Patricio Krateil
Algunas consideraciones sobre la plusvalía
El valor no se determina simplemente por la cantidad de “trabajo” incorporado
Últimamente está circulando por las redes sociales un cúmulo de pequeños marxistas que divulgan una teoría económica del siglo pasado y totalmente obsoleta, sin ningún atisbo de conocimiento epistemológico. Me refiero a la plusvalía. En esta columna desarrollaré cinco puntos importantes para entender por qué es tan obsoleta y profundamente errónea, por no decir una falsedad total.
- El plusvalor presupone una teoría objetiva del valor
Marx y los siguientes marxistas en la historia necesitan que el trabajo sea la sustancia que determina el valor de las mercancías para poder decir inequívocamente que el trabajador produce X valor, recibe Y en salarios y la diferencia X−Y genera el plusvalor apropiado por el capitalista, lo cual ellos llaman robo.
Pero si el valor es subjetivo, como se ha comprendido desde Carl Menger en adelante y precisamente se manifiesta en las valoraciones y precios de mercado basados en contextos y preferencias, esta operación deja de ser evidente. En otras palabras, no existe una unidad objetiva de “valor creado por el trabajador” que podamos medir y comparar con el salario. El valor no es algo concreto, medible ni matemático, sino es algo subjetivo que dependerá de múltiples variables en contextos diferentes.
- Una diferencia entre precio y salario no demuestra explotación
Que una empresa venda algo por S/ 100 y pague S /40 en salarios no significa que los S /60 restantes sean “valor producido por el trabajador y apropiado por el empresario”. Entre ambos extremos existen materias primas, maquinaria, capital financiero, coordinación, conocimiento, comercialización, tiempo, incertidumbre y riesgo empresarial. El empresario además puede perder dinero, en ese sentido si el plusvalor fuera simplemente trabajo producido y apropiado, habría que explicar por qué el supuesto explotador también puede asumir pérdidas.
El salario se acuerda antes de saber si la empresa ganará o perderá dinero. El beneficio aparece después, cuando ya sabemos cómo salió el negocio. Por ejemplo: el empresario contrata a un trabajador por S/2.000 al mes. Esos S/2.000 están pactados de antemano, aunque la empresa todavía no sabe si venderá mucho, poco o si perderá todo. En cambio, el beneficio solo aparece después de producir y vender.
El trabajador recibe un ingreso determinado antes de conocer el resultado, mientras que el empresario asume la incertidumbre del resultado final. El beneficio no está garantizado; el salario, en cambio, normalmente sí está establecido contractualmente. Lo cual nos hace preguntarnos ¿Por qué el riesgo no tendría también valor y quien o como se determina que sea menor?
- El problema de la imputación
Incluso aceptando provisionalmente la lógica marxista de que existe “valor producido”, aparece una dificultad enorme; cuánto corresponde al trabajador, cuánto a la máquina, cuánto al capital, cuánto al conocimiento, cuánto a la organización, cuánto al empresario, etc.
Por otro lado, Marx sostiene que la máquina no crea nuevo valor, sino que simplemente transfiere al producto el valor que ya tenía, mientras que el trabajo humano es el que genera nuevo valor. Ese es precisamente uno de los puntos que cuestiona Böhm-Bawerk: ¿por qué debemos asumir que solo el trabajo crea valor nuevo?
Que el trabajador sea necesario para producir algo no significa que todo el valor del producto haya sido creado exclusivamente por él. Además, la máquina que utiliza el trabajador también tuvo que ser fabricada y ensamblada por alguien.
¿Acaso una cosa deja de aportar valor, en función del trabajo previo empleado, simplemente porque funciona ahora como herramienta y no es el producto final? ¿Por qué su cambio de función de un bien dentro del proceso productivo generaría que su aporte económico desaparezca?
La máquina, el capital invertido, el conocimiento, la organización y la decisión empresarial también forman parte del proceso productivo. El desacuerdo fundamental es cómo atribuimos el valor generado entre todos esos factores. Es casi imposible. No hay leyes objetivas que lo adjudiquen, ni contextos lo suficientemente iguales para pretender una suerte de positivismo científico.
Por ello, el valor no tiene por qué ser objetivo.
- El contrato salarial no es una apropiación ilegítima
Marx puede describir una situación en la que el trabajador genera más valor del que recibe en salario, pero eso no demuestra que tenga un derecho previo sobre todo ese valor. Para establecer explotación hay que demostrar primero que esa diferencia pertenece normativamente al trabajador, que ya vimos que es imposible de saberlo o hasta de que exista.
Si un trabajador acepta voluntariamente S/2.000 mensuales a cambio de su trabajo y el empresario asume la inversión, no existe problema ni apropiación. El trato se dio al margen de las relaciones distributivas de la empresa. ¿Por qué tendría que ser visto como una trampa o un engaño?
El mutuo acuerdo legitima la transacción.
- El empresario descubre y coordina
Para Israel Kirzner, la función empresarial no consiste únicamente en poseer medios de producción. El empresario descubre oportunidades que otros no habían identificado y no necesariamente por que use más trabajo físico o mental, a veces es meramente talento o la aclamada suerte.
Esto es importante porque el valor de una producción no está determinado simplemente por la cantidad de “trabajo” incorporado. Una empresa puede tener cien trabajadores y fracasar; otra puede tener diez y descubrir una combinación productiva extraordinariamente valiosa.
















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