociaciones público privadas adquieren un rol central. A diferencia de esquemas donde el Estado asume en solitario la operación y el mantenimiento, las APP permiten compartir riesgos y responsabilidades con el sector privado. Este modelo abre la puerta a una gestión más eficiente de la infraestructura, a estándares técnicos más exigentes y a una visión de largo plazo que asegure que la inversión pública tenga resultados duraderos y medibles.
El aporte de las APP no se limita al financiamiento. La participación privada introduce prácticas modernas de administración, control de costos e innovación tecnológica. Además, puede garantizar procesos más transparentes en la adjudicación y uso de las tierras, así como en la operación de sistemas de riego. Si se implementan adecuadamente, estas asociaciones pueden convertir a Majes Siguas II en un referente nacional sobre cómo articular intereses públicos y privados en beneficio del desarrollo regional.
Para que el proyecto alcance todo su potencial, debe ir acompañado de infraestructura complementaria. Carreteras en buen estado, centros de acopio, plantas de procesamiento y sistemas de frío son indispensables para que la producción agrícola llegue a los mercados en condiciones competitivas. Sin estos elementos, el esfuerzo por ampliar la frontera agrícola corre el riesgo de quedarse a medio camino y no generar el valor agregado que la agroexportación exige.
El marco institucional también será determinante. La inversión privada requiere reglas claras, estabilidad jurídica y políticas agrarias que promuevan la formalidad y la innovación. La experiencia de otras regiones del país muestra que cuando existe seguridad para invertir y una gestión eficiente del agua, la agricultura puede convertirse en un motor sostenido de crecimiento. Majes Siguas II debe alinearse con esa lógica para atraer actores sólidos y comprometidos.
En perspectiva, Majes Siguas II representa mucho más que una obra de infraestructura. Es la posibilidad de transformar el sur peruano en una región agrícola competitiva, generadora de empleo formal y con capacidad exportadora. Lograrlo dependerá de decisiones acertadas en la gestión del agua, del uso inteligente de las asociaciones público privadas y de una visión compartida entre Estado, empresas y sociedad. Solo así el proyecto podrá cumplir su promesa de desarrollo sostenible.
















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