Editorial Política

El acuerdo político con los Estados Unidos y las elecciones

La renovación y modernización de las fuerzas armadas en medio de una tensión internacional

El acuerdo político con los Estados Unidos y las elecciones
  • 12 de mayo del 2026


Es evidente que el Perú avanza a convertirse en un aliado central de los Estados Unidos en el Pacífico Sur. La declaración de Aliado Principal no OTAN de nuestro país, de parte de los Estados Unidos, la venta de la flota de los 24 cazas F-16 Block 70, el Proyecto del Aeropuerto Espacial con la NASA en la costa norte y la modernización de la base naval del Callao confirman que la alianza entre el Perú y los Estados Unidos avanza con firmeza. Sin embargo, la señalada política de Estado, que se afirma desde varios gobiernos atrás, tiene el veto de la izquierda en todas sus versiones, desde la progresista hasta la ortodoxa comunista.

Las contramarchas del presidente encargado José María Balcázar con respecto a la compra de los F-16 y las precisiones y aclaraciones de la Cancillería revelan que el asunto es más que una simple posición ideológica. Detrás de la posición de Balcázar de retroceder –como si fuese un monarca por encima de la Constitución, los tratados internacionales y las leyes nacionales– en el contrato firmado por el Perú y el Estado Peruano (Congreso, Ministerio de Economía y Finanzas, Fuerzas Armadas, Ministerio de Relaciones Exteriores)para la compra de los F-16, revelan que existe una presión poderosa de China, la gran potencia emergente. Los tuits del embajador chino en Colombia, cruzando fuego con el embajador de los Estados Unidos, Bernie Navarro, solo confirman esta aproximación.

Por otro lado, las singulares opiniones del candidato Jorge Nieto, señalando que la compra de los F-16 revela un golpe de Estado de facto de las fuerzas armadas, convierte a Balcázar en un monarca y señala que “las fuerzas armadas son golpistas” por pelear con uñas y dientes por la defensa nacional. En cualquier caso, ¿por qué la izquierda pretende bloquear un acuerdo geopolítico y militar del Perú con los Estados Unidos?

Porque, en realidad, el compromiso de la izquierda en todas sus versiones con la democracia y el Estado de derecho es relativo. La izquierda comunista propone una asamblea constituyente para iniciar un proceso revolucionario, y los sectores progresistas creen que pueden seguir jugando, irresponsable y frívolamente, con la feroz contradicción entre sistema y antisistema que se escenifica en el Perú en las últimas décadas, y que llevó al poder a Pedro Castillo, sobre la base de una alianza entre el progresismo y el comunismo ortodoxo.

En cualquier caso, la posibilidad de una asamblea constituyente y del desarrollo de un camino revolucionario es incompatible, absolutamente inviable, en una relación con los Estados Unidos. Sin embargo, sí es totalmente posible en una relación con China.

Las relaciones que establece el Partido Comunista de China con las naciones emergentes se desvinculan de cualquier valoración de la situación de los estados de derechos, el respeto de las garantías constitucionales y la prosperidad y bienestar de los pueblos. Los casos paradigmáticos son las relaciones que estableció China con Venezuela e Irán, países a los que les compraba más del 80% de la producción de petróleo.

Como todos sabemos, Venezuela sigue siendo el país con las mayores reservas de petróleo crudo pesado del planeta. Sin embargo, la alianza de China con la dictadura chavista desencadenó una tragedia humanitaria que obligó a emigrar a una tercera parte de la población y arrojó al 90% de los venezolanos a la pobreza. Igualmente, Irán ocupa el tercer lugar en reservas petroleras mundiales, luego de Venezuela y Arabia Saudita. Sin embargo, la crisis económica, la falta de empleo y la inflación arrojaron a los ciudadanos iraníes a la protesta social, y la dictadura de los ayatollahs simplemente masacró a más de 5,000 ciudadanos persas, tal como lo señalan todos los organismos de DD.HH. de Occidente. Bueno, China compraba el 84% del petróleo iraní.

La izquierda en todas sus versiones suele señalar que los Estados Unidos como potencia interviene en estas sociedades por el petróleo. En cualquier caso, no se trata de ninguna novedad en las relaciones del planeta. La diferencia superlativa reside en que cuando las empresas de Estados Unidos y las occidentales conducían el petróleo llanero, Venezuela tenía uno de los ingresos per cápita más altos de América Latina y se ubicaba entre los diez más altos del planeta, mientras el Estado de derecho continuaba. Incluso, todos los latinoamericanos solían emigrar a Venezuela.

Las cosas, pues, están extremadamente claras. Si el Perú pretende preservar su Estado de derecho y garantizar la prosperidad de su población en medio de estas tensiones geopolíticas del planeta que atraviesan nuestro territorio y nuestros recursos naturales, solo tiene un camino: la alianza geopolítica con los Estados Unidos.

  • 12 de mayo del 2026

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