La primera intervención de Keiko Fujimori como presidenta del P...
La participación de la presidenta Keiko Fujimori en la reunión de alto nivel realizada en Nueva York, junto a Donald Trump y Marco Rubio, coloca la lucha contra el crimen organizado transnacional en el centro de la política exterior peruana. Frente a organizaciones que cruzan fronteras, lavan dinero, compran voluntades y controlan economías clandestinas, el desafío ya no puede enfrentarse exclusivamente dentro del territorio nacional.
El Escudo de las Américas fue impulsado por Estados Unidos para articular esfuerzos frente a organizaciones criminales transnacionales, narcotráfico y economías ilícitas. El ingreso peruano fue anunciado oficialmente el 10 de septiembre, durante la visita de Marco Rubio a Lima, y posteriormente Fujimori participó en la reunión de alto nivel en Nueva York.
La iniciativa no supone, según lo explicado por el Gobierno peruano, que otros Estados puedan actuar unilateralmente en territorio nacional. El canciller Carlos Espá sostuvo ante el Senado que la incorporación responde a intereses nacionales y busca aprovechar espacios de cooperación internacional, especialmente en materia de seguridad. El debate, por tanto, no debería reducirse a una adhesión simbólica: la cuestión central será determinar qué capacidades concretas puede obtener el Perú mediante esta cooperación y bajo qué condiciones.
La visita de Rubio a Lima formó parte de una agenda bilateral más amplia. La cooperación con Estados Unidos comprende la lucha contra el crimen organizado y otros asuntos estratégicos, y el Gobierno peruano también informó sobre cooperación frente al fenómeno El Niño y la próxima llegada del buque hospital USNS Comfort al norte del país. La incorporación al Escudo se inscribe, así, en una relación bilateral más amplia, sin que ello implique abandonar los vínculos comerciales del Perú con China ni con otros socios.
En Nueva York, Rubio presentó ante Donald Trump el reciente ingreso de Perú y Colombia al mecanismo y cedió la palabra a Fujimori. La presidenta recordó que el Perú derrotó a Sendero Luminoso y al MRTA, pero estableció una diferencia fundamental con la criminalidad contemporánea: mientras aquellas organizaciones operaban principalmente dentro del territorio nacional, las actuales organizaciones criminales no reconocen fronteras. Fujimori afirmó que el Perú ingresa al Escudo “con entusiasmo, pero sobre todo determinación”.
La experiencia peruana en la lucha contra el terrorismo constituye un antecedente importante, pero la criminalidad actual presenta características diferentes. Ya no se trata necesariamente de organizaciones con una estructura visible o una ideología definida. Las redes criminales pueden operar desde otros países, coordinar extorsiones mediante medios digitales, mover dinero a través de testaferros y conectar actividades como narcotráfico, minería ilegal, trata de personas y extorsión.
Los datos muestran la magnitud del problema. Entre enero y junio de 2026, el Ministerio Público registró 12,634 denuncias por extorsión y chantaje a nivel nacional, un promedio superior a 70 casos diarios. La dimensión del delito contrasta con la capacidad de respuesta del Estado y con el temor de una población que, además de sufrir delitos, puede optar por no denunciarlos.
A este escenario se suma la minería ilegal. Según estimaciones del Instituto Peruano de Economía difundidas en septiembre, durante el primer semestre de 2026 el oro de origen ilegal representó el 54% del volumen total exportado por el Perú y superó al oro legal en 8.7 toneladas. El IPE proyectó que las exportaciones de oro ilegal podrían alcanzar al menos 110 toneladas al cierre del año y superar las 120 toneladas. El problema deja de ser entonces exclusivamente minero: una economía ilegal de semejante magnitud puede generar recursos para financiar otras actividades delictivas y alimentar redes de corrupción.
Por eso, el verdadero alcance del Escudo tendrá que medirse por sus resultados. Intercambio rápido de inteligencia, análisis tecnológico de información, cooperación policial, vigilancia aérea y marítima, control de rutas, extradiciones y seguimiento de activos financieros son algunas de las herramientas que podrían convertir una alianza política en un instrumento efectivo contra las organizaciones criminales. La propia Fujimori señaló que el mecanismo permitirá al Perú obtener información de manera más rápida.
Las mafias actúan en tiempo real. Intercambian información en segundos, trasladan dinero con rapidez y aprovechan las fronteras como espacios de protección. Un Estado que necesita meses para compartir información o coordinar una operación termina reaccionando después de que el delito ya ocurrió. El desafío consiste, precisamente, en reducir esa brecha.
La cooperación internacional tampoco elimina la soberanía nacional. El Gobierno ha sostenido que las acciones de cooperación deberán desarrollarse dentro de las competencias constitucionales del Estado peruano. El propio Senado abrió un debate sobre los alcances jurídicos, políticos y operativos de la incorporación, así como sobre sus implicancias para la soberanía y las competencias del Congreso.
La incorporación al Escudo de las Américas plantea, por tanto, una oportunidad y una exigencia. La oportunidad consiste en sumar capacidades internacionales a una lucha que el Perú difícilmente puede enfrentar de manera aislada. La exigencia consiste en convertir esa cooperación en inteligencia, operaciones, desarticulación de redes financieras y recuperación de territorios donde el Estado ha perdido capacidad de control.
El encuentro de Nueva York no será relevante por las fotografías ni por los discursos. Su importancia dependerá de lo que ocurra después. Si la cooperación permite proteger a los ciudadanos extorsionados, cerrar las rutas del narcotráfico, perseguir el dinero ilícito y golpear las estructuras vinculadas a la minería ilegal, el Escudo habrá adquirido una dimensión concreta para el Perú. Si se limita a declaraciones diplomáticas y comunicados, habrá quedado como otro mecanismo internacional sin capacidad para modificar la realidad que pretende enfrentar.
















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