Renatto Bautista

Brasil y el futuro de la democracia

Las controversias que deja la victoria de Lula da Silva

Brasil y el futuro de la democracia
Renatto Bautista
02 de noviembre del 2026

 

El domingo 25 de octubre se realizó la segunda vuelta presidencial en Brasil, entre Lula da Silva, fundador del Foro de São Paulo junto al dictador comunista cubano Fidel Castro, y Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente brasileño Jair Bolsonaro, quien se encuentra injustamente recluido y es considerado por sus seguidores una de las víctimas de la persecución política emprendida por el Partido de los Trabajadores (PT) y los sectores vinculados al Foro de São Paulo.

Indudablemente, para cualquier persona que valore la transparencia electoral, la decisión de la Corte Suprema —con la participación del magistrado Cristiano Zanin, antiguo abogado de Lula da Silva— de extender en dos horas adicionales el horario de votación, pasando por encima de las disposiciones de la justicia electoral, constituye un hecho que merece ser examinado con detenimiento. Lamentablemente, este tipo de controversias parece haberse normalizado en nuestra región. No hubo una reacción continental suficientemente firme en defensa de la transparencia y el respeto a las reglas electorales. Salvo la postura, no demasiado contundente, del presidente estadounidense, los demás mandatarios parecieron asumir con naturalidad lo sucedido y la denominada remontada de Lula. El resultado fue presentado como una victoria política incuestionable, pese a las dudas que determinados sectores han planteado sobre el desarrollo del proceso.

Indudablemente, el Foro de São Paulo habría hecho todo lo posible para preservar a Lula da Silva en el poder. No olvidemos que se trata de uno de los fundadores de esta organización, que reúne a partidos y movimientos socialistas de nuestro continente, tanto de gobiernos democráticos como de regímenes autoritarios. Una eventual derrota del PT en Brasil habría significado un revés político de enormes dimensiones para este espacio ideológico. Brasil, por su peso económico y político, constituye uno de los principales referentes de la izquierda latinoamericana. Por eso, la continuidad de Lula representa también la preservación de una importante plataforma de influencia regional.

La experiencia de América Latina demuestra que la defensa de la democracia no puede depender de las conveniencias ideológicas de los gobiernos de turno. Los principios de transparencia electoral, independencia de poderes y respeto a la voluntad popular deben aplicarse por igual, tanto cuando los resultados favorecen a la izquierda como cuando benefician a la derecha. De lo contrario, corremos el riesgo de terminar aceptando prácticas que debilitan las instituciones y erosionan la confianza de los ciudadanos.

¿Quiénes salvarán a los brasileños? En última instancia, ellos mismos deberán asumir esa responsabilidad si desean preservar sus libertades y evitar que el país quede sometido a un proyecto político que consideran contrario a sus principios. La oposición tendrá que organizarse, fortalecer sus propuestas y defender las instituciones democráticas. Porque la libertad no se conserva por inercia: requiere ciudadanos vigilantes, instituciones independientes y una sociedad dispuesta a defender el derecho a elegir y cambiar a sus gobernantes.

Renatto Bautista
02 de noviembre del 2026

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