El Perú hoy es una sociedad desorganizada, con un Estado de der...
De pronto algunos sectores pretenden señalar que las irregularidades que sucedieron en las elecciones del domingo pasado son simples incidentes que no afectan el resultado electoral y que forman parte, como se dice, del juego político. De ninguna manera.
El domingo pasado las deficiencias e irregularidades cometidas por los funcionarios de la ONPE desalentaron la votación en el 30% de las mesas de Lima; mesas que a la 1:00 p.m., según el propio Jurado Nacional de Elecciones (JNE) no se habían instalado. El JNE se vio obligado a desarrollar una discrecionalidad que no estaba en la ley y amplió la instalación de las mesas hasta las 2:00 p.m. (solo podía hacerse hasta mediodía), e incluso alargó las votaciones hasta las 6:00 p.m. y estableció que el día siguiente se volvería a votar en las mesas que no se instalaron.
Pero eso no es todo. Los lugares de votación de los limeños se movieron de aquí para allá y algunos adultos mayores tuvieron que movilizarse por más de una hora para ejercer su derecho al sufragio. En elecciones anteriores lo hacían en lugares cercanos a sus domicilios (la gran mayoría no seleccionó su lugar de votación en diciembre pasado porque no conocía el procedimiento). Y si a esto le sumamos el hecho de que las computadoras y los softwares no funcionaban, entonces tenemos el cóctel perfecto que desalentó la votación de miles de ciudadanos en Lima. Miles de electores llegaron a las mesas y se retiraron a sus casas. Otros asistieron dos veces y, finalmente, desistieron de votar.
Semejantes hechos, ¿influyen en el resultado electoral, considerando que la plaza de Lima es principalmente favorable a las derechas, sobre todo a Renovación Popular? Semejante estado de cosas, ¿acaso no favorecen a Roberto Sánchez, que no tiene muchos votos en Lima y si mucha influencia en el sur? Y finalmente, ¿acaso no se ha afectado la votación de López Aliaga en su principal plaza electoral? Miremos los números e intentemos aproximaciones.
Más allá de cualquier análisis, más allá de cualquier especulación, lo cierto es que el señor Piero Corvetto, jefe de la ONPE, ya no debería estar en el cargo ni conducir el organismo electoral hacia la segunda vuelta. Para ahorrarle problemas al país, con sentido patriótico, debería tomar la iniciativa personal de renunciar al cargo frente al ensombrecimiento del proceso electoral y el terrible daño que se hizo a la democracia peruana con la acumulación de tantas deficiencias e irregularidades.
El hecho de que la policía nacional del Perú detenga a un funcionario por la desorganización del sistema electoral, la propia acusación penal del JNE en contra de Corvetto y la investigación iniciada en la Junta Nacional de Justicia nos llevan a sostener que la burocracia responsable de estas deficiencias e irregularidades debe ser removida de la ONPE.
Es la única manera de restablecer la confianza en el sistema electoral del país.
















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