Jorge Varela
Chile: Oda a la resaca
Gabriel Boric en versión apologética
El sociólogo Eugenio Tironi, una especie de santón académico venerado por la camada de jóvenes y mayores que circuló por los pasillos de La Moneda desde marzo de 2022 hasta marzo de 2026, ha escrito La resaca, obra que es la continuación de El desborde. En estos libros reconstruye diferentes hechos ocurridos durante el mal llamado “estallido de octubre” de 2019 y el rol de Gabriel Boric en el desenlace de la historia reciente de Chile, a partir de un enfoque benevolente y comprensivo de dicho periodo. La resaca es una narración interesante, entretenida, abundante en creatividad argumental, cuyo autor perteneció a una generación que también quiso cambiar a Chile desde una visión colindante con la liderada por Boric. Esto explica el diseño que sustenta el caudal de ideas que corren por las páginas de la publicación señalada.
Oleadas sucesivas de resaca
Tironi plantea que la resaca de 2019 –efecto del estallido de octubre– no llegó de golpe sino en oleadas sucesivas, como ocurre con los tsunamis; que una segunda oleada la impulsó el contundente rechazo ciudadano al texto constitucional plebiscitado el 4 de septiembre de 2022; y que la tercera fue la derrota electoral sufrida el 16 de diciembre de 2025, al ganar la presidencia el candidato conservador de derecha José Antonio Kast.
Una apología para salvar al defendido
En el capítulo V del libro de Tironi, “Gobernando la resaca”, se encuentra una de las mejores apologías sobre Boric que se conocen a la fecha, redactada con la pasión de un abogado que procura salvar de la condena a un amigo cercano que se ha sido imputado como responsable principal de un mal manejo de gobierno. Según el autor, después de las elecciones municipales de 2024, “en el curso de la segunda fase del gobierno se despliega” “la mutación personal de Gabriel Boric”, ”a partir de la dura y muchas veces ingrata experiencia de gobernar y de su propia maduración”. “No es una conversión ideológica; no es tampoco una iluminación en el camino a Damasco”.
Para enfatizar la transformación del personaje en cuestión, Tironi recuerda las palabras que aquel pronunciara en la inauguración del monumento al expresidente Patricio Aylwin, al citar su frase favorita: “en la medida de lo posible”. Luego precisa que esta capacidad de adaptación boriciana tuvo un límite: “no logró recomponer al país en torno a una mayoría”. Lo que le ocurrió fue consecuencia del choque de una generación formada en un mundo que ya no existía, obligada a gobernar en el que vino después. “No fue solo el efecto de la inexperiencia”.
Una generación inmadura
Ahora que por decisión ciudadana varios miembros del gobierno del Frente Amplio dejaron de habitar la mayoría de las instituciones públicas, con excepción de aquellos que permanecen arranchados como si fueran ‘okupas del Estado’, ¿será posible hallar indicios claros de cordura en sus conductas? Para muchos se trata de una generación política presumida, indolente e inepta, cuyos integrantes insisten en continuar por el camino de la aventura sin escuchar críticas, sin respetar las indicaciones de la razón equilibrada, sin consciencia de lo mal que lo hicieron mientras estuvieron de paso por el gobierno.
Según Tironi, Boric “llegó al poder con la promesa de corregir abusos, ampliar derechos y dejar atrás el neoliberalismo”. Antes de que su administración cumpliera seis meses, después de la paliza electoral sufrida el 4 de septiembre de 2022, planteó en nombre de los autoiluminados (a modo de excusa) que ellos se habían adelantado al pueblo. Ante el rechazo de la propuesta constitucional apadrinada por su sector, el mensaje contrito de Boric fue: “no puedes ir más rápido que la gente“. Para él fue darse cuenta que acababa de caer de la cama tras un sueño atormentado, de esos que sobrevienen tras una larga noche de juerga. Había llegado de modo rudo la hora del reflujo, ese que Tironi etiquetara de “resaca” y le sirviera de inspiración para apuntalar el tinglado de su relato laudatorio.
Pulsión de inocencia
En este se aquilata la figura de Boric “no como anomalía, no como accidente generacional, no como prolongación lineal del estallido”, “sino como figura de transición”. Por su parte, diversos adversarios han dicho que se está ante un fenómeno de desenfreno juvenil que se prolonga más allá de la adolescencia.
Algunos sostienen que hay algo más complejo e inexplicable en este proceso de inmadurez donde sigue primando el delirio poético y la improvisación. Entre conjetura y conjetura Tironi hace referencia a “la pulsión de inocencia”, para describir “un rasgo más profundo de la cultura política que encarna Boric”. ¿Es este un diagnóstico acertado? Quizá se trate de antecedentes de inconsciencia colectiva nociva en fase primaria.
















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